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Mami concilia, un poema dedicado a las madres que concilian

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Raúl David Pomares, Policía Nacional y uno de los autores del ebook #papiconcilia, que lanzaremos próximamente, nos ha enviado este poema, inspirado en #mamiconcilia y en su mujer.

MAMI CONCILIA Conciliar, toda una victoria

Derecho en tu pecho

latiendo a mamá

más horas que el sol.

 

Te inunda la alegría

desde que alumbraste a zanja abierta

tu proyecto mayor de ingeniería.

 

Invertiste en él todo tu ser,

y no ahorraste, ni te guardaste,

para ti, ni un solo de tus latidos.

 

Y ahora eres madre.

Madre del manantial

que da rienda suelta a la esperanza,

y donde, alborotados, confluyen

y reposan futuro y utopía.

 

Madre veinticuatro horas

que exiges de ti misma ser estrella.

Y hermosa. Y empresa. Y ejemplo.

 

Madre de los dividendos que exiges

de ti y con esmero,

en cada uno de tus ejercicios,

ser ganancia y balance

positivo, y locura arrolladora

en sábanas amantes,

y, que, tras repartir el botín, siempre

obtienes superávit en ternura.

 

….Y nunca es suficiente…

 

Jamás es suficiente.

Tanto esfuerzo. Tanta dedicación

desagradecida dentro y fuera del hogar.

 

Y, sin embargo, devoras las horas

a dentelladas y acortas el tiempo,

con el único fin

de estrujar su sonrisa incipiente.

De consolar su llanto incipiente.

De abrazar su alma incipiente y tan pura,

que acortarse la jornada no es pérdida,

sino toda una victoria;

y renunciar al ascenso del Ego,

siempre tan insaciable e insatisfecho,

no es pérdida,

sino toda una victoria;

y sufrir, incomprensión y desprecio,

por conciliar dos derechos,

por parte del colega o compañero,

no es pérdida,

sino toda una victoria.

 

…Y si tú eres hombre, quien lo sufre,

no será pérdida,

¡sino doble la victoria!

 

RDPB

 

La Guarda Legal

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Trabajo en un hipermercado de cajera, actualmente, antes, en otras secciones.

Tengo la guarda legal por hijos menores de 12 años, desde que nació mi tercera hija.

He tenido que luchar para poder tener un horario estable y no tener que estar continuamente llevando a mis niños de un lado para otro o buscando niñera para que se quede con ellos, o cargar a mi suegra.

En el trabajo hubo una temporada que era continuamente un acoso hacia mi persona: en 6 meses me cambiaron de puesto de trabajo tres veces, llegaron a hacer reuniones trampa para presionarme delante de mis compañeras, las cuales habían cedido ante la presión. Cada vez que me cambiaban de puesto tenía que cambiar el horario, para adaptarlo a la sección en la que me encontraba.

La última vez que me cambiaron me pusieron de cajera y en este momento fue cuando me tuve que poner en contacto con un abogado e informarme de lo que Yo podía hacer y de lo que me podía exigir la empresa.

En ese periodo tuve presiones por parte de la empresa pero también de las compañeras, que me hacían sentir mal porque quería tener un horario estable para estar con mis hijos.

Por este motivo fue ponerme cabezona y exigir lo que por ley me correspondía; aunque con miedo, pedí mi guarda legal y hasta tuve que amenazar con llamar al abogado si seguían con este acoso: tuve crisis de ansiedad y se me revolvía el estómago cada vez que entraba a trabajar, pensando en cómo me iba a ir el día y si alguien me iba a llamar para presionarme más.

Antes no lo he dicho pero necesitamos tener en casa un horario estable, y ese es el mío, porque mi marido, aunque por lo general trabaja siempre de mañanas, de vez en cuando tiene que salir de viaje y no sabe cuándo regresa o si tiene que quedarse a pasar la noche donde esté.

Si no fuera por mi horario muchas veces nos veríamos en situaciones complicadas para poder estar con los peques y ver con quién los podíamos dejar o recoger del cole.

Después de todo esto, presento lo que ahora es mi horario y el cual disfruto ya tres años sin presiones.

Al final de lo que se trata es poder conciliar el trabajo con la familia, que Yo no me sienta mal por creer que desatiendo a mi familia o me sienta culpable por no estar con ellos.

Mi horario actual es siempre de mañanas mientras dura el periodo escolar, así durante las actividades de la tarde, deberes y demás extra-escolares estamos con ellos.

Yo os diría que no tengáis miedo a pedir la guarda legal para conciliar la vida familiar con la laboral, informaros bien, porque no es lo mismo una empresa grande con muchos trabajadores que una pequeña; además las empresas también pueden restringir la cantidad de personas que tienen en guarda legal si es un perjuicio para el buen funcionamiento de la misma.

Espero que si alguna ha pasado por una situación similar o está pasando por ella en estos momentos le dé fuerzas para afrontar la situación.

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Ser madre no es ser perfecta – Billie Lou Sastre Montiel

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Billie Sastre

Billie Lou Sastre

Nacida en 1979, en México.

Social Media Consultant especializada en Atención al Cliente

2 hijos (2005 y 2007)

@billiesastre

Nací y crecí en México, con una madre guerrera que me enseñó el valor de la vida y sobre todo a salir adelante, no importa el obstáculo que se nos ponga delante. Mi madre nos crió sola, a veces con mucha fortuna y otras batallando para salir adelante, pero es cierto que a mi hermana y a mí nunca nos faltó nada. Y ahora somos dos mujeres independientes y estamos muy orgullosas de todo lo que nos ha enseñado nuestra madre, una gran mujer.

Cuando vine a vivir a España, que además lo hice por amor, nunca imaginé lo duro que sería. Mi primer año fue un proceso de difícil adaptación: un cambio de cultura, el hecho de estar lejos de mi familia y de mis amigos, y el hecho de tener que adaptarme por completo a la cultura catalana, me hacían querer volver cada día a mi país de origen. Pero el amor me impulsaba a seguir. En unos años vino la boda, y otro año después, mis preciosos hijos: Diego y Pablo.

En aquel momento trabajaba en Santiveri, como formadora en el Departamento Técnico. Tengo que decir que tuve la gran suerte de tener una jefa mujer, que entendía perfectamente lo que es ser madre.

Y aunque a mi hijo mayor lo tuve que dejar en la guardería a sus escasos 3 meses, hecho que me costó bastante, todo eran facilidades. Si se enfermaba podía trabajar algún día desde casa, y eso a mi jefa se lo agradeceré siempre.

Después de unos años pasé a trabajar a otra empresa que para mí ha sido el ejemplo a seguir en cuanto a conciliación laboral se refiere. MRW, en la época en la que yo tuve la suerte de conocerla, eran todo facilidades. Jornada laboral continua, horas para ir al médico, adaptabilidad y sobre todo comprensión por parte de los directivos. Así que cuando me tocó salir de esta empresa me fue imposible adaptarme a otras mentalidades y formas de trabajar. Lo intenté pero no me adapté.

Ahora trabajo como freelance, administro mi tiempo como quiero y paso más tiempo (que yo llamo de calidad) con mis hijos. En mi caso, estoy divorciada y tengo custodia compartida, así que me he tenido que acostumbrar a tenerlos unas semanas sí y otras no. Esto te da tiempo para poder invertirlo en ti y tiempo para saber que cuando estás con tus hijos lo inviertes en ellos. Les miras a los ojos, observas su sonrisa, sus gestos, contestas sus preguntas y te sientes completamente feliz y realizada por tener dos angelitos que te llenan y complementan tu vida.

Para mí hay momentos que yo llamo de calidad en los que disfruto al 100% de mis hijos: cuando jugamos juegos de mesa toda la tarde, cuando bailamos canciones y canciones, cuando hacemos los deberes juntos, cuando vamos al cine o a la playa. Ser madre no es ser perfecta, es simplemente estar presente en corazón, mente y espíritu cuando nuestros pequeños más nos necesitan. Entonces es cuando descubres que no hace falta que estés todo el tiempo, sólo con saber lo que está pasando en el momento presente sin juzgar, observarnos: nuestro cuerpo y nuestra mente, nuestras reacciones y saber reaccionar a lo que estamos sintiendo. Saber identificar lo que sienten nuestros peques y saber cómo les podemos ayudar. Eso es para mí ser una Súper Mamá.

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Estrenamos sección en la web: “Participantes de #papiconcilia”

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Cuando contamos ya con 22 testimonios de padres sobre conciliación para el ebook #papiconcilia, hemos lanzado una nueva sección en la web de #Mamiconcilia en la que podréis conocer a los participantes de #papiconcilia. Incluye una breve cita de su testimonio para ir abriendo boca, una foto y una ficha con su nombre, apellido, año de nacimiento, número de hijos y sus años de nacimientos, profesión, cargo y perfil de twitter (si tiene).

Las dos últimas semanas, hemos publicado avances en este blog con los nuevos testimonios que nos iban llegando. Esta semana no iba a ser menos. Empezaré por los de mi sector, comunicación, publicidad y marketing. Remi Rousselot es Socio fundador de la consultoría de Marketing de productos de gran consumo In&On. Su mujer trabaja en una prestigiosa casa de lujo. Viaja mucho y tiene una exitosa carrera: “Siempre nos hemos organizado para que uno de los dos esté en casa, con nuestros hijos. Creo que tenemos un pacto secreto y ninguno de los dos podemos/queremos derogar”.

Pablo Macías es director creativo y socio fundador de Cuatro Tuercas. Nos cuenta en #papiconcilia cómo decidieron crear su empresa en busca de una vida mejor, de poder conciliar lo laboral con lo personal, cuando todavía no tenían hijos. En 2007, “cansadxs de procesos absurdos, reuniones innecesarias, pérdidas de tiempo y demasiados jefes que opinan sobre tu trabajo y son capaces de cargárselo en 1 minuto por un criterio que ni comprendes ni compartes, decidimos montar nuestra propia empresa. Lo que en un principio era una miniempresa de diseño y publicidad, se convirtió en un proyecto vital. Una empresa donde nosotrxs dos proponemos, decidimos, opinamos. Donde no existen horarios, sino trabajo que se empieza y se termina. Donde a veces no existe oficina, sino portátiles, móviles y wifi”. Es una de esas historias que da envidia sana y que, como Pablo sugiere, está al alcance de todos. “Solo hay que aparcar el miedo y dar el paso”.

Contaremos en #papiconcilia con dos historias de parto múltiple, Jose María Ruiz Garrido, con mellizos, y Xavier Moraño, con trillizos, además del testimonio de Joaquim Montaner que, aunque no los tuvo a la vez, tiene seis hijos.

Hace unos años, José María no quería tener hijos y de repente tiene dos de golpe. Al ver los gastos multiplicados por dos, decidieron organizar sus jornadas laborales para poder hacerse cargo de sus hijos. Su mujer trabaja por la mañana y él por la tarde. Y lo que sí ha hecho es pedir una reducción de jornada: “Supone también un pellizco importante en mis ingresos, y cambios en mi situación laboral. Supone pelear con la empresa para conseguir el horario que más se acerque a tus necesidades, y en muchos casos marcarte como trabajador no comprometido, o algo peor. Y supone señalarte ante mucha gente, compañeros incluso. La pérdida de posición, peso y expectativas laborales tras una reducción de jornada, si es que hay posibilidad de acceder a ella, suele ser tremenda”.

Para Xavier Moraño y su mujer, la clave está en llevar la ayuda a casa y posibilitar el teletrabajo. Siente que ahora se organizan mejor y son mucho más productivos: “No es que la paternidad te dote de un talento especial, es que las circunstancias te dan una gran motivación y obligación a ejercitar tu cuerpo y tu mente más y mejor que antes”.

Para Joaquim Montaner la conciliación de la vida laboral y familiar es una ecuación sin resolver en la que la parte personal es la asignatura pendiente (aunque con seis hijos, no me extraña): “Las fórmulas que hemos encontrado de momento tienen que ver con sacrificios personales o con el uso de dinerito (o falta de, en forma de permisos sin retribución). Uso de horas de libre disposición, empleo de días de asuntos personales, disfrute de días de vacaciones intercalados a lo largo del año para poder atender enfermedades, visitas a pediatras o doctores, asistencia a centros escolares…”.

Por último, contaremos con el testimonio personal sobre conciliación (o “re-conciliación”) de Javier de Domingo, psicólogo y terapeuta, quien además colaborará con nosotros próximamente aportando sus opiniones como experto. Javier viaja a su infancia para revivir la ausencia de su padre en su crianza y la excesiva presencia de un colegio limitado en su vida: “Miraba a mi padre para entender sus decisiones… y con tristeza descubrí un ser infeliz, amargado y sobretodo muy enfadado. La vida no salió como él esperaba. Con casi 80 años sigue trabajando, viendo a diario pacientes de 08:00 a 22:00. Toda la vida así. Ganó dinero, mucho y me dio “cosas”… sí, “cosas”, muchas, brillantes y bonitas pero no las más importantes… su presencia, su guía, su confort, su apoyo…  su amor presencial”.

Estos son los testimonios que hemos recibido hasta la fecha. Son suficientes para montar el ebook. Sin embargo, no dejéis de enviarnos vuestros testimonios. Podemos incluir alguno más en el libro y el resto los publicaremos en la web.

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Ahora no hagáis ruidito que voy a grabar – Mamen Delgado

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Mamen Delgado

Mamen Delgado

Locutora de Publicidad, autónomo

Nacida en 1968

2 hijas (2004 y 2010)

@Mamen_locutora

Yo nunca quise tener hijos. Es curioso recordar esto ahora, cuando tengo dos preciosas criaturas de 10 y 4 años y pienso que no es que sean lo mejor de mi vida, ¡¡son lo único realmente importante!!

He trabajado de auxiliar de vuelo durante 21 años, y hace año y medio me fui de la compañía para dedicarme personalmente a mi pasión, mi familia, y profesionalmente a mi pasión también, las locuciones y el doblaje.

Me perdí muchas funciones de Navidad, visitas al otorrino, primeros pasos de la mayor, noches de Reyes, cumpleaños, risas y lágrimas. Mi vida era un “armonioso caos”, como me gustaba llamarlo. Mucho caos y toda la armonía que era capaz de condimentar. Y con 45 años tuve la oportunidad de vivir otra vida dentro de esta, y en ello estoy.

 

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Elegí ser feliz. Elegí ser madre – Joana Saldón

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La periodista Joana Saldón en la playa
La periodista Joana Saldón en la playa

Joana Saldón

@mamasviajeras

Nacida en 1977

2 hijos, de 2009 y 2012

Periodista y reportera de televisión de programas de viajes y actualidad (ETB, Antenta 3, TVE).
Actualmente editora de la revista de viajes para niños www.mamasviajeras.com

Soy periodista. Y esa profesión lleva implícita muchas cosas. La primera es que mi trabajo es absolutamente vocacional y durante muchos años darlo todo por mi carrera me hacía feliz. Viajar, contar historias, vivir la adrenalina de la televisión en directo: la gala de los Goya, el accidente de Spanair… siempre al filo de la noticia, corriendo, grabando…  la actualidad mandaba y a mí me parecía un lujo poder contarla.

Pero ser periodista también supone estar disponible. Siempre. Esa misma actualidad de la que disfrutas, rige tu vida. Mi teléfono sonaba: Córdoba se había inundado, mi ave salía en una hora…

Cuando nació mi primera hija mis prioridades dieron un volantazo. Ya no quería ponerme las botas de agua delante de la cámara en Córdoba y pasarme allí 4 días.

Recuerdo dos momentos clave que me hicieron darme cuenta de que esa no era la vida que yo quería como madre.

Una mañana a eso de las 8 mi directora me llamó: tienes un avión a Valencia en una hora… pero la persona que tenía que quedarse con mi hija estaba en un atasco…Recuerdo la tensión… la sensación de impotencia… la niña tenía 8 meses, mi familia vive fuera y yo no tenía a nadie de confianza con quien dejarla.

Me recuerdo a mí misma llorando, con la niña en brazos, dando vueltas por casa y pensando: ¿qué hago? Mi marido estaba de viaje, el avión estaba a mi nombre y salía ya… si lo perdía no había reportaje.. los cámaras estaban ya en la T4 esperándome…  Cogí un taxi y fui, contrareloj, hasta donde estaba la persona que tenía que cuidar a la niña, se la dejé y de la misma al aeropuerto… el corazón se me salía de nervios. Cogí el avión.

El segundo fue el día del primer cumpleaños de mi hija: pedí por favor salir pronto ese día. Mis suegros y mis cuñados venían a casa a celebrar el cumple. Pero ese día tocó directo de nieve a las 8 de la tarde a dos horas de Madrid. No había más reporteros. Me tocó. La fiesta de la niña se celebró sin mí.

Yo hice un divertido y profesional directo de nieve, enseñándole a Pilar estalactitas de hielo, con una amplia sonrisa… lo que nadie sabía es que minutos antes de encenderse mi cámara yo estaba llorando. Y lo seguí haciendo cuando la cámara se apagó…

Embarazada del segundo seguí así… viviendo deprisa, haciendo lo que había hecho los últimos 12 años. Correr, grabar, contar historias, cada día algo distinto, siempre apasionante e inesperado.

Pero embarazada de 8 meses el programa que yo hacía en TVE, España Directo, se terminó. Me quedé sin trabajo 10 días antes de dar a luz.

La vida eligió por mí y me frenó en seco. Y por primera vez en mi vida descubrí lo maravilloso que era vivir despacio. Disfrutar de los niños sin contar los minutos que te quedan para salir corriendo. Despertarme con ellos, pasear de su mano… Y decidí que esa era la vida que yo quería. Mi prioridad era ser madre. Vi la luz.

No tenía ni idea de redes sociales ni de marketing online. Pero soy una buscavidas. Y descubrí que en internet había un hueco. Así que me apunté a cursos, monté mi web de viajes con niños y me lancé de cabeza a la piscina sin saber si había agua o iba a darme un golpe contra el suelo.

Ha pasado un año y medio desde entonces y no se puede decir que aún la web me dé ingresos para vivir. Durante este tiempo he vuelto algunos meses a la tele y me han llamado para otros proyectos que he rechazado. Ahora tengo claro más que nunca que mi prioridad es poder llevar a mis hijos al médico si están enfermos o no perderme la función de fin de curso porque ha habido un robo con alunizaje.

Gano menos, sufro y lucho más. Emprender desgasta infinito. Pero soy dueña de mi vida. Y la verdad, cada vez que miro a mis dos hijos pienso que no cambiaría mi vida por la de nadie.

Echo mucho de menos la televisión, a mis compañeros y la satisfacciones que me daba mi trabajo. Pero en mi caso no había posibilidad de “conciliar”. Yo no pude elegir horarios ni jornadas. “O estás o no estás” me dijeron. Elegí ser feliz. Elegí ser madre. Y es la mejor decisión que he tomado en mi vida.

Nuevos testimonios para #papiconcilia

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Actualmente contamos con 16 testimonios sobre conciliación para el ebook #papiconcilia, que lanzaremos próximamente. A los de Héctor Martín, Javier Morales, Adrián Cordellat, David Lay, Omar González, David Blay y Eduardo Martínez, que os adelantábamos la semana pasada, se han sumado los testimonios de Carlos Fernández, Enric Bastardas, Félix Alenjo, Germán Montoro, Jorge Romero, José Carlos Gutiérrez, Pau Waelder, Pedro Paredes y Raúl David Pomares.

Carlos Fernández, SEO, nos explica cómo el hecho de que su empresa se mostrara comprensiva y flexible durante el embarazo de su mujer, hacía que él fuera más productivo y estuviera más comprometido con la empresa: “Todo avanzaba bien, con mis excesos nocturnos, pero con la mayor parte del tiempo gestionado como yo deseaba, disfrutando del embarazo, asistiendo a los cursos preparto (falté a un par de clases) y viendo cómo esa tripita iba creciendo y creciendo”. Pero la situación cambió al enfrentarse a un proyecto muy importante para la compañía, y ya con un hijo de menos de un año al que apetece disfrutar.

Germán Montoro, profesor universitario, y Enric Bastardas, formador en PNL, comunicación, gestión emocional, redes sociales…personal branding y community manager, reflexionan con sus testimonios sobre los prejuicios sociales a los que tienen que enfrentarse los padres y los años que tendrán que pasar para que esto cambie. “Todavía tenemos que demostrar que podemos limpiar las cacas de nuestros hijos…aunque si lo puedo evitar…lo evito”, comenta Enric.

José Carlos Gutiérrez, publicitario, socio y consejero delegado de una importante agencia de medios, es padre soltero. Acogió a un niño cuando ya tenía 12 años. “El principio fue absolutamente estresante. Vale que mi hijo asistía a un colegio cerca de casa lo que le mantenía ocupado una buena parte de la jornada, otra parte debía dedicarla a sus tareas, en las que yo no me involucraba, siguiendo los consejos de los técnicos, pero yo debía llegar a una hora “razonable” a casa y compartir con él juegos, descanso y cena”.

Por su parte, Félix Alenjo, creativo publicitario, nos cuenta cómo decidió cambiar de agencia para tener un trabajo menos exigente y así poder dedicar más tiempo a su familia e intentar emprender un proyecto personal, Nene León. “Yo me sentía un miserable y no un afortunado cada vez que tenía pagada cena y taxi por salir del trabajo de madrugada.”

Profesiones que a priori dificultan la conciliación son aquellas que someten al trabajador a turnos rotativos y guardias, como los policías y médicos. Contaremos con el testimonio de Jorge Romero, matrona, que nos contará cómo se organiza con su mujer, también matrona, para poder dedicar tiempo a sus hijos: “Nos ofrecemos a trabajar en jornada nocturna, cuando otros no quieren trabajar, dormimos menos horas porque trabajamos más en esa franja horaria y dormimos menos porque cuando uno llega de trabajar, el otro se va, dándonos el relevo de la niña en ocasiones en el recibidor de casa, en el coche, durante un minuto, un breve beso, un escueto parte de incidencias y adiós”.

Por su parte, Raúl David Pomares, policía nacional, nos cuenta cómo ha tenido que hacer muchas renuncias, o elecciones, tanto en el plano laboral como en el personal para llegar a su situación de equilibrio actual: “No nos engañemos. No existe la situación familiar idílica. Eso es una quimera. Ni tampoco un libro de instrucciones para que funcione la conciliación. Lo que sí puede encontrarse es un cierto equilibrio de malabarismo socioprofesional y personal. Una situación familiar idónea en que se deja uno de mirar el ombligo para mirar a los hijos y al otro”. Una opinión parecida tiene Pedro Paredes, informático: “Quiero sacar adelante mi empresa y dar trabajo a mis empleados, pero sigo sin perder de vista la esfera familiar y personal”.

Por último, a través de la web recibimos el testimonio de Pau Waelder, autónomo, crítico de arte, comisario y docente., quien nos cuenta cómo se organiza el día para separar la vida laboral de la familiar, ya que las dos tienen lugar en el mismo espacio: “Para quienes trabajamos en casa, los espacios se confunden y sólo pueden diferenciarse por medio de un consenso entre los que viven en la casa”.

Nos gustaría tener al menos 30 testimonios para publicar el ebook, así que todavía estáis a tiempo de enviar los vuestros. Los que no lleguen a tiempo, se publicarán en la web.

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La Agenda en Rojo – Rafael Caunedo

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Rafael Caunedo

48 años

Escritor

3 hijas: 13, 11 y 11

@Rafael_Caunedo

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Alguna vez mi mujer me ha enseñado su agenda del móvil. Marca en color rojo las horas del día en que tiene algo que hacer. No me refiero a la actividad propia de su trabajo, sino a alguna obligación que requiere día y hora exacta; reuniones, comidas, viajes… En cada recuadro rojo aparecen nombres y lugares, muchos de ellos no necesariamente en España. Con su dedo va pasando las semanas de la agenda hacia delante y, para mi sorpresa, todas están en rojo. ¿Y si estoy casado con una diva del bel canto y no lo sabía?

Ana tiene su vida programada en rojo; su trabajo se lo exige. Hay que tener una mente preparada para aguantar el ritmo que te impone la responsabilidad. Por eso, los que somos anárquicos e improvisadores, no llegamos a entenderlo. Tal vez sea ese el truco que hace que nuestra relación funcione.

Tenemos tres hijas. Dicho así, en frío, puede parecer algo muy normal, pero la verdad es que los hijos complican mucho la vida de una pareja si los dos quieren trabajar. De momento, hay que elegir entre: abuelos, cuidadora o que uno de los dos deje de trabajar. No seré yo quien dé consejos en esto, tan sólo incluiré una cuarta vía que a nosotros nos funciona.

Puesto que se trata de contar mi experiencia personal, debo anticipar antes de nada, que me considero afortunado. Yo no tengo color rojo en mi agenda, ni tampoco tengo anotados nombres de personas a las que conocer, ni lugares a los que viajar, de hecho ni siquiera tengo agenda. Tal vez por eso empecé hace años a escribir ficción y he terminado por convertirme en escritor. También es verdad que vivir de la literatura hoy en día es muy complicado, así que decidí adaptar mi vida a la situación profesional de Ana. Si hubiera pretendido ser abogado, por ejemplo (menos mal que ni siquiera llegué a ponerme la toga), la cosa se hubiera complicado mucho. Por eso, decidí encauzar mi vida y dirigirla hacia un objetivo: trabajar en casa. 

No sé estarme con las manos quietas, lo reconozco, y estar en casa podría dar pie a ello. No es el caso. Hoy en día disponemos de una herramienta que ha cambiado el mundo: Internet. Gracias a Internet puedo organizar mi tiempo sin tener color rojo en mi agenda. Escribo novelas, guiones, colaboro en distintos medios, coordino talleres de escritura creativa, hago informes de lectura, etc, etc… y todo con una silla, una mesa y un ordenador.

Es verdad que últimamente tengo más familiaridad con la dentista de mis hijas que con mis amigos de toda la vida. Ya entro en su consulta como quien está en su casa. Igual me pasa con el médico. Somos casi íntimos. Es así y lo asumo. Si una niña se pone mala y no puede ir al colegio, no tengo que pedir favores a nadie. Esa libertad me encanta. Disfruto de esa despreocupación por no tener que colocar a los hijos en cuanto surge algún inconveniente. No me importa ir a urgencias con ellas, y eso que sigue siendo habitual ver más a mamás que a papás. 

Ana, si quisiera, no encontraría un recuadro blanco improvisado entre tanto ‘rojo’. Yo, en cambio, ante un imprevisto, hago un hueco sabiendo que sólo se trata de posponer el trabajo una hora y hacerlo al volver.

Tiene cosas malas, lo sé, pero compensan.

He calculado los kilómetros que me hago mensualmente en los trayectos al colegio y a las actividades de las niñas. Cuando lo hice, pensé que era imposible. Redondeando vienen a ser mil doscientos. Cada vez que lo digo, me sigo asombrando. Claro que tener tres hijas y cada una con un gusto distinto, hace que hagan cosas diferentes. Los lunes y miércoles baloncesto, martes y jueves gimnasia rítmica, viernes pintura, piano, partidos… y encima oyendo en el coche la música que sólo a ellas les gusta. En fin.

Mucha gente dice que no podría trabajar en casa porque terminarían por volverse locos. Mi experiencia es que no debes pensar que trabajar en casa suponga renunciar a ser tú mismo. Ana es una enamorada de su trabajo, pero sé que alguna vez, en algún hotel lejano o en alguna reunión especialmente tediosa, se acuerda de sus hijas. Estoy convencido de que a veces le gustaría cambiarse por mí. Luego se le pasa y se vuelve a meter en su ajetreo. 

Le gusta lo que hace y lo disfruta. Yo, en cambio, me volvería loco si mi teléfono sonara tanto como el suyo. Es así. Parece tomarse con naturalidad el dedicar tanto tiempo a su trabajo. Por eso, cuando llegan los fines de semana, está deseando estar con las niñas. Y yo, la verdad, busco excusas para que se queden en casa y así salir a cenar a solas con ella.

La diferencia entre Ana y yo es que cuando elegimos película para ir al cine, yo pienso en nosotros y ella en las niñas. Y lo entiendo. Ser mujer directiva de lunes a viernes no significa que lo seas también los fines de semana. Por eso, es capaz de ver cualquier ‘cosa’ en el cine con tal de estar con sus hijas.

Nuestra experiencia no tiene por qué funcionar en otros. Lo nuestro se trata de formar un engranaje que marche bien aunque tenga imperfecciones. Nada es perfecto y quien diga que lo es, miente. Supongo que perfecto sería poder hacer todo sin tener que renunciar a nada. Eso es imposible. Ana quisiera estar en las tutorías del colegio y yo pagaría por no tener que ir a todas. Qué le vamos a hacer. 

Estoy casado con lo que llaman ‘mujer directiva’, pero supongo que cada uno lo afrontará de manera diferente. Todo depende de cómo sea cada persona. Para mí, trabajar en casa facilita mucho las cosas. En cualquier caso, tenemos medio pactado no hablar de trabajo durante la cena. No siempre lo cumplimos porque tampoco se trata de vivir totalmente despreocupados. Para Ana, la cena es sagrada. Cenamos los cinco juntos (más la perra a mi lado) y son las niñas las que llevan la voz cantante. Yo las dejo hablar a pesar de que cuentan de nuevo lo que ya me han contado a mí por la tarde, de manera que sufro un dejá-vu cada noche. Algún día lo pagaré en el psicólogo.

Podría escribir un libro sobre esto, pero mi aportación aquí se reduce a una somera descripción de lo que supone ser la pareja de una mujer directiva. Si de algo vale mi opinión, lo mejor es no pensar en trabajos ni cargos. Yo no me enamoré de una directiva; lo hice de Ana, simplemente. Y jamás me impresionó su agenda llena de rojo.