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La competición a temprana edad

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Los valores son un regalo para nuestros hijos. Escribo este artículo en forma de reflexión para que pensemos qué valores fomentamos con la competición a temprana edad y cómo nos comportamos los padres en estas competiciones.

Mi experiencia en el fútbol 

Mi hijo de seis años comenzó ahora hace dos a jugar al fútbol en un equipo de un club social al que pertenecemos que se vanagloria de fomentar en los jóvenes el deporte, el compañerismo y la vida sana.

Como sabréis nuestros hijos a estas edades se mueven más por donde van sus amigos y compañeros que por el deporte que practiquen en sí, así es factible que vuestros hijos ya hayan probado el fútbol el baloncesto, el patinaje, el tenis o la natación.

El mío empezó al fútbol por eso, porque varios compañeros de su clase se habían apuntado a un equipo y quería ir. Pues como siempre, pidiendo ayuda a los abuelos y sacrificando los fines de semana, lo apuntamos.

Los primeros días para él fueron toda una experiencia: los nervios de ir a entrenar, la primera convocatoria, el conocer a nuevos amigos y jugar con los que ya tenía, etc. Todo era nuevo y todo le gustaba.

El entrenador de estos dos años, la verdad, era una personal muy agradable y comprensiva, centrado en que aprendieran a jugar y disfrutasen, lo cual a mí me agradó bastante; no tanto a otros padres.

Este primer año eran todos pequeños y la verdad es que perdíamos todos los partidos de goleada, pero a ellos no les importaba: jugaban, estaban con sus amigos, hacían deporte. A mí me valía a pesar del sacrificio de tener que coger el coche a las nueve de la mañana e ir de un lado para otro.

El segundo año, la cosa cambió. Eran mayores, ganaban más partidos, se les exigía jugar mejor, se hacían menos cambios y todo pasó a ser un poco más serio, pero sin perder el carácter lúdico.

Reconozco ante todo que mi hijo no es bueno: aún no tiene coordinación y agilidad y eso se nota, pero intención y correr de un lado a otro, ser obediente y respetuoso, eso por descontado. Pasó el año y seguía ilusionado.

En este año, el tercero desde que empezó, volvió a apuntarse al fútbol, pero en el primer entrenamiento fue el único de su anterior equipo al que separaron y lo pusieron en otro. La excusa del coordinador es que aprendería más en otro grupo nuevo y así hacía nuevos amigos. Lógicamente mi hijo dejó el fútbol y no quiso volver a entrenar más, aunque sigue jugando en el patio del colegio, además de practicar otros deportes que se le dan muy bien como natación o kárate.

A estos niños que se quedaron desde el primer día les dijeron que les iban a exigir sacrificio porque querían que el equipo se quedara en primera categoría y que tendrían que trabajar muy duro.

En mi opinión no debería haber sido así. En estas edades considero que se deberían fomentar valores, hacer todo divertido, mejorar habilidades y desarrollar físicamente.

Por mi parte estoy encantado de que haya dejado este deporte. La única duda que me queda como padre es si esto le habrá afectado personalmente, la imposibilidad de jugar con sus amigos, que estos se sigan juntando los fines de semana a jugar partidos y posteriormente a jugar o a pasar el día, porque esto al final no es solo deporte: se magnifica y pasa a tener una dimensión social realmente insondable… Espero que no sea así y seguramente de mayor practicará otros deportes de equipo.

¿Es buena para los niños la competición?

Más que la competición en sí, lo que es bueno es el hecho de hacer deporte y participar en un equipo. Les ayuda a desarrollar aspectos esenciales para la vida y les enseña a afrontar los éxitos y fracasos que lleva aparejada. El participar en un deporte de equipo vuelve a los niños más extrovertidos, les enseña a socializar y compartir. Además es factible que formen amistades duraderas.

El practicar deporte les ayuda a desarrollarse, a ganar coordinación, fuerza y resistencia, pero sobre todo aprenden a divertirse haciendo algo saludable.

6 Valores que se deberían enseñar en los equipos a los niños

1.- Compañerismo. Da igual cómo jueguen, quién es peor o mejor. Todos son un equipo y como tal deben apoyarse los unos a los otros, animar cuando algo no sale y felicitar cuando algo sale bien.

2.- Deportividad. Que un niño celebre goles burlándose de sus rivales, que hagan trampas o que no sepan perder y se pillen una rabieta por ello son actitudes que deberían ser corregidas.

3.- Superación. Ir marcando pequeños hitos para cada uno de los jugadores y recompensarles cada vez que los obtienen, ayudarles a mejorar, física y mentalmente.

4.- Educación. Tratar a los árbitros, compañeros y entrenadores con respeto.

5.-  Respetar las normas. El respeto a las normas de los juegos y el usar esas normas a nuestro favor para poder ganar limpiamente.

6.- Competición. La competición en sí misma no es mala, (siempre y cuando respetemos los cinco puntos primeros). Nacemos con ella y desde pequeños tenemos el gusanillo.

Los valores que deberían aprender los padres en la competición

1.- Respeto. Los entrenadores intentan que todos jueguen y disfruten, lo hagan bien o mal. Los niños no entienden de 4-4-2 de 4-3-3, de presionar al rival o de entrar fuerte.

2.- Deportividad. He visto a padres presionando a sus hijos y pidiendo que fueran más duros. ES UN JUEGO.

3.- Educación. Los gritos y comentarios ponzoñosos están de más. Tus hijos vienen a divertirse, no a estar preocupados.

He visto a niños jugar acongojados y mirando todo el rato a su padre a ver si le reñía por no rematar bien o por haber perdido un balón.

A estos sitios vamos por nuestros hijos no por nosotros mismos.

No traslades tus frustraciones a tu hijo. Si no fuiste bueno en un deporte no presiones a tu hijo para que lo sea. Deja que disfrute.

Reflexiones finales

En conclusión y como reflexión me pregunto si estamos obligando a nuestros hijos a madurar demasiado rápido.

Y para los que tengáis otras experiencias en otros deportes: ¿Esto pasa sólo en el fútbol o en otros deportes? Yo en particular vengo del rugby y, hasta que los niños desarrollan bien, todo son juegos y ejercicios de destreza, coordinación y mejora física.

Espero no haberos aburrido y que comentéis vuestras experiencias

David Pintado
Padre de 2 hijos de 4 y 6 años
Autónomo
La Cesta Mágica @lacestamagica

Despido a un padre por pedir reducción de jornada

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Eduardo Martínez Flores

Nacido en 1969

Ordenanza, y delegado sindical y de prevención de riesgos laborales

3 hijos (1996, 2008 y 2010)

@cuestionapoder

Os escribo con motivo de la reciente y fulminante rescisión de contrato de autónomo que el pasado 11 de octubre de 2016 me comunicó la entidad Amformad a través de un burofax certificado y urgente.

Os cuento, el pasado mes de septiembre la Junta de Comunidades a través de la Consejería de Bienestar Social amplió el proyecto de Apoyo e Intervención en familias que tiene concedido la entidad Amformad en dos líneas: por un lado, la intervención en violencia filioparental, con la incorporación de dos profesionales, uno en psicología y otro en educación social. Y por otro lado, un programa de intervención en acoso y ciberacoso, con el apoyo de un profesional de la psicología. 

El pasado 12 de septiembre participé en los procesos de selección de la plaza de educación social en Albacete, en la cual fui seleccionado. De la entrevista, se desprendían varias cuestiones: el contrato de autónomo que debía asumir, los pagos de salarios ajustados a los pagos de la subvención que podría llevar varios meses de retraso y, por último, la flexibilidad de la jornada.

Los contratos comenzaron el pasado 23 de septiembre de forma precipitada, no disponíamos de local, el proyecto debía respetar los ritmos de presentación púbica del Plan Cuida (recientemente presentado por el presidente de la Junta, Emiliano García Page). En estos tiempos de comienzo, vamos ajustado modelo de contrato (autónomo normal o trade), teniendo reuniones de coordinación y presentación, y ajustando jornadas laborales desde la premisa de la flexibilidad planteada en la entrevista inicial.

Pongo en manos del Coordinador técnico en Castilla-La Mancha, Don Alberto Bravo, la información pertinente de mis condiciones personales. Ello le lleva a plantearme la disyuntiva de que elija entre jornada completa y me busque la vida en la conciliación, “es un problema mío”, dice. O acepte una media jornada, nos damos dos días para que le conteste en esos términos. Yo le planteo que explore las posibilidades que reconoce el Estatuto del Autónomo en su artículo 14 de la Ley 20/2007, y la propia ley de Igualdad que reconoce distintas opciones de flexibilidad de jornada así como de reducción de la misma en un abanico de un octavo hasta un medio de reducción de la misma. Mi propuesta al Coordinador es concretar la reducción de la jornada en un quinto: me permite estar los tiempos que necesito con mis hijxs, dos tardes: martes y jueves; y me supone una menor merma de salario que si acepto la media jornada.

La respuesta de la presidenta, Doña Milagros Figueras, es clara, sin diálogo, pese a las varias llamadas por mi parte a la sede de Madrid, dejando recado expreso durante una semana, en un estilo autoritario.

No deja de ser contradictorio que una entidad que aborda contenidos fundamentales para la cohesión y la resolución pacífica de los conflictos en el ambiente de las familias, con una cantidad de profesionales que hacen una labor encomiable, no se sientan respaldados con una política transparente y clara sobre conciliación, y tengamos que seguir soportando, en estos tiempos donde la conciencia social sobre la conciliación es una cuestión de primer orden, las actitudes de un coordinador y una presidenta más propias de otras épocas.

Quiero denunciar públicamente esta situación como testimonio y también para que la Junta de Comunidades camine hacia la firma de convenio en la prestación de servicios con entidades que cuiden las condiciones laborales de sus “trabajadorxs”.

Pedir la reducción de jornada siendo hombre: un salto al vacío

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Directivo 

37 años 

2 hijas (1 y 3 años) 

Un salto al vacío

Ayer, ayer empezó probablemente un giro en mi vida.  

Ayer comuniqué a mi empresa mi decisión de acogerme a la reducción de jornada. Una de las primeras cosas que escuché fue que la empresa tenía depositada mucha confianza en mí y que esto sabría que acarrearía que saliese de esta “lista de talentos”. Sabía que sería así, y yo mismo hubiese pensado así de estar al otro lado de la mesa, al menos hasta hace algún tiempo.  

Mi pareja y yo tenemos dos preciosas niñas, las tres son lo mejor de mi vida. Estudié en primer lugar la extinta Diplomatura en Ciencias Empresariales y posteriormente la Licenciatura en Investigación y Técnicas de Mercado en la universidad de Córdoba, lugar donde residen mis padres y hermana. Comencé a trabajar durante mis años de universidad simultaneándolo con mis estudios disfrutando mucho de ambas situaciones. En el trabajo valoraban mucho mi aportación y nuevas ideas con las que llegaba, y en la universidad los contenidos, especialmente de la Licenciatura, me gustaban tanto que mi percepción era que lo hacía sin esfuerzo, aunque sí que con mucha dedicación. Trabajaba de 9 a 14 de lunes a sábado, y de 16 a 21 tenía las clases. El fin de semana lo dejaba para poner en orden los apuntes y hacer deporte principalmente. En el último año de carrera la multinacional de productos de consumo Procter & Gamble inició un proceso de selección en nuestra universidad. Era el sueño de cada alumno de la facultad, y me presenté a las pruebas de selección. Recuerdo el día que publicaron en el tablón el nombre de las 3 personas que habían pasado las distintas pruebas, y fueron mis compañeros los que me dijeron que mi nombre estaba en la lista. En aquel momento me sentí muy afortunado, era como el chaval que lleva toda la vida jugando a fútbol en su equipo de barrio y de repente un día tiene la oportunidad de hacer las pruebas con un equipo de primera división, y no solo eso, le dicen que pasará a jugar con Cristiano Ronaldo o Messi en uno de los mejores equipos del mundo. Era la primera vez que salía fuera de casa.  

Desgraciadamente, tras el fallecimiento de mi abuelo, y sobre todo, una enfermedad de mi padre me sentí más que en la obligación, con la necesidad, de volver a Córdoba. Antes de salir de Procter & Gamble (siempre me quedará la nostalgia de no haber podido desarrollar allí mi carrera) ya había encontrado trabajo en Córdoba, en la oficina de empresas del Corte Inglés, sabía que era algo temporal, y a pesar de ello estuve allí unos buenos meses.  

Al poco tiempo comencé a trabajar en la que hoy es mi empresa (obviaré algunos procesos de fusión y cambios en denominaciones sociales para no aburrir). Tras dos años donde aprendí mucho teniendo la oportunidad de trabajar con gente de distintos países, me di cuenta de que, si quería avanzar más en el mundo de la empresa, o en lo que en mi cabeza era el mundo de la empresa, tenía que mejorar mi inglés, por lo que junto con mi pareja nos fuimos a vivir a Inglaterra, concretamente a un pueblo a unos 50 km de Londres. A pesar de los temerosos vaticinios de mi familia, que pensaba que me había vuelto loco por dejar un trabajo así e irme a la “aventura”, la vida me lo puso muy fácil. A petición de mi empresa, tuve la oportunidad de teletrabajar desde mi ubicación en Inglaterra. No era del todo sencillo allá por 2006 tener una conexión de internet, especialmente cuando todavía no tenías cuenta del banco abierta, un número de afiliación a la Seguridad Social de allí, ni una dirección permanente, pero de alguna u otra forma conseguí que esas dificultades, o retos, pasasen desapercibidos para mi empresa.

Un día mi pareja, hojeando el periódico vio que venía una oferta de trabajo para mí en una empresa para la región de España. Escribí, al día siguiente me llamaron de una agencia de trabajo, quedamos al siguiente para hacer la entrevista en la agencia donde me dijeron que la empresa era otra multinacional similar a Procter&Gamble y era SCJohnson. Al día siguiente tuve la entrevista en la empresa, con gente que hablaba en castellano Tras dos años en UK recibí una oferta de otra multinacional, Cargill, para volver a España, concretamente a Barcelona; tras varios meses allí, recibí otra oferta para volver a mi empresa de la actualidad como directivo. Durante estos años he disfrutado trabajando, afrontando los retos que se nos han ido planteando de la mejor manera que hemos sabido, con un equipo unido y responsable y en un clima de trabajo a mi juicio óptimo. Los resultados y nuestros incrementos de facturación son solamente el resultado de la atmósfera de la que hemos disfrutado. Un nuevo manager se incorporó y la situación ha cambiado. 

Regresemos a mi faceta personal, en 2013 nació mi “niña grande”, como le gusta que le llame. A Los 9 meses, justo un día antes del día del padre, tuvo un episodio de síncopes que hicieron despertar en mí un sentimiento distinto de responsabilidad. Afortunadamente y tras un tratamiento no se han vuelto a repetir. Hasta ese momento el trabajo y la responsabilidad que ello conlleva, con su parte de gestión de personas, el mejorar como empresa en el mercado, la obtención de resultados, superación de retos había sido en mí siempre una de mis principales satisfacciones como persona, pero el episodio de mi hija hizo click en mi interior.

A finales de 2014 nació nuestra segunda hija, que está a punto de cumplir dos años. A pesar de que trato de estar con ellas el mayor tiempo posible, por reuniones y viajes con clientes me he perdido el primer cumpleaños de cada una, y he de decir que desde mi empresa me han dado siempre muchas facilidades para gestionar el horario con libertad.  

En estos últimos dos años y a raíz de la formación que está recibiendo mi pareja sobre educaciones alternativas, Montessori, Reggio Emilia, Waldorf, etc, he tenido la oportunidad de estar más en contacto con ellas. Muchas de las prácticas que ella necesita para completar sus estudios son con niños y nosotros ya las teníamos en casa por lo que todo resulta más fácil y divertido, a veces estresante, pero siempre bonito.

Pedir la reducción de jornada siendo hombre

Todas estas cosas que a raíz de los estudios de mi pareja he ido aprendiendo, viendo y sintiendo, casi sin querer, unido al deterioro de esa sensación tan buena que tenía en mi trabajo, me han hecho tomar la decisión de solicitar a mi empresa la jornada reducida. Sé que no es lo habitual, que mucha gente no lo entenderá y que existe la posibilidad de que haya costes que profesionalmente tenga que asumir, pero estoy convencido de ello. Con esta reducción tendré la oportunidad de estar más tiempo con mis hijas al tiempo que liberar un poco a mi pareja permitiéndole desarrollar su proyecto con más intensidad. Las últimas semanas hasta llegar hasta el día de ayer que tomé la decisión y la comuniqué no fueron fáciles, de hecho, ayer fue un día muy difícil para mí, para mí supone un salto al vacío. Hoy es el principio de una nueva etapa en mi vida, etapa en la que mi carrera, tantas veces perseguida en el pasado, pase a un segundo lugar. Me siento en la necesidad de estar más con mi familia, descubriendo nuevas cosas que me llenen junto a ellas, todo sin dejar de lado mi responsabilidad como profesional, aunque sea con responsabilidades diferentes. 

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Que me lo digan a mí que soy… – Leticia Gómez de Francisco

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Leticia Gómez de Francisco

Nacida en 1986

Madre 24horas en casa

Diseñadora de Interiores especializada en Elementos de Jardín

2 hijas (2013 y 2015)

@Leti_Lean

www.eldiariodeletticia.wordpress.com

Que me lo digan a mí que soy_____

Esa es la típica frase que suelo escuchar cada vez que trato el tema de la conciliación con alguien fuera de mi círculo más cercano, ya que cuando planteo los problemas de la NO conciliación desde diferentes puntos de vista, cuando toco el que le afecta a la persona con la que estoy intercambiando visiones/opiniones me suelen decir esa frase “que me lo digan a mi que soy___”.

Lo que no saben en muchos de los casos es que muchas veces hablo desde la experiencia de haber vivido desde diferentes puntos mi NO conciliación y de ahí mi posible cercanía para tratar el tema con diferentes perfiles de personas según sus experiencias en torno al tema.

Una de las cosas que en ocasiones me indigna es que se tiende a plantear los problemas de la conciliación como algo exclusivo de las madres y no es únicamente así aunque, tras mi experiencia, si ser hombre es duro de cara a la conciliación, ser mujer lo es peor, si ser mujer es duro de cara a la conciliación, para una mujer y madre lo es aún peor.

Y ahora, tras esta introducción paso a contaros un poco mi historia desde antes de ser madre para que podáis valorar lo que os decía.

He sido parada de larga duración tras el cierre de la empresa en la que en ese momento estaba trabajando cuando no llegaba a los 25 años de edad, por lo que opté por seguir formándome mientras cruzaba los dedos para obtener un trabajo en condiciones, ya que no percibía nada de dinero. En mi último curso de los estudios que en ese momento estaba realizando empecé a compaginar formación, prácticas y trabajo. Un trabajo precario en el que no llegaba a ser ni con contrato de “obra y servicio”, eran las llamadas “colaboraciones”, en las que realizaba los 3D de diferentes estudios en torno a la eficiencia enérgica para una reconocida Universidad dentro del país, y eso dando gracias por haber sido la alumna recomendada dentro de mi escuela.

Me quedo embarazada, mi compañero se queda en el paro por el ERE que sufre su empresa, cogemos nuestros ahorros y nos mudamos a Asturias para intentar ganarnos la vida, o al menos, poder vivir más tiempo con el dinero del que disponíamos por el momento, ya que únicamente era el paro de él y allí la vida es más asequible, ya que yo al comunicar que estaba embarazada y que me mudaba (a pesar de que yo hacía teletrabajo) dejé de interesarles, y me vi sin nada literalmente hablando en tema laboral y/o económico.

Decido “emprender” (me hace gracia el término y por eso lo pongo entre comillas), y monto mi “empresa” de Social Media, vamos, me pongo como autónoma para intentar ganarme la vida realizando trabajos en los que me había estado formando tras haber tenido a mi primera hija.

Las cosas no van del todo mal, por lo que seguimos viviendo en la aldea de Asturias a la que nos mudamos y tenemos a nuestra segunda hija, pero a mi compañero cada vez le queda menos tiempo de paro, y sigue sin encontrar nada con unos mínimos (contrato, horario más o menos legal…), por lo que la angustia del mañana cada vez hace más mella en nuestro día a día y decidimos ponernos los dos de forma activa en la búsqueda de trabajo tipo emplead@.

Me sale una entrevista de trabajo en Madrid y me cogen para el puesto que tenían vacante, por lo que paso de ser parada, a precaria, a autónoma para ser en esta ocasión empleada. Y de nuevo, mudanza.

Mi hija mayor ya tenía más de dos años y la pequeña a punto de cumplir los ocho meses (el doble de lo que la mayoría de bebés pasan a día de hoy con su madre, y ya no os cuento con su padre…) y hasta ese momento, las dos se habían estado criando en casa con papá y mamá.

Yo como empleada no cobraba muchísimo, pero al menos podríamos contar con unos ingresos fijos, eso sí, renunciando al día a día de mis hijas ya que era llegar a casa, bañarlas, cenar y dormir, así de seguido, sin posibles pausas entremedias y deseando que llegara el fin de semana para poder disfrutar de ellas como lo había estado haciendo hasta el momento, las 24 horas.

Mi compañero sigue con su búsqueda activa de trabajo y le sale en Barcelona y, cómo no, al ser hombre, cobra más que yo, y por tanto, optamos por renunciar al mío por números, y porque él ya llevaba mucho tiempo sin cotizar, y al final todas esas cosas también pasan factura de cara a la futura jubilación

Por lo que en unos cuatro años, he vivido en tres Comunidades Autónomas diferentes, y ahora me encuentro como madre en casa las 24h teniendo a mi pareja trabajando unas 10h y por tanto fuera del hogar unas 14h, por esa tan adorable conciliación que tenemos en la actualidad (leer con tono irónico)

Así que para terminar, sí, que me lo digan a mí….. 

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Lo mejor para nuestros hijos – Sara Ribot

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lo mejor para nuestros hijos

Nos han enfrentado toda la vida teniendo que competir en todo. ¿Y para qué? ¿Cuál era el premio? La Aprobación. Pero gracias al despertar consciente que están experimentando muchas familias, este paradigma está cambiando a paso lento pero firme.

De igual modo, siempre se han plasmado nuestros fantasmas del pasado y hemos reflejado nuestros propios fracasos en ellos, mientras los convertíamos en expectativas disfrazadas de un yo sólo quiero lo mejor para ti en nuestros hijos. No dejan de ser sombras creadas por la educación tradicional que proviene de generaciones pasadas. Todavía hoy existen, pero cada vez se visualizan menos, entre otras cosas, porque se está creando una conciencia real al respecto.

Pero aún hay mucho que hacer.

Poco a poco conseguiremos desprendernos de aquellas malas prácticas para evolucionar, dar un paso adelante, y conseguir un equilibrio que beneficie a todos los miembros familiares sin dejar a ninguno desatendido.

Pero aquí empiezan los problemas…

Debemos cambiar el sistema laboral antes de poder cambiar el sistema educativo. Pues ambos van ligados a la hora de querer lograr compaginar una crianza más atenta, cercana, consciente y respetuosa. No digo que ahora no podamos hacerlo sino que, en estas condiciones, es mucho más difícil.

En España tenemos unos horarios muy cafres, sobre todo en las zonas de mayor turismo, porque los horarios son extravagantes e interminables. Nos fuerzan a tener que dejar a nuestros hijos al cuidado de terceros por no poder compaginar nuestra vida familiar con la laboral, lo que hace que muchas personas se replanteen su vida antes de formar una familia, porque muchos papás y muchas mamás no quieren renunciar a su ma/paternidad.

Lo normal cuando decidimos ser madres es querer disfrutar de esta nueva etapa, sin separaciones tempranas, sin más estrés externo, ya que es importante crear un buen vínculo afectivo familiar desde el principio. Por eso, seguiré luchando por una Conciliación Real y Digna. Por eso, seguiré luchando por cambiar este paradigma social tan mellado. Por eso, seguiré luchando por evitar que nuestros hijos tengan que pasar por tantas dificultades, y en su lugar, puedan disfrutar de su familia y el viaje tan emocional que supone la crianza.

Sara Ribot @sara_ribot
Madre emprendedora. Escritora, blogger, comunicadora.
Autora de Otro Mundo Es Posible mediante la crianza con apego y
La Maternidad Al Descubierto.

Vas a estar todo el día embarcada – Susana Calleja

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testimonio susana calleja

testimonio susana calleja

Susana Calleja

Nacida en 1971

Administrativa//Social Media

@susanacalleja1

Vas a estar todo el día embarcada

Soy la tercera de ocho hermanos. Quiero aclarar que no somos del OPUS.

Una familia donde mi padre era Practicante de una empresa textil y mi madre encargada.

Se casan al poco tiempo de conocerse, como dice mi madre “en tres meses novio y marido”. Con la década de los sesenta terminando, llega la primera hija.

Mi padre, un hombre viudo con 17 años más que mi madre, decide que a ella “no le pega estar trabajando puesto que él tiene un status social y un buen sueldo”.

Así que, como decía mi padre a mi madre, “hazte a la idea que estás en la Marina, vas a estar todo el día embarcada”.

Y así fue: en 13 años que estuvo mi madre casada, puesto que mi padre murió, tuvo ocho hijos.

Ella dejó su carrera profesional y social por dedicarse a cuidar a sus hijos. Cuando enviudó con más ahínco hizo de padre y madre, siempre pendiente de los hijos, haciendo de chofer, de contable, de cocinera…

Teníamos nuestro día especial y era cuando íbamos a primero de mes a comprar al PRYCA y como recompensa al Mcdonalds.

Ahora, mi madre con 73 años echa la vista atrás y, viendo cómo las madres de hoy en día tienen que criar y cuidar a sus hijos, se pone de ejemplo.

Yo le recrimino que en estos tiempos ella no hubiera podido dejar de trabajar. Entonces me contesta que no se arrepiente de la decisión que tomó: “porque el tiempo que se pasa con los hijos no es tiempo perdido”.

Lee otro testimonio de Susana Calleja

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La luz del emprendimiento y la creatividad – Testimonio

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Lee Lima

Nacida en 1979

Blogger e Ingeniera en informática

2 hijos (2011y 2013)

@babytribu

babytribu.com

La luz del emprendimiento y la creatividad

Mi testimonio concilia lo hago en referencia al momento del nacimiento de mi segunda hija (ahora año y medio). Cuando ella nació tenía muy claro que no quería hacer lo mismo que cuando nació mi primera hija, que tuve que dejarla en la guardería a las 4 meses y medio. Por lo que con Lunita hice lo imposible para mantener mi horario reducido en la empresa donde trabajaba desde hacía más de 6 años, esos eran los planes, pero con la mala suerte que mi empresa quebró y no pude ni si quiera reincorporarme tras la baja de maternidad.

Pensando y pensando cómo hacer, decidí cobrar lo que tenía de paro y dedicar parte del tiempo a valorar cómo poder vivir de mi web Babytribu, que algún ingreso extra me generó en su momento pero no para vivir claro está. En el momento del quiebre de mi antigua empresa, traté de darle la vuelta en positivo replanteándome objetivos. El primer objetivo ya estaba cumplido, quedarme con Lunita forever and ever durante su primer año, tan pequeña y con su mamá como yo quería, además tendría la suerte de poder recoger a Mar (mi hija mayor) al salir de su colegio y me parecía fundamental poder tener la tarde para las dos.

Claro que Lunita fue creciendo y cada vez era más difícil llevar la web y cuidarla a la vez, porque empezaba a demandar mucha atención, por lo que compatibilizar mi nuevo ‘laburo’ con el cuidado de mi bebé tampoco era una historia de rosas.

Ya cumplido mi bebé su primer año, llegó el momento de llevarla a la guardería, me parecía que ya estaba preparada, una bebé que camina, se sienta, juega, se ríe, se comunica y sobre todo que empezaba a tener cierta independencia, a mi parecer es más adecuado llevarla a una guarde al año que con 4 meses tan pequeña, que lo que necesita es tener el calor y afecto de su mamá.

Ahora mi web sigue creciendo y, si estoy empezando a cumplir mi sueño, no es fácil: trabajo una parte por la mañana (mientras están en la guarde y el cole) y luego continúo por la noche después de que se duermen, quedándome muchas veces hasta la 1 de la madrugada, preparando contenidos y respondiendo correos. Cuando trabajas en casa no sabes cuándo empieza y cuándo acaba la jornada. Pero aunque puede parecer duro, tengo la satisfacción de poder quedarme con mis hijas cuando están enfermas… me encanta poder quedarme con ellas algún día que amanecen pachuchas y cuidarlas mucho, sin tener que ver cómo hago con un jefe o responsabilidades en otra empresa.

Mi reproche para mí misma y para el sistema en el que vivimos, es haberme permitido que ‘mi mayor’ estuviera sin mí desde tan pequeña, no es posible, como un sistema supuestamente avanzado permite eso, más que permitir, lo obliga prácticamente. Me pregunto si el/la que impuso la duración de la baja por maternidad de 16 semanas no tenía hijos pequeños, la verdad, me indigna un poco, saber que hay tantas madres como yo con la ansiedad y tristeza al pensar en la llegada de ese momento de separación de sus pequeños bebés.

Hoy me siento orgullosa de que por detrás de todo esto se me pudo encender la luz de emprendimiento y creatividad, para ganar dinero… nooooo, para poder tener más tiempo y cuidar de mis hijas.

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Conectada al sacaleches

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conectada al sacaleches

conectada al sacaleches

Yolanda Velaz

Nacida en 1981

@Nadiecomomama

1 hija (2012)

DUE Especialista en Pediatría y Enfermería del Trabajo y Personal Shopper

Conectada al sacaleches

Yo también soy una #mamiconcilia

Mi marido dice que algo cambió aquel día en el paritorio…Yo dormía mucho y él dormía bastante menos; ahora los roles han cambiado.

Yo creo que cambiaron muchas cosas. Las prioridades de nuestra vida y, como dice una gran amiga mía, “A partir de ese momento tu vida será diferente, es maravilloso pero por una cosa o por otra siempre tendrás una preocupación”.

La verdad que tuve un parto largo y, como colofón final al pastel, un expulsivo de traca ya que mi hija decidió nacer en posterior. Debo decir que no tengo mal recuerdo, bendita hormona…Todavía me acuerdo en la primera revisión del ginecólogo cuando me preguntaron “¿Qué tal fue el parto?”. Sin pensarlo contesté: “Bien”, a lo que mi marido dijo: “¿Qué fue bien?”. La ginecóloga se echó a reír: evidentemente no éramos la primera pareja que se encontraba en esa situación.

Debo ser honesta y decir que he disfrutado de cada momento de la maternidad, no tengo malos recuerdos, salvo del segundo día tras dar a luz. Creo que ni me acuerdo por qué discutí con mi marido y me eché a llorar (ya me habían avisado que pasaría justo ese mismo día…). Disfruté de la lactancia, de la baja maternal, viajé mucho y se me pasó el tiempo volando. Cuando me di cuenta estaba volviendo a trabajar. Me acuerdo que mi compañera de trabajo volvía encantada de las bajas maternales, pero a mí no me pasó eso, quizás porque era Agosto y eso tampoco ayudaba mucho.

La conciliación fue otro cantar…Volví a trabajar a jornada completa. Mi marido no podía ayudarme, sobre todo porque Murphy no falla y el día que lo necesitaba estaba de viaje…Pero como dice mi madre “Dios aprieta pero no ahoga” y gracias a mi hermano y mi cuñada la conciliación fue más llevadera, ya que tuvieron la brillante idea de que compartiésemos a la maravillosa “Edith” , de tal forma que yo dejaba a mi pequeña en casa de mi hermano cuando iba a trabajar y la recogía cuando salía; de esa forma se solucionaba el primer problema: me podía ir tranquila a trabajar aunque mi niña estuviese enferma, ya que ella había cuidado al resto de los cachorros de esta familia con lo que ya era “madre” de familia numerosa…

Recuerdo perfectamente los pinchazos inaguantables en el pecho cuando ya no entraba ni una gota de leche más y, mientras acababa un informe en el ordenador de mi despacho, me conectaba el sacaleches…Todavía recuerdo la cara de susto de mi compañero cuando se le ocurrió abrir la puerta sin llamar asustado por el ruido tan “armónico” de mi Medela mini y me vio llenando recipientes de leche… ¡Casi le da un infarto!

Debo decir ahora que no me oye nadie que creo que todos los hijos de mis compañeras y la mía incluida han probado las camillas tan estupendas que tenemos en las consultas, cuando te han llamado de la guardería que vayas a por la niña y no tienes a nadie que vaya a por ella…seguro que conoces esa sensación de angustia. En fin gajes del oficio de una madre trabajadora. Como siempre digo, conciliar se puede pero fácil, lo que se dice fácil, no ha resultado siempre.

Como alguna vez he dicho, para mí las verdaderas heroínas son las mamás que son capaces de dejar absolutamente todo unos años por cuidar a sus hijos. Yo siempre digo que tengo claro que soy yo quien quiero cuidar a mis niños pero es verdad que yo disfruto de mi trabajo y de mis proyectos y me ayuda a desconectar si mi hija ha tenido un día de estos que mejor no te lo explico, que seguro que ya lo has vivido…Mi madre dejó su trabajo por cuidarnos y no volvió a trabajar hasta que fuimos adolescentes. Gracias, mil gracias por eso madre, te lo digo todos los días, porque te disfruté mucho. Yo no he sido capaz; creo que necesito mi parcela de evolución personal para sentirme plenamente realizada y poder ser feliz. Creo que eso es lo verdaderamente importante y ese es el significado mágico de la palabra “conciliar”: poder encontrar el equilibrio para disfrutar en la proporción adecuada de cada parcela de tu vida para ser 100% feliz, sin olvidar que ser madre es un regalo.

Enhorabuena a todas las #mamiconcilia.

Yolanda ha publicado el libro “Guía para Supermadres

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Vete que ya me quedo yo al cargo – Susana Calleja

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Susana Calleja

Nacida en 1971

Administrativa//Social Media

@susanacalleja1

Vete que ya me quedo yo al cargo

Os debo un post.  Me comprometí después de asistir en Granada al Talk About Twitter.

Allí fue donde conocí vuestro caso y vuestro proyecto

Me sentí muy identificada cuando Usúe Madinaveitia, una de las invitadas al Talk About Twitter, contó cómo nació la plataforma #mamiconcilia. Comenzó contando su experiencia personal, cómo se había reciclado y reinventado y cómo surgió un proyecto que ayuda a muchas personas y se ha convertido en un referente

Me sentí en muchos casos identificada con ella y me gustaría que conocierais mi caso.

Yo también trabajaba en un medio de comunicación, en el departamento de publicidad. Durante una década tenía mi vida resuelta, estaba en mi zona de confort y nunca pensé que me iba a tocar a mí.

“Sí, el sector está muy mal, pero publicidad que es lo que mueve la empresa no lo van a tocar”.

Pero me tocó, se llevaron el departamento a otra cabecera que gestionaba la zona del Levante. Después de recapacitar y replantearme qué hacer, esto con 41 años, en el año 2013 decido reciclarme en el sector de las nuevas tecnologías y monto mi plataforma online, Encuentros Tech.

Es por eso que me siento muy identificada con Usúe porque yo también me reciclé, me reinventé y me alegré de que un 1 de marzo de 2013 la edición papel hiciera un ERE y contaran conmigo para que abandonara la casa.

Tengo que decir que yo no soy madre, pero sí que he vivido el problema de la conciliación en mi entorno de trabajo y familiar.

Decir que el problema de la conciliación familiar no ha venido con la crisis. Esto viene de años atrás. ¿Qué como lo hacían las madres y padres de entonces? Pues la verdad es que no me lo explico. Pero han tenido mucho mérito.

Digo que he vivido el problema de la conciliación en el trabajo porque os cuento.

Como he dicho anteriormente yo he trabajado durante muchos años en un medio de comunicación, en el departamento de publicidad.

Un medio que nació con un equipo de profesionales muy jóvenes, muchos de ellos recién terminados la carrera tuvieron en este grupo editorial su primer trabajo.

Por lo cual he vivido, cuando se han  comprado su primera casa, se han independizado, se han casado, han tenido niños y, en algún que otro caso, se han separado.

Yo, la soltera del departamento, era siempre la que sacrificaba las vacaciones por los meses lectivos, claro está.

Ni  se me pasaba por la cabeza coger vacaciones en Semana Santa, ni Semana Blanca ni en Navidades.

Esas fechas estaban reservadas a las madres de la empresa que tenía que coincidir con las vacaciones de sus hijos, ya que no tenían con quien dejar a los niños cuando estos no tenían colegios.

He sufrido, vivido y padecido, como si fueran mis propios hijos, la caída en el colegio donde se ha roto una pierna, “no te preocupes vete que ya me quedo al cargo”, las noches de fiebre, las alergias, las malas notas y, por qué no decirlo, la poca intimidad con su pareja a causa de los niños.

Por eso digo que esto viene de largo.

Y que la conciliación laboral la sufrimos todos y todas.

Y digo yo, ¿por qué no dejan la jornada intensiva como hacen en verano en muchas empresas? Que si hubiera unos horarios razonables esos niños podrían estar atendidos cuando salieran del colegio, esos padres disfrutarían más de sus hijos y el trabajo sale adelante como cuando en verano se trabaja de 8:00 a 15:00.

Yo, que como he dicho no soy madre, llevo reivindicando en mi entorno que con estos horarios tenemos muy difícil el poder plantearnos la maternidad y, cuando te vienes a dar cuenta, el tiempo ha pasado y ya no hay remedio.

Yo soy la tercera de ocho hermanos. En mi casa hay hermanos funcionarios, autónomos, por cuenta ajena y en ocasiones los ha habido parados.

En los que son padres, veo la diferencia entre unos y otros. Los funcionarios pueden disfrutar de las tardes para llevar ellos mismos a sus hijos al conservatorio, al deporte y a los cumpleaños de amiguitos.

Los autónomos tienen que tirar de tíos, abuelos o vecinos para que puedan recoger a los niños en un momento dado porque se les ha prolongado una reunión o complicado el trabajo.

Y los que están por cuenta ajena están viviendo en sus carnes la discriminación de decidir ser madre. Después de 13 años en la misma empresa con un cargo de responsabilidad ha sido madre y ha perdido la confianza de sus jefes, ya no es tan válida como antes. Está peleando sus derechos de reducción de jornada, su bajada de categoría profesional y seguramente antes de que se publique el post estará en la cola de la oficina de empleo.

Y todo porque ha encontrado al padre de sus hijos y ha decidido con 40 años, ojo, ser madre.

¿Conciliación laboral? ¿Y tú me lo preguntas?

Nos queda mucho por avanzar y por cambiar.

Leer otro testimonio de Susana Calleja

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Mi plan B – Testimonio de Belén Llorente

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Belén Llorente

Nacida en 1977

2 Hijos (2011 y 2014)

Publicitaria y blogger

ohmymum.com

@Oh_my_mum

Mi plan B

Soy Belén Llorente, mamá de dos tesoros de 4 años y 15 meses respectivamente. Soy publicitaria. No, mejor dicho. Era publicitaria. Trabajé durante varios años en diferentes agencias de publicidad para grandes marcas y en todas ellas el ritmo era frenético. Un sector poco conciliador en el que a penas alguna compañera “peleaba” por poder ser mamá.

A nosotros nos llegó el momento. Queríamos familia pero el bucle sin fin en el que estaba metida no daba pie a que entrase un bebé en nuestras vidas. Horarios infinitos, rodajes, algún viaje, preparar presentaciones a horas insospechadas, esperar un retoque fotográfico para entregar al límite de la edición de prensa… Yo no tenía un alto cargo por lo que la opción de delegar el trabajo en otra persona (además de que no va conmigo dejar trabajo sin hacer) era inviable.

Afortunadamente me lo pusieron fácil. Terminó el proyecto para el que había sido contratada en la última empresa. Una auditoría de marca de gran envergadura. Un proyecto intenso de algo más de un año que no tuvo continuidad. Sentí alivio al saber que por fin podía parar. Sentí alivio al saber que mi vida podía seguir su curso sin tener que mirar la agenda. He sido una privilegiada al poder vivir mis dos embarazos en casa y poder cuidar de mis peques 24h durante 6 meses a la mayor y 9 meses al pequeño de la casa.

Nunca me planteé volver a trabajar en publicidad directamente. No lo veo compatible con ser mamá. Sé que hay otras grandes profesionales del sector que lo hacen a diario pero yo no me veía capaz. Demasiadas exigencias e impedimentos y yo no estaba dispuesta a perderme los primeros años de mis niños. No me parecía justo tener que “pelear” por ser madre. No quería renunciar a eso así que emprendí un nuevo camino con la ilusión de tener un plan B. Ese plan B estaba pensado para poder compaginarlo con la maternidad, para poder ir al cole cada día a buscarles, para poder quedarme en casa si estaban malitos, para que fuera un “trabajo para vivir y no un vivo para trabajar”.  Ese plan B no fue hacia delante pero a día de hoy tengo un blog fruto de todo aquello que se me removió por dentro al ser mamá.

Hoy compagino perfectamente mi faceta de mamá y mi faceta como bloguera. Me gustaría que este fuera mi plan B, poder monetizarlo. Soy feliz escribiéndolo y soy feliz al poder estar tranquila sabiendo que si mis hijos me necesitan, estoy. Ellos son la prioridad absoluta. Sé que económicamente un sueldo más nos daría cierta tranquilidad pero creo que renunciar a ciertos caprichos a día de hoy nos compensa como familia. Que yo esté en casa es buenos para los 4.

Creo que hay sectores en los que conciliar es muy complicado. En los que conciliar es renunciar irremediablemente. Admiro profundamente a todas esas mamás que corren para llegar a todo, que cumplen en su profesión y en casa con su familia. Yo no veía la forma de hacerlo.

En ningún momento he sentido que ser mamá implicase renunciar a mi profesión porque no me costó, lo tenía claro. Creo que es una evolución personal y que fue una decisión acertada. A veces echo de menos el trabajo en equipo, el cariño de los compañeros y la satisfacción de tener a un cliente contento…. pero eso no es comparable con lo que siento cada día siendo madre.

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