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Nacho Caballero

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Comenzó su vida laboral a los 17 años y su primer gran proyecto fue fundar una empresa que dirigió con gran éxito durante dos décadas. A partir de 2014 y tras el nacimiento de sus dos hijos, a los que considera lo más creativo que ha hecho nunca, se produce un despegue a nivel profesional y personal que le llevará a dar un giro de 180 grados a su vida. Hoy en día es un profesional de la escritura y de la oratoria con amplia experiencia en el mundo de la comedia y las charlas de motivación. Su penúltimo proyecto es volcar toda su experiencia como Coach Personal y Profesional, especializado en mejorar la comunicación de sus clientes con su entorno, comenzando por la que tienen con ellos mismos.

Alguien ha matado a alguien – prácticas de empresa por Nacho Caballero

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Miguel Gila, Alguien ha matado a alguien

¿Tienes un empleo fijo desde antes de la crisis? Es posible que tu empresa intente librarse de ti por el alto coste, pero que parezca un accidente. Incluso decisión tuya.

Vamos a repasar algunas de las estrategias que todos hemos vivido alguna vez o que nos han contado, que siempre queda más discreto:

1. ¿Gila dirige tu empresa?

Con todos los respetos al famoso humorista español, hay directivos que recuerdan mucho a uno de los personajes de Don Miguel. Se trataba de un policía que para detener a un sospechoso, le quiso detener con indirectas. Se encontraba con él en el pasillo y le decía… “alguien ha matado a alguien”, “alguien es un asesino…”, así durante varios días  hasta que el acosado sospechoso confesaba martilleado por esos comentarios tan sibilinos.

Los mandos intermedios de las empresas son los que más sufren este tipo de estrategia, porque muchas veces se ven en la obligación de mediar entre el Jefe y un empleado haciendo de correa de transmisión de indirectas.

En realidad lo que quiere la dirección es que sea el empleado el que tome la decisión que sea: irse de la empresa, que renuncie a ventajas adquiridas en el pasado o el que se ofrezca para sacrificios laborales adicionales. Pero quieren que sea el empleado el que lo haga, en lugar de recibir la orden y acatarla.

Esto supone un quebradero de cabeza para los implicados en la indirecta de Gila y en el caso de que la “víctima” se de cuenta del juego, la gran perjudicada será la empresa por el tiempo perdido en decisiones dilatadas y el empleado, que se sentirá manipulado y desmotivado al ser tomado por tonto.

2. El vaso medio vacío, siempre.

Este fenómeno hace alusión a empresas que, por ejemplo, dependen diariamente de datos de audiencia, como puede ser una televisión o una productora.

Cuando los datos de audiencia son satisfactorios, no hay noticias de los jefes. Se supone que es tu trabajo. Sin embargo, cuando los resultados son malos, es cuando aparece el reproche en persona para bajar la moral del equipo. Suele ser una reprimenda “no constructiva”.

En este caso, la única perjudicada de nuevo es la empresa, porque los trabajadores a los que solamente se les refuerza cuando algo sale mal, irán perdiendo ilusión y compromiso con el proyecto.

Hasta las palmaditas en la espalda tienen su ciencia.

3. El síndrome del malabarista. 

Lo sufren muchos trabajadores/as hoy en día. Nadie les obliga a hacer más horas, ni a trabajar desde casa. Es posible incluso que su empresa presuma de políticas de conciliación.

Sin embargo, el trabajador siente que antes tenía que hacer malabares con dos pelotitas. Cuando llegó a dominarlas, le lanzaron otras dos; cuando demostró que también las controlaba, llegaron seis… y así sucesivamente.

Esta saturación de trabajo se suele disfrazar además de un “la empresa está en tus manos”, “confiamos mucho en ti” o “queremos que te jubiles aquí”. Cuando en realidad lo que se persigue es que el trabajador, porque no tiene más remedio, tenga que trabajar más horas de las que debe o termine quemándose y dimitiendo.

En estas empresas “alguien ha matado a alguien” ¿Quién es para ti el asesino? ¿Y la víctima?


Foto: http://mediablogs.cadenaser.com/premios-ondas/files/2013/09/gila.jpg

Efecto dominó – Cuento de Navidad por Nacho Caballero

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De nuevo Nochebuena y de nuevo saber que no llegaría a tiempo. Demasiado tiempo perdido y marear la perdiz para que al final el último pedido llegara fuera de hora y sin embargo tuviera que aceptarlo… casi por inercia. Hacía tanto que trabajaba de esa forma que casi se había olvidado de su familia.

Desde su despacho veía la cadena de producción, con esos empleados que tampoco cenarían con sus familias esa noche “buena”.

El Sr. Rodríguez llamó a su casa temiendo que se lo cogieran. Su mujer contestó con ese tono de voz que anticipa lo que va a escuchar. “Que este año tampoco vienes, ¿verdad?”. Él se calló durante unos segundos mientras escuchaba el jaleo de fondo de toda su familia reunida junto a la mesa: su anciana madre, cuñados, hermanos, sobrinos, hijos, el perro y una tortuga… todos menos él.

– En cuanto pueda me escapo cariño – dijo él con voz automática.

Sin apenas percibir la respuesta resignada de ella cogió el albarán del cliente, lo miró con detenimiento durante un rato eterno…

Volvió a sonar el teléfono. Al cogerlo para descolgar pudo ver en la pantalla la palabra “Dominó”. En el lugar donde suele figurar el nombre de algún familiar, o bien un número desconocido, figuraba aquella palabra que le desconcertó.

Entonces decidió coger el teléfono…

– ¿Diga?

– Hola Sr. Rodríguez. No te asustes, no quiero venderte fibra ni un seguro de vida, suponiendo que la tuya lo sea– dijo una voz extrañamente familiar.

– ¿Quién es? – preguntó impaciente.

– Tranquilo, he venido a contarte una pequeña historia para que entiendas por qué estás de nuevo, una noche más, sin poder compartirla con tu familia.

Efecto dominó

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Todo comenzó hace muchos años en una pequeña empresa familiar, que con el tiempo se convirtió en un holding gigantesco del que dependen gran parte de las empresas que hay en el planeta, incluida la tuya. Durante años fue dirigida por su fundadora, Mrs. House. Era una mujer inteligente, tan atenta con sus clientes como con sus empleados, sabedora de que la satisfacción de ambos estaba conectada. Por eso no toleraba las pérdidas de tiempo, odiaba la desorganización y se indignaba con los empleados que pretendían quedarse más tiempo por no seguir esta filosofía.

A las cinco de la tarde cortaba el suministro eléctrico de toda la compañía y todos se iban a casa. Las cosas funcionaron bien bajo su liderazgo. Hasta que algo cambió.

Mrs. House falleció de forma repentina el día que celebraba su merecida jubilación. El consejo de administración urdió un plan para arrebatar la empresa a su único hijo, fiel reflejo de su madre que le había dedicado el tiempo necesario para transmitirle sus valores.

Bajo el mando de los nuevos dueños todo cambió. La desorganización, la falta de control y la manga ancha en la forma de trabajar tuvieron sus consecuencias: empleados descontentos, jornadas de trabajo interminables, aumento de bajas por enfermedad y una caída estrepitosa de la productividad. Los beneficios se redujeron a la mitad y como consecuencia se despidió a gran parte de la plantilla para recortar gastos. De esa forma se sobrecargó de trabajo a los empleados que se quedaron.

– “Me suena algo la historia” – pensó el Sr. Rodríguez mientras seguía escuchando.

– Las consecuencias no se hicieron esperar – continuó relatando la voz – Todos los pedidos comenzaron a salir tarde y, como consecuencia, todas las empresas que dependían de este holding comenzaron a sufrir las consecuencias en igual medida. Y tu empresa es una de ellas. Eres víctima de un efecto dominó que, si pudo comenzar, puede revertirse.

– Eso es fácil de decir, pero… ¿cómo lo hago?

– Piensa en la gente que te importa de verdad.

Y colgó.

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Cuando miró la pantalla vio que la llamada había durado ocho minutos justos. Como las ocho horas que él superaba con creces trabajando cada día.

Se quedó pensando en la forma de liderar de Mrs. House y en el efecto dominó que empresa a empresa había ido extendiéndose como una plaga.

“Un efecto dominó que si pudo comenzar puede revertirse”.

Miró su reloj. Eran las nueve y cuarto de la noche del día 24. Se acercó a la megafonía de la fábrica con el abrigo puesto y con voz emocionada dijo.

– Nos vamos a casa. Es Navidad.

FIN


Foto: Wikipedia

En primera persona – Nacho Caballero

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Me llamó mucho la atención cuando un cantante español que había sido padre de dos hijos, a las pocas semanas resulta que… sorpresa… eran cuatro. Cabe imaginar que si él se ocupara de verdad de sus cuatro hijos, la siguiente rueda de prensa sería para decir que deja la música y las giras durante una buena temporada.

Ahora que soy padre pienso en estos famosos y la frase que me sale es: “tendrán mucha ayuda… pero mucha”, para sacarlos adelante.

Digo esto porque tener un hijo y delegar su crianza, no es exactamente lo mismo que tenerlo y asumirla tú mismo.

La Administración no ayuda económicamente casi nada en comparación con países de nuestro entorno, siendo la carencia de medidas que favorezcan la conciliación uno de los síntomas más graves.

Sin embargo, hay una parte que sí es responsabilidad nuestra y tiene mucho que ver con la decisión de ser padres. Convicción y capacidad para un cierto “sacrificio” que el paso del tiempo irá suavizando.

Aunque todo vaya bien (dormir, comer… ), tener un hijo es agotador.

Digo esto porque nacemos sin terminar. Un recién nacido necesita una serie de atenciones que van desde lo más básico a lo inimaginable hasta que pasados unos años comienza a tener una cierta autonomía vital y social. Es durante esos primeros y cruciales años, cuando debemos estar dispuestos a entregar lo más valioso que tenemos y que no se puede comprar ni ahorrar: nuestro tiempo. Curiosamente, cuanto mayor es la calidad y cantidad de ese tiempo, antes se suaviza el camino. Es lo que veo en mi hijo después de veinte apasionantes meses.

En nuestro caso la conciliación es posible y podemos educar a nuestro hijo por nuestra actitud ante esta nueva etapa. Su nacimiento, cuidado y educación forman parte del proyecto más creativo que hayamos compartido nunca. En el camino se quedan gran parte de los ingresos y parte de los caprichos de otros tiempos, a los que renunciamos en gran medida.

Podríamos trabajar como antes y ganar el dinero suficiente para que otra persona cuide de Óliver, pero nos parece pura contradicción. Preferimos ver cómo crece nuestro hijo en directo, en lugar de ver a través de vídeos en el móvil solamente las mejores jugadas.

Somos conscientes de lo vital que resulta buscar espacios individuales que te permitan reencontrarte contigo mismo y con tu pareja. En ese sentido contamos con la familia puntualmente y con ayuda externa en otras tantas ocasiones. A día de hoy nos seguimos llamando por nuestro nombre mi chica y yo, huyendo del “papá” y “mamá” mutuo.

Volviendo al comienzo diré que hay personas famosas que sin embargo, coincidiendo con el nacimiento de sus hijos, reducen notablemente sus proyectos durante unos años y considero que son ejemplos a seguir de maternidad y paternidad responsable.

“Con lo fácil que sería dejárselos a los abuelos, que los cuidan encantados todo el día”, pensará alguno. De eso hablaremos otro día.

 

Nacho Caballero

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