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Patricia Linares

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Es licenciada en Comunicación Audiovisual y ha trabajado como redactora en diferentes medios. Ama la comunicación y le entusiasma la educación. Sus amigas la definen como "la Jesús Calleja de los niños" porque parece que la maternidad no le da miedo, si acaso un poco de vértigo, pero ése que gusta y engancha. Actualmente tiene dos hijos y toda la pinta de pararse ahí, ya que su pareja pone un poco de cordura al asunto...de momento.

Al niño no le pasa nada, le pasa a la madre

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Éste es un post muy personal que, sinceramente,  me cuesta escribir pero que también necesito. Siento que mi experiencia como madre tiene que servirle a alguien más.

Pienso que las cosas tienen que cambiar, que nosotros debemos hacerlas cambiar.

Tengo dos hijos, uno de ocho años y otro que acaba de cumplir los cinco.

El pequeño se pasó literalmente llorando sus primeros dos años de vida, según la pediatra no le pasaba nada, sólo que tenía el intestino inmaduro lo que le provocada pesadas digestiones.

Paralelo a los llantos empezamos a observar que su desarrollo era un tanto lento en todo, pero en especial en el lenguaje.

Su pediatra insistía en que no pasaba nada, pero yo no me conformaba y seguía consultando.

El resultado de esas consultas fue el siguiente diagnóstico: al niño no le pasa nada, le pasa a la madre.

Si el niño llora y si el niño no habla, es obviamente culpa de la madre. Lo tenían claro todos, hasta mi entorno más próximo se empezó a inclinar por esa opción. Está claro, cuando no sabemos qué pasa, lo más fácil es negar la mayor: no pasa nada. Y si alguien sigue emeñado en que sí,  el problema es ese alguien.

Así las cosas, lo que había que hacer era cambiar el tipo de crianza que yo llevaba. ¡Ya estaba bien de darle el pecho y de estar en casa sin ir a la guardería! Tenía que ir para poder “soltarse con el habla”.

Aunque yo estaba convencida de que las guarderías no son necesarias (excepto para las familias que lo necesitan por cuestiones laborales) lo apunté como quien se agarra a un clavo ardiendo.

Pero antes de empezar las clases me pasé por una médico digestivo de pago que me dio el diagnóstico de sus llantos diarios: intolerancia a la lactosa.

Sí, como suena: una simple, llana y super común intolerancia a la lactosa tuvo a mi hijo con dolores diarios desde el día de su nacimiento hasta bien entrados los  dos años.

En Andalucía, donde vivimos,  los pediatras y médicos de cabecera tienen supeditado su sueldo a no superar un determinado número de derivaciones al especialista. Estas medidas, que se toman en los despachos, afectan a gente real, en este caso, a niños con dolor y a padres angustiados.

Al cambiarle la dieta empezó a florecer un niño nuevo, mucho más despierto y alegre.

En esas circunstancias empezaron las clases y pasó lo que tenía que pasar. Fue empezar a dejarlo en la puerta de un sitio donde había otros 14 bebés más llorando e ir para atrás. Ya no sólo hablaba poco sino que nada, ni una sola palabra en semanas.

Me debatí conmigo misma, sabía que me iban a tildar de ser la típica “madre blanda” que no es capaz de superar el período de adaptación, pero lo siento ¡ya estaba cansada de seguir malos consejos y de hacer todo lo contrario a lo que creo!

Me decidí, no me iba a conformar. Lo quité de la guarde y empecé a investigar si existía otro tipo de escuela en donde los padres pudiéramos acompañar a los niños, donde se les tratara más individualmente, donde tuvieran más libertad de movimientos, donde pudieran elegir las actividades, donde realmente se respetaran sus circunstancias personales,  y sí, la hay, se llama escuela activa. Hablé de mi experiencia con ese tipo de educación en otro post: Pedagogía activa para dummies.

Un cole terapéutico

Recién cumplidos los tres años, mi hijo entró en ese nuevo cole Myland. La experiencia fue inversamente proporcional a la anterior en la de la guardería. Puede acompañarlo hasta que se sintió seguro en el espacio e identificó a su maestro (Rubén: nunca te lo agradeceré suficiente) como figura de apego.

Se le ofreció un lugar y un material adecuado, para ir adquiriendo las capacidades que la neurología nos dice que tienen a esa edad.

En este tipo de colegios se introducen los descubrimientos en neurociencia a la práctica pedagógica. Aunque esto puede parecer bastante obvio, no es lo habitual.

En nuestro país la educación va por un sitio y la ciencia por otro ¿Por qué? ¿Porque somos unos brutos, unos ignorantes? No, por dinero. Son otras de esas decisiones que se toman en los despachos y que afectan a la gente real.

Las empresas quieren que los adultos trabajen muchas horas y que cobren poco dinero.

Los niños necesitan consolidar su autoestima por medio del contacto con su figura de apego, es decir,  sus padres. Y también necesitan desarrollar su cerebro antes de comenzar la lectoescritura, por eso los neurólogos recomiendan no empezar el proceso antes de los siete años (como hacen en Finlandia, primer país del mundo en competencia lectora de los niños).

Perfectamente pueden estar los niños sin leer ni escribir en las escuelas infantiles, haciendo otras muchísimas cosas pero ¿qué pasaría entonces?

Que los padres podrían empezar a sospechar que los niños sólo están en esas escuelas esperando a que ellos puedan atenderlos y esos padres pueden empezar a luchar por el derecho de su hijo a estar con sus padres y eso a la economía no le viene bien.

Así que, como los padres van a luchar por los derechos de sus hijos sí o sí, convenzámosles de que esos derechos son otros, que lo que sus hijos necesitan es leer y escribir cuanto antes, mejor. Algo que incluso es perjudicial para ellos.

Si yo me llego a haber conformado, mi hijo habría entrado en un cole donde le podrían un letrero:  “Dificultad en el habla”. Ese letrero haría que su maestra, o bien delegara su cuidado en los especialistas de educación especial, o bien lo atendiera escasamente, ya que los otros 24 niños marcarían el ritmo de clase.

Sin embargo mi hijo es hoy, a sus cinco años, un niño completamente normal, adquiere competencias lingüísticas a un ritmo asombroso y no sólo eso, si no que además ha empezado a… ¡escribir!  Copia las letras sin que nadie jamás le dijera que lo hiciera, sin haber visto una ficha en su vida.

Aunque en su cole, por sistema, no comienzan con la escritura a esa edad, como ha surgido de él y tiene interés, empezarán a ofrecerle material de escritura. Decidme ¿por qué no se puede hacer así en todos los colegios?

Al final, tenía razón su pediatra: no le pasaba nada a él, nos pasaba a los demás que juzgamos (“llora porque está consentido”,“no habla porque es vago”….) en lugar de observar, confiar y ayudar.

Probando Supertics – Matematics

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Matematics, probando Supertics

Supertics es una metodología de refuerzo escolar on-line, basada en la gamificación, que consiste en aplicar las reglas de los juegos a otros entornos, en este caso, la educación, con lo que se busca la motivación, el esfuerzo y la fidelización ¿Cómo? A través de puntos, ranking y niveles que el niño tiene que ir superando.

Los creadores de Supertics proponen la siguiente historia: el niño diseña un avatar, que recibe la visita de una nave espacial en su jardín. Dentro hay un “bongo”, un ser que al principio es un huevo y que, según el niño completa sus actividades, va evolucionando.

El avatar va visitando diferentes planetas y consiguiendo más bongos.

También va logrando trofeos y monedas que puede cambiar por cosas para construir su propia casa.

Supertics tiene tres productos diferentes: uno centrado en la comprensión lectora (Leobien), otro en matemáticas (Matematics) y otro en inglés (Englishtics).

Ha contado con la colaboración de tres universidades: la Autónoma de Barcelona, la de Granada y la de Cambridge.

La licencia cuesta 13 euros al mes y el juego dura 17 minutos diarios, descansando obligatoriamente durante dos días a la semana.

En mi caso, mi hijo está encantado con la aplicación y se pone a jugar por iniciativa propia. Pero hay que tener en cuenta que no tiene acceso a juegos multimedia. En otros niños más habituados no sé cómo podría funcionar.

Prueba gratis Supertics

Los niños de hoy son nativos digitales, no yonquis multimedia

Noticia bomba: nuestro hijo mayor, que tiene ahora 8 años, no tiene videoconsola ni juegos en la tablet. Para los que se estén echando las manos en la cabeza, empiezo a contar la historia por el principio: la tele.

En casa no ponemos la televisión por defecto, ni para “ver qué hay” ni “para distraernos un rato”.

No soy una consumidora de televisión ¿bicho raro? No lo sé, simplemente no me interesa, antes de que aparecieran los smartphones sí la veía para intentar informarme pero ahora no la usamos apenas.

Teniendo en cuenta esto, la primera duda en lo que respecta a nuestros hijos y las pantallas electrónicas fue en cuanto a ponerle dibujos animados. Decidimos que vería la tele durante una hora y media como máximo (lo que dura una peli) y en un momento concreto del día. Ese momento es después de comer cuando reposamos un poquito, cogemos fuerzas y a jugar otra vez.

En lo que respecta a los juegos multimedia, siempre tuvimos claro que queríamos retrasar su entrada en casa lo máximo posible, por el simple hecho que de no conocemos padres que no se quejen de que su hijo sólo quiere jugar con la tablet o vídeoconsola, que tengan que estar en un permanente control del tiempo y negociaciones con él. Sólo queríamos evitar esos conflictos, el mayor tiempo posible.

Íbamos como a ciegas en este asunto, pero investigando descubrimos lo que la ciencia está demostrando: que una sobrexposición afecta al desarrollo del cerebro. Tanto la Academia Americana de Pediatría como la Sociedad Canadiense de Pediatría afirman que los niños de hasta dos años no deberían estar expuestos a ningún tipo de tecnología. Los de entre tres y cinco, deberían tener un acceso restringido de solo una hora al día; y que entre los seis y los 18 años, los niños deberían acceder durante un máximo de dos horas al día.

Como nuestro hijo ya tiene ocho años y el único acceso a la tecnología que tiene es su ratito de tele y las clases de robótica del cole, nos parecía bien introducirlo en el mundo digital con un contenido apropiado. Estábamos dándole vueltas a este asunto, cuando llegó a #mamiconcilia la invitación de Supertics para que probásemos su aplicación de refuerzo educativo.

Se lo propuse a mi hijo y estuvo encantado de probar Matematics.

Reflexión final

No podemos perder de vista lo importante: lo que realmente necesitan los niños para desarrollarse es tiempo al aire libre, sin juego dirigido.

No vale “lo llevo a patinaje y allí juega”. Sí, juega y se divierte, y por favor, sigue llevándolo pero ten en cuenta que es una clase en la que le dicen exactamente lo que tiene que hacer en todo momento. Así que asegúrate de que también tenga tiempo libre para aburrirse y así llegar a crear juegos. Se trata del aburrimiento necesario del que nos hablan los expertos.

Mi opinión personal es que un niño, después de pasar cinco horas en el colegio, acudir a actividades extraescolares y hacer los deberes, no necesita pasar más rato haciendo refuerzo ni multimedia, ni de ningún tipo.

Pero si, aún así lo hace y mejora con una aplicación como ésta o similar, entonces lo único que se evidencia es que en el colegio las materias se imparten de forma encorsetada y que el tiempo de las clases magistrales donde el profesor habla y al final manda un trabajo para hacer en casa ya ha pasado, como conté en el post a tenor de la huelga de deberes.

Supertics se ofrece como refuerzo aunque en nuestro caso ha sido usado como diversión. Y eso no cabe duda de que es un éxito.

El quid de la cuestión es parecido a cuando hablamos de los deberes, no se trata de que eliminándolos se vaya a solucionar el problema de nuestro enquilosado sistema educativo, ni que utilizando aplicaciones vayamos a modernizarlo.

Hay que hacer una reestructuración a fondo, partiendo de las evidencias científicas en el campo de la neurociencia. El sistema educativo español es como un barco con un agujero, no cabe duda de que hay que taparlo, pero mientras no se haga, podemos ir achicando agua con herramientas como ésta.

Me parece muy interesante aprovechar el tirón de los juegos multimedia en los niños para fomentar el aprendizaje de materias, creo que por ahí van los tiros de la educación del futuro. No tanto en la casa, como en el colegio.

Si tu hijo está teniendo problemas en el cole y es pequeño, probablemente le estén introduciendo competencias que todavía no está preparado para asumir, uno de los mayores errores de nuestro obsoleto sistema educativo.

O quizá, tenga alguna dificultad extra: en tal caso lo que necesita no es refuerzo sino atención personalizada.

Pero si tu hijo tiene tiempo para jugar libremente todos los días y quieres ofrecerle la posibilidad de acceder a un multimedia que además le va aportar nuevos conocimientos, puedes probar con Supertics u otras opciones similares.

¿Deberes sí, deberes no?

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Deberes sí o deberes no... se abre el debate

La Confederación de Asociación de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa) ha convocado una huelga de deberes. Proponen que durante el mes de noviembre ningún niño haga sus tareas. En el año 2012 hubo una similar en Francia.

Los profesores lo califican como intromisión en su trabajo.

Los padres creen que la intromisión es, en la vida familiar, por parte de los deberes.

El debate parece centrarse en deberes sí, deberes no. Cuando en realidad los deberes son, en mi opinión, el síntoma de la enfermedad. No nos interesa eliminar el síntoma, sino tratar la enfermedad.

El sistema educativo no ha evolucionado conforme a los avances científicos de su campo.

No tendría ningún sentido que, después del descubrimiento de la penicilina, sigamos tratando las infecciones graves con remedios caseros. Sin embrago, seguimos sentando a los niños durante cinco horas a repetir y repetir, cuando la neurociencia ha demostrado y requetedemostrado que así no se estimula el cerebro.

Miedo al cambio

A mi manera de ver, el problema en implementar los descubrimientos científicos a la práctica educativa es que choca con un obstáculo muy difícil de salvar: cambiar algo que siempre ha sido así.

Para cambiar algo, primero hay que demostrar que está mal.

¿Acaso no está demostrado con los datos del fracaso escolar? España dobla la media Europea, un 20%.

Pero como nos resistimos al cambio, porque nos da miedo, nos aferramos a ideas preconcebidas “el que quiere estudiar, estudia” o “no todo el mundo sirve para estudiar”. Inexacto: Todo el mundo sirve para aprender, nacemos con esa capacidad, no existe ninguna persona que no haya sido capaz de aprender nada en toda su vida, simplemente por observación, aprendemos a hablar, a andar, a relacionarnos e infinitud de cosas más.

El cerebro de los niños no puede dejar de aprender. Quizá por eso, muchos alumnos no son capaces de seguir el ritmo de clase, porque su cerebro se evade y se escapa de una situación en la que no está siendo capaz de aprender nada.

Al pensar en nuevas formas de estudio, existe un miedo generalizado a olvidar valores importantes como el esfuerzo y la disciplina. Cuando en realidad, lo que estamos haciendo es una revisión de esos valores. Hay algo mejor que el esfuerzo y la disciplina, y son: el esfuerzo voluntario y la autodisciplina.

Nos interesa que los niños aviven tanto su disposición innata por aprender, que ellos mismo sean el motor de ese esfuerzo y de esa disciplina.

¿Utópico? No, científicamente demostrado.

Deberes no, trabajo personal sí

¿Qué tal si cambiamos los deberes por el trabajo personal? No cambiar sólo el término, sino el concepto.

¿Han oído hablar de la “clase al revés”  o “flipped classroom”? Fue uno de tantos esos descubrimientos que llegan por casualidad.

Salman Khan era un analista de fondos de inversión, que daba clases de matemáticas por vídeoconferencia a sus primos. Un bendito día decidió grabar sus explicaciones y colgarlas en youtube para que sus primos pudieran consultarlas cuando tuvieran dudas.

Otros alumnos llegaron a esos vídeos y sus explicaciones les ayudaron a resolver dudas.

El siguiente nivel fue que los profesores también llegaron a esos vídeos y los usaron en clase. ¿Cómo? Ponían como deberes ver los vídeos  y en clase resolvían los problemas trabajando en equipo con el profesor.

Es así como se invirtió la clase, en casa la explicación y  en clase el trabajo.

En la actualidad Salman ha fundado la Khan Academy, que no se dedica sólo a las matemáticas sino a todas las asignaturas. Ha desarrollado un programa informático que ya está funcionando en centros escolares de USA, es completamente gratuito y también tiene versión en español.

El programa propone al alumno una serie de ejercicios, cuando detecta que  ya ha hecho diez similares correctamente, le pasa al siguiente nivel.

El profesor tiene un panel de control donde ve lo que hace el niño, cómo avanza y si, en algún momento, está atascado. También puede saber si el alumno ha visto los vídeos o cuándo ha dejado de verlos.

¿Está el alumno trabajando? No hay duda. Pero ya no son deberes sino trabajo personal, en donde él también tiene control sobre lo que estudia, cuánto tiempo invierte y cuándo cambia de actividad.

La pregunta es ahora: si ya está todo inventado, estudiado, comprobado y desarrollado ¿Por qué no se aplica?

Os dejamos la charla TED (con subtítulos en español) en la que cuenta todo el proceso.

Adáptate como puedas

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El inexistente período de adaptación en las escuelas españolas

¿Recuerda usted su primer día de colegio? O, sin irse tan atrás ¿recuerda su primer día en el instituto, en la universidad o en un trabajo nuevo?

Esto se debe a que es una situación extraordinaria ante la cual nos sentimos en alerta y temerosos, algo totalmente normal ya que forma parte de nuestro instinto de supervivencia.

Probablemente usted se ha sentido aliviado al poder ir acompañado de algún amigo o familiar en situaciones que lo permitan, como una cita en el médico, una charla tensa o una visita poco deseada.

Lo más probable es que esa persona de su confianza sólo se haya limitado a estar presente sin hacer nada más, pero por alguna razón, el estar con alguien que le ama le ha hecho más fuerte en una situación en la que se siente débil.

Lógico.

También habrá observado que mientras más mayor y más maduro se hace usted, más seguro se va sintiendo en esas situaciones y menos necesita que le acompañen.

Lógico también.

Ahora llegamos a la parte ilógica de la película.

Si hemos quedado que cuánto más novedosa es la situación y más inmadura es la persona, más miedo tiene, ¿por qué dejamos solos a los niños en sus primeros días de colegio? Por ellos y por su bien, desde luego que no.

Los períodos de adaptación de las escuelas, en su mayoría, no existen. Simplemente le llaman así al período que los niños necesitan para resignarse a que esto es lo que hay. Genial.

Y no hablo sólo de colegios donde los niños entran con la tierna edad de tres añitos, sino de escuelas infantiles donde acogen a más pequeños.

Otra alternativa es meter al niño en la guarde cuando es tan bebé que no es del todo consciente de con quién está. Así se evitan pataletas. Genial, otra vez.

Realizar un período de adaptación del niño a la escuela de manera respetuosa no es difícil y mucho menos imposible.  Sólo hay que tener en cuenta dos factores principales: acompañamiento y tiempo.

1. Acompañamiento

Como hemos visto, la sola presencia de alguien que te ama en una situación difícil, la hace más llevadera. Cuando hablo de acompañamiento, no me refiero a dejar al niño en la puerta de clase, en lugar de la puerta del cole… (No es ironía, sino el plan de adaptación de la mayoría de colegios).

Como madre, tengo la doble experiencia: la de dejarlo en la puerta de la clase y la de estar con él todo el tiempo que necesitara y, como sospecharéis, no hay color. Esto se debe a que, por distintas razones, tengo a mi hijo mayor escolarizado en un colegio tradicional y al pequeño en uno de pedagogía activa.

En los colegios de pedagogía activa no hay aulas cerradas con un determinado número de niños por docente. Son espacios abiertos en donde el niño va eligiendo con qué investigar y dónde participar. Este sistema invita a los padres a estar presentes y también a irse alejando cuando el niño vaya adquiriendo confianza.

En mi caso, estuve una semana asistiendo durante todo el horario escolar y a partir de entonces decidí probar un ratito, pero el ratito se convirtió en toda la mañana y todos los días posteriores. ¿Merece la pena?

El colegio de mi hijo mayor es un lugar cerrado en el que los padres no tenemos apenas cabida, el de mi hijo menor es su segundo hogar.

Indudablemente, merece la pena.

Es evidente que la mayoría de las escuelas pueden tener serios problemas de espacio para albergar a los alumnos acompañados. Pero siempre hay soluciones: conozco casos de escuelas infantiles que dividen en dos grupos a los alumnos, estos vienen acompañados de un adulto durante unas horas y después el otro grupo otras horas. En los días sucesivos se va reduciendo el tiempo que los adultos van pasando en el aula hasta dejarlos solos. ¿Con eso nos garantizamos una plena adaptación respetuosa? No. ¿Por qué? Porque es una medida estándar para todos, puede que unos niños necesiten más acompañamiento y otros menos. El período de adaptación ideal es el que marca cada niño en particular, pero al menos es infinitamente más respetuoso con el niño que simplemente dejarlo en la puerta del aula.

2. Tiempo

En este aspecto, en España hemos ido involucionando, que es lo contrario de evolucionando. Se pasó de tener una semana de adaptación al comienzo del curso en donde los alumnos iban incrementando el tiempo diario de estancia en el centro. El primer día: una hora, el segundo: dos, así hasta que al final de la semana completaban las cinco horas lectivas.

Pero en el año 2006 el gobierno la suprimió con el objetivo de “mejorar la conciliación de la vida familiar y laboral”. De esa anticonciliación que prima las exigencias de la vida laboral sobre las necesidades de los niños, hablé en otro post.

Y aquí llegamos al quid de la cuestión, tanto en el factor acompañamiento como en el tiempo, la única barrera es una: la no disponibilidad de los padres.

Si algunos están disponibles, la mayoría no, así que traumatizamos a todos los niños. Y no exagero, los traumatizamos, lo que pasa es que son fuertes y lo superan pero eso no quita el ser consciente de que por nuestra parte lo hacemos fatal.

Lo explicamos al principio del post: una mayor novedad de la situación unida a una menor madurez del individuo da como resultado mayor miedo.

Los niños tienen que pasar por ese miedo y enfrentarlo solos, tienen que acostumbrarse a que, en esta sociedad, ellos no son lo primero y bien que lo aprenden, desde chiquititos.

“Calma” no es sinónimo de “Equilibrio”, aunque lo parezca

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calma no es sinonimo de equilibrio

El equilibrio es necesario en el interior de cada uno, necesario también en una relación de pareja pero absolutamente indispensable en el interior de una familia.

Estoy bastante de acuerdo con el análisis que hizo Usúe Madinaveitia del spot de Campofrío Deliciosa Clama aunque he de reconocer que mi primera reacción fue la que buscaba el anunciante: identificación. Después: tristeza.

Es triste que las mujeres nos sintamos identificadas con estas frases:

“Hoy no llego a recoger a los niños al cole, ya está su padre para hacerlo, digo yo” o

“No le he hecho la cena a la niña pero no le va a pasar nada si se la hace su padre”.

El delegar una función que naturalmente debe ser de ambos ya es significativo. Los hombres no deberían ser nuestros suplentes, sino nuestros compañeros.

No creo que muchas mujeres se sintieran identificadas con una situación en un entorno diferente:

Un hombre y una mujer compañeros de trabajo y que ella diga:

“mira, como no me da tiempo a hacer tooooodo el trabajo de esta oficina a mí sola, hoy haz tú sólo una cosa”.

Campofrío expone un problema absolutamente real y les da a esas estresadas madres una fácil solución: un momento de respiro que pretende identificar con su producto pavo:

1. Que no se tiene que cocinar: no supone un trabajo extra a ese estrés.

2. Que es bajo en grasas: lo que incurre en una paradoja. Si en el anuncio proclamo “ya te digo yo lo que me importa recuperar la figura después del parto” pero como pavo, que es bajo en grasas y así no me siento mal, me viene a decir justo lo contrario.

Un momento de calma evadiéndote de la realidad no la cambia. No vivimos en una sociedad equilibrada, bien, pues ¡equilibrémosla!

Las parejas tienen auténticos problemas conyugales por asuntos como el reparto de las tareas domésticas y el cuidado de los hijos ¡Con lo difícil que es mantener el amor! ¡Con los grandes y complicados retos que plantea la vida en pareja! ¿de verdad vamos a desgastarnos con asuntos como éste? Máxime cuando está meridianamente claro: se reparte entre dos y listo, es lo justo.

¿En serio somos tan extremadamente egoístas que vivimos en un eterna huida de nuestras obligaciones? ¿que hasta con la persona que más queremos pretendemos jugar al escaqueo?

“No me apetece recoger esto, lo voy a dejar aquí que lo recoja mi pareja cuando llegue que yo ya he hecho mi parte” o “como es mi pareja quién sabe/suele hacerlo…”

¿Qué pasa con “no me apetece nada recoger esto pero me voy a salir un momento de lo que quiero para pensar en lo que querrá encontrarse mi pareja cuando llegue”. ¿Eso es sumisión o entrega?

Deberíamos empezar a dejar de escuchar a nuestras apetencias, nos convierten en auténticas deformaciones de lo que realmente estamos llamados a ser, bombardea nuestra familia, pone en fuga el equilibrio.

El dinero da valor a todo

En mi crítica al citado anuncio dentro de mi entorno cercano denuncié el que una serie de roles femeninos no apareciera en él, por ejemplo: el de las mujeres que cuidan de sus nietos o las que se han apartado momentáneamente de la vida laboral para dedicarse al cuidado de los hijos, a lo que una amiga me argumentó que esto se debía a que era un anuncio que trata sobre las mujeres y el estrés ¡Equilicuá! Las que están en casa no se estresan, no cobran, no trabajan. En nuestra sociedad, el dinero es lo que da valor a todo.

Y no es un problema de las mujeres sino de la actividad: el entregarse no está de moda, el ponerse al servicio de otros no dignifica, sino que degrada.

Hace tiempo hablaba con un amigo que se encontraba parado. Lógicamente estaba desesperado y con mucha incertidumbre, aunque económicamente sobrevivían gracias a que su mujer trabajaba mientras él estaba al cargo de los niños. Emocionalmente se encontraba muy mal y le dije: “Si tú estuvieras trabajando, ganado lo mismo que gana ahora tu mujer, y ella estuviera en casa, no estarías así. No es un problema de dinero fundamentalmente”. Y me dio la razón. Es un padre admirable (de verdad, de quitarse el sombrero), un esposo considerado y entregado, un ciudadano activo, presente en todas las causas justas. Pero el dedicarse “sólo” a eso (aunque fuera temporalmente mientras buscaba empleo de forma activa) le hacía sentirse mal.

En nuestra sociedad, altamente consumista y altamente egoísta, quien no cobra y además sirve a los demás está degrado. Y es cierto, degradado en esta escala de valores donde el yo impera, donde las prisas toman el control de nuestras vidas.

Los pequeños gestos cambian el mundo

La cuestión es: ¿puede haber otra escala de valores? ¿Y por qué no? Las grandes revoluciones nacen del hartazgo de la población a causa de una sociedad injusta. No se trata de que nos vayamos todos al campo a vivir de lo que plantemos, se trata de que no estemos envidiando interiormente al que lo hace. ¿Cómo? Pensemos en global pero actuemos en local: hagamos pequeños gestos, en serio ¡hagámoslos!

Hombres: no importa que vuestras mujeres sepan hacerlo todo en casa y tengan una conexión más íntima con vuestros hijos, incluso que ellas quieran ocuparse de todo, no lo permitáis. ¡Ésa también es vuestra vida! Esos son vuestros asuntos. 

Mujeres: no os conforméis con suplentes, luchad por tener compañeros, pero una lucha respetuosa – nadie cambia de la noche a la mañana – con mucha paciencia pero sin descanso.

Parejas: Dejad de sufrir a vuestros hijos y empezad a disfrutarlos.

Obligaros cada día a hablar  de esos temas, buscad el momento diario de hablar de vuestros hijos, de las cosas que han hecho durante el día, de en qué fase están, de cómo les podéis ir acompañando. De cómo se siente el otro, de qué pequeños cambios podemos introducir en nuestra rutina para mejorar nuestro día a día.

No se trata sólo de hacer más cosas o pasar más tiempo juntos, se trata de ser más conscientes, más reflexivos, quizá así encontremos el ansiado equilibrio. Ese equilibrio del que habla Campofrío  cuando dice “una sociedad equilibrada también ayuda a reducir el estrés”. En eso le doy la razón, toda la razón.

Todo para los niños pero sin los niños

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Todo para los niños pero sin los niños

Cantabria aprueba un nuevo calendario escolar sin participación de las familias

El gobierno cántabro ha cambiado el calendario escolar ¡Y menudo revuelo se ha formado! Los que no vivimos en esa comunidad casi ni nos hemos enterado pero allí ha sido una auténtica bomba informativa. No es para menos, el calendario escolar afecta a toda la sociedad en su conjunto, no sólo a profesores y alumnos. Afecta a padres, a abuelos, al personal no docente y a todas las empresas que prestan servicios en el colegio como catering, actividades extraescolares, aula matinal, etc. Pero indirectamente, también afecta a empresas desvinculadas del entorno educativo que tienen a padres en su plantilla.

Aún así, esta reforma no ha contado con los representantes de padres para su elaboración ¿?

Sí, así como lo cuento: se han reunido la administración regional y  los sindicatos…. sólo.

No se haya llevado al Consejo Escolar ni a la Mesa de las Familias.

Las asociaciones de padres de alumnos ya han manifestado su sorpresa y su disgusto por no haber sido convocados ni consultados.

Legal será, pero moral no lo es.

¿No es suficiente con que los padres tengamos la obligación de llevar a nuestros hijos al colegio para que les inculquen unas materias concretas con una metodología determinada en la que nosotros no podemos opinar?

¿Tampoco tenemos voz en la organización de los horarios ni los días de clase?

¿Qué somos los padres? ¿Meros proveedores de niños para el sistema?

Con esto, no estoy diciendo  que el nuevo calendario sea malo ni bueno, sino que sólo por excluir a las familias y a los propios niños (recordemos que los padres son sus representantes legales y por tanto los que deben defender sus derechos) parte de una posición muy negativa.

El motivo de ese “desplante” lo explica el portavoz de la Junta de Personal Docente,  Jesús Aguayo, de la siguiente manera: “se trata de un calendario pedagógico, no de adecuación a las necesidades de las familias, que además son muy variadas”

Personalmente veo en estas declaraciones una triste realidad: los padres, en muchas ocasiones, no actuamos como representantes de los intereses de nuestros hijos, sino de nuestra empresa.

Es un círculo vicioso: la empresa presiona al trabajador con turnos poco o nada respetuosos con la vida familiar y el trabajador presiona al colegio para que adecue esos horarios a los niños.

Éste es el motivo por el que la conciliación laboral sólo se conseguirá en el momento en que interactúen todos los agentes: empresas, familias, colegios y administraciones.

Las novedades del calendario escolar Cántabro

La principal novedad del calendario es que se asemeja más al europeo: hay una periodo de vacaciones por cada dos meses de clases.

Pero sin modificar el número de días lectivos: 175.

Así, el curso se divide en cinco bimestres  con  cuatro períodos de  vacaciones, coincidiendo con las fiestas propias de nuestro calendario:

  • Todos los Santos (del 31 de octubre al 6 de noviembre)
  • Navidad (del 23 de diciembre al 8 de enero)
  • Carnaval (del 23 al 28 de febrero)
  • Semana Santa (del 13 al 23 de abril)

Mi primera impresión al ver el nuevo calendario fue positiva porque creí que haciendo descansos menos largos pero más continuados sería más fácil la tarea tanto de aprender como de enseñar. Lo mismo opina el consejero de Educación cántabro, Ramón Ruíz, “el nuevo calendario racionaliza los tiempos lectivos, con periodos más equilibrados y evaluaciones menos largas, y  es beneficioso para el conjunto de la comunidad educativa”

Pero (y es un pero bastante largo del tipo: peeeeero) si no se trabaja por una conciliación laboral y familiar esos descansos no se van a dar realmente.

Hemos consultado con varios expertos, entre ellos Mireia Illescas,  profesora de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla, que señala “que si a los padres no se les permite estar ese tiempo con sus hijos, la situación es la misma que con las vacaciones en verano, con los niños haciendo deberes, extraescolares o actividades preparadas muchas veces en el mismo colegio” y recalca algo que, a día de hoy, no se cumple y que es fundamental “Los niños deben tener tiempo para jugar”.

La única medida de conciliación (que realmente no lo es, porque no concilia si no que sigue priorizando la vida laboral sobre la vida familiar) va muy en la línea de lo que denuncia la profesora Illescas, la consejería de Educación mantendrá abiertos algunos de los centros, con los correspondientes comedores escolares y actividades lúdicas paralelas.

Por su parte, Granada Muñoz, también profesora de la Facultad de Ciencias de la Educación de Sevilla, añade: “tal vez el problema esté en el aula, que no permite que los niños estén relajados ni se diviertan. Quizás fuera más razonable entonces acortar el tiempo de permanencia en el centro cada día. A eso, muchos maestros podrían argumentar que ya les falta tiempo con las horas actuales para cumplir con todo lo que se les exige que hagan. Es entonces cuando debemos pararnos a pensar si hay que retocar algo más que la distribución de las vacaciones en el sistema educativo. Tal vez hay que mejorar la calidad de ese tiempo que los niños pasan en la escuela”.

En la misma línea se mueve Cynthia Ramos, directora de Myland, escuela pionera en pedagogía activa: “si esos descansos  van a estar cargados de tareas para casa o van a meter más presión en los ajustados curriculum, no sirve para nada. Interesante sería sustituir esas vacaciones docentes por semanas de formación del profesorado,  personalizada por curso y necesidad.  Que el docente pueda explicar qué ayuda necesita para continuar el curso y se le ofrezca en esas semanas”.

Evaluaciones

Otro argumento esgrimido  tanto por la Administración como por los representantes del Personal Docente es el de ofrecer “evaluaciones más cortas pero más intensas”. La profesora Muñoz opina que no le parece un argumento de peso ya que “un docente está, o debería estar, continuamente evaluando. Por lo que no se debería quedar en ningún momento sin tiempo para ‘salvar’ a un alumno”.

Secundaria: Sin recuperación en Septiembre

Otra importante novedad que introduce el nuevo sistema es el adelanto de los exámenes de septiembre a junio, en la etapa de secundaria.

José Antonio Pineda, profesor de Secundaria al que hemos consultado, coincide en este argumento: “los exámenes de septiembre realmente sirven poquísimo, porque lo que no ha podido hacer un alumno durante un curso con ayuda, ¿lo va a conseguir en un verano él solo?”.

Desigualdades autonómicas

Por otro lado, este cambio en el calendario escolar saca a la palestra la comparativa entre los diferentes calendarios escolares según la comunidad autónoma. Como hemos visto, en Cantabria hay 175 días lectivos mientras que en otras comunidades, como en Andalucía llega a incrementarse hasta 182.

El horario también varía de una comunidad a otra: tanto Cantabria como Andalucía tiene implantada la jornada intensiva de 9 a 14 mientras que en Madrid, Aragón y Comunidad Valenciana, la jornada es partida con un descanso para comer y regresar al colegio hasta las 16 horas aproximadamente.

¿Tienen estas desigualdades autonómicas alguna razón de ser?

En opinión de Ignacio Coca, maestro de educación Primaria en un colegio público de la provincia de Sevilla, estas alteraciones sólo tendrían sentido si dan respuesta a situaciones propias de cada comunidad. Por ejemplo, en su caso cree que sería imprescindible empezar el período vacacional veraniego con anterioridad, ya que las altas temperaturas complican mucho la convivencia y el aprovechamiento de las clases: “en estos días ya notamos cómo los niños se encuentran nerviosos y les cuesta el doble concentrarse a causa del calor, por no hablar de la falta de infraestructuras para combatirlo. En la mayoría de centros no hay aire acondicionado y en los que hay es sufragado por la comunidad educativa. Imagínese la situación: una temperatura exterior que, en muchas ocasiones, supera los cuarenta grados, un aula con 25 alumnos más su profesor y sin aire acondicionado”.   

Aún así, Andalucía termina el curso a finales de junio, como en el resto del país.

Conclusiones

Pedagógicamente puede ser mejor que los alumnos tengan vacaciones más frecuentes y de menor duración, pero hay que asegurarse de que realmente los niños disfruten esas vacaciones en compañía de su familia y disponiendo de tiempo libre para jugar.

Mientras no exista una verdadera conciliación, los cambios en los calendarios escolares no supondrán mejoras en la calidad de vida de los niños.

Como Linkedin acabó con mi autoestima

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linkedin

Abrir un perfil en Linkedin, la red profesional por excelencia, después de estar la friolera de ocho años sin trabajar (fuera de casa, se entiende) da mucho, pero que mucho yuyu.

Ocho años en la sociedad de la información es una eternidad

Mi trabajo ha sido primordialmente como periodista y lo que ha cambiado el cuento desde que no ejerzo me convierte en un auténtica carca.

Cuando yo trabajaba (en un medio importante a nivel nacional) para documentarnos de cara a una entrevista, teníamos el departamento de documentación, valga la redundancia. No es que no existiera google, es que no se le daba a internet la credibilidad que tenían los compañeros profesionales del tema – espero que eso no haya cambiado, que como está la profesión no me atrevo a asegurarlo-. Les ponías una petición diciendo que tenías tal entrevistado y al tiempo te mandaban una serie de fotocopias con recortes de entrevistas en periódicos, revistas, etc.

¡Ay, Dios! que parezco la abuela cebolleta contando historias y todavía me quedan unos añitos para cumplir los 40. 

¿Ser madre es un plus?

¿Habéis visto el vídeo “Ser madre es un plus” que realizó Hirukide (la asociación de Familias Numerosas de Euskadi)? Me lo pasaron hace bastante tiempo y me gustó, pero todavía no estaba planteándome seriamente mi reinserción en el mercado laboral. Una cosa he aprendido: no es lo mismo verlo que vivirlo, ni de lejos.

Ahora mismo, después de haber creado mi perfil en Linkedin, estoy en pleno ataque de vértigo o de pánico, o de las dos cosas.

Para empezar me piden nombre y apellidos, todavía siguen siendo los mismos que cuando trabajaba, bien, la primera facilita.

La segunda es el cargo y el nombre de mi empresa ¿? Como a día de hoy no se considera un trabajo formar las pequeñas personalidades de tus propios hijos, decidí poner el penúltimo sitio donde trabajé, porque tiene más tirón ya que el último fue una empresa propia que a día de hoy no existe.

Me pide acceso a mi cuenta de correo electrónico para explorar en mis contactos, cosa que me da bastante reparo, pero ya me había estado informando sobre el funcionamiento de Linkedin y había visto que sin esto no sirve prácticamente para nada. Total, que accedí. Fue la mejor decisión que tomé porque empezaron a aparecer fotos de mis mejores amigos y ex compañeros, su sola imagen me hacía estar un poco más serena en el proceso que a cualquiera le parecerá una chorrada, cualquiera que no tenga un descubierto de ocho años en su currículum, claro.

Me conecté con todos ellos, en plan “Amigos míos, arropadme que estoy en pelotas”.

En Linkedin, las comparaciones también son odiosas

A la vez, pude leer los currículum de mi excompañeros y  la cosa empezó a ponerse difícil. Es irremediable que el ser humano compare y eso es lo que estaba haciendo yo: error. Pero, a pesar de todo, estaba más o menos controlado porque, al haber  mantenido el contacto con la mayoría de ellos, tengo cierta idea de en qué están metidos.

Finalmente me llegó la hora cuando gente que no conocía, pero trabajaba en mi sector, empezó a conectarse conmigo, entonces ya iba a pecho descubierto.

Adiós, autoestima, adiós, ha sido un placer contar con tu pobre presencia durante estos años, no sé si te volveré a ver pronto, supongo que como siempre tendré que luchar por recuperarte y ¡mira que te pones terca!

Pero ambas sabemos que volverás, volverás porque me sentaré delante del espejo a recordar todo lo grande que he estado haciendo estos años, en todos los trabajos altruistas que he estado metida, todo lo que he aprendido y cambiado. Evidentemente no soy la misma ya que estos años, tanto tú como yo sabemos, que han sido cruciales en mi madurez, desarrollo y autoconocimiento.

Volverás porque te necesito para esta nueva etapa; y porque ¡está muy feo dejarme en la estacada después de todo lo que lucho por ti!

Cuidado con la conciliación: la carga el Diablo

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El hombre ha llegado hasta la luna pero no puede hacer nada para llegar a tiempo a casa

Darío tiene 12 años y quiere jugar al fútbol, pero no puede, no le queda tiempo entre el horario escolar, los deberes y las clases particulares de Inglés (a las que debe asistir ya que sus padres no pueden ayudarle en esa asignatura).

Todos conocemos casos como éste, pero el  día a día de los adultos no difiere mucho.

Nuestra sociedad nos tragonea, nos ha enseñando a doblegar nuestra voluntad a sus exigencias, sus ritmos, sus valores y sus intereses y en consecuencia, también a nuestros hijos.

¡Que levante la mano quién se sienta dueño de su vida!

No, no lo somos y nuestros hijos tampoco.

Nuestra sociedad produce y consume con auténtica voracidad. Nos etiqueta. Somos sus productos. Nos dice que ese producto denominado bebé necesita: un biberón cada cuatro horas, dormir doce horas diarias y a partir de los cuatro meses, la socialización. O más comercialmente, “estar con amiguitos”.

Pero ¿qué nos dicen los expertos, los más reputados pediatras, neurólogos, pedagogos y maestros? Que hasta los seis o siete años los niños no están maduros para empezar la educación formal.

Que en ese periodo sólo necesitan crear su vínculo afectivo con su familia para afianzar su autoestima y jugar libremente para que se vayan completando las conexiones cerebrales.

¿Y qué nos dice el fabricante? es decir, sus padres.

Que el niño necesita estar con ellos y ellos con él, pero no puede ser.

Podemos llegar a la luna, pero no podemos llegar a casa a tiempo desde el trabajo porque tenemos que hacer sentir en nuestra empresa que es lo primero, cuando realmente no lo es, ni lo debe ser. Quien, en su lista de prioridades, tiene arriba del todo el trabajo sufre una dolencia psicológica que se llama “adicción al trabajo”. Por tanto,  si nuestra profesión no debe ser lo primero, y obviamente tampoco lo último, ¿por qué se fomenta precisamente lo contrario? Interesa económica y políticamente.

Nos asemejamos a los ratones que no pueden salir de la rueda. Todos, los que tienen hijos y los que no. Los solteros también tienen derecho a tener vida después del trabajo, al igual que los que están en pareja y los que tienen hijos o mayores en su vida (que no “a su cargo” ¡qué horrorosa expresión!).

Es una cuestión de prioridades: necesitamos dinero para vivir, necesitamos un empleo; pero también necesitamos vivir y dar vida.

¿Por qué tiene que ser incompatible?

Porque vivimos en la sociedad del hacer más que del ser y del tener más que del vivir.

Se habla de conciliación: los padres se quejan, los niños se estresan, los abuelos se enferman. Se hacen programas de televisión: “Salvados”  lo trató ampliamente haciendo la comparativa con Suecia y Jesús Cintora, dedicó su segundo “A pie de calle” a los deberes.

Pero los políticos siguen proponiendo como medidas para conciliar justamente todo lo contrario; las dos fundamentales son:

1. Educación pública de los 0 a los 3 años. Las guarderías son un instrumento necesario para los padres que trabajan, pero son totalmente innecesarias para los hijos. Incluso, la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria recomienda la no asistencia a estos centros al menos hasta los dos años.

2. Ampliación de los horarios escolares para asemejarlos a los laborales. Voy a repetirlo que no tiene desperdicio: ¡ampliar los horarios escolares para asemejarlos a los laborales! ¿No hemos quedado que los niños no trabajan? Al menos, no los del primer mundo. ¡Anda, ya, qué exagerada! Ir a clases no es trabajar. ¿Ah,no? Dile eso al maestro, que lo suyo no es trabajar ¿En ese caso, sí? ¿Trabaja más el que da el conocimiento o el que lo recibe? Si ambos hacen bien sus funciones, ambos trabajan.

Señores políticos, los niños son ciudadanos sin derecho a voto pero, como bien saben, tienen otros derechos reconocidos por la Declaración de los Derechos de los Niños y estas medidas que proponen en la mal llamada conciliación, no lo respetan.

La citada declaración reconoce que:

[quote_box_center]“Cualquier decisión, ley o política que pueda afectar a la infancia tiene que tener en cuenta qué es lo mejor para el niño”.[/quote_box_center]

En las dos propuestas que ustedes hacen lo que tienen en cuenta son las necesidades laborales.

Los bebés no necesitan ir a una guardería (ni pública ni privada) y los niños mayores tampoco necesitan que se les amplíe el horario escolar.

No es necesario para su desarrollo intelectual, cognitivo, ni social. De hecho, como hemos visto en el caso de la guardería, es incluso perjudicial para su salud.

[quote_box_center]“Los menores de edad tienen derecho a ser consultados sobre las situaciones que les afecten y a que sus opiniones sean tenidas en cuenta”.[/quote_box_center]

Hoy por hoy, los niños no tienen ningún control sobre su vida, no tienen tiempo de ocio del que disponer, ni tiempo para jugar y desarrollarse como deben.

Lo que realmente necesitan es estar con sus padres, ser educados por ellos. Y los padres tienen el derecho y la obligación de educarlos.

Si esto no pasa por falta de tiempo, lo que ustedes, señores políticos, tienen que solucionar es esa falta de tiempo y no obviar esa educación o delegarla en otros agentes.

El colegio nunca, en ningún caso, debe ser el sustituto del hogar. ¿Eso es conciliación? ¿Qué es lo que se concilia así? ¿La vida laboral y la familiar están en armonía? Simplemente anulamos la vida familiar para seguir manteniendo el ritmo de la laboral.

Ante la injusticia no cabe la resignación, sino la acción. Gracias a Dios, ya hay muchas voces que se levantan en contra de esta falsa conciliación y más que seremos. Así que señores políticos no estén  tranquilos, esto les dará más que un dolor de cabeza, pero si lo solucionan como deben, todos ganaremos.

Change dislexia: campaña de crowdfunding

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campaña en kickstarter - change dyslexia

Luz Rello es licenciada en lingüística, doctora en computación e investigadora de la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburgh, y ha puesto en marcha el proyecto Change Dislexia.

Pero cuando Luz era una niña y en su clase empezaron a leer, estaba convencida de que era “más tonta que los demás” porque, simplemente, no podía hacerlo. Tuvo la suerte de tener un diagnóstico precoz de dislexia y desarrollar su inteligencia sin ninguna traba. Una suerte que no tiene el 40% de los casos de fracaso escolar provocados por este trastorno.

En un artículo anterior hablé de la dislexia: de la mía propia y la de mi hijo. Aunque yo también tuve la gran suerte de topar con una buena maestra, excelente profesional, que me ayudó enormemente, la encontré tarde, cuando mi autoestima ya estaba tocada. En el caso de mi hijo fue aún peor, fui yo quien la detecté y jamás ha recibido ninguna atención en el colegio.

Viví la dislexia como un problema a superar hasta que fortuitamente me encontré este libro El Don de la Dislexia de Ronald D. Davis. Gracias a él descubrí determinadas virtudes y aptitudes que tengo, precisamente a causa de la dislexia.

Lo que sí presenta un problema es vivirla en un sistema educativo como el nuestro, basado exclusivamente en la lectoescritura y además en una lectoescritura demasiado temprana.

Es por esto que el 90% de los casos de dislexia se diagnostican cuando ya existe un problema de fracaso escolar o, en el peor de los casos, no se llega a diagnosticar nunca.

¿En qué consiste Change Dislexia?

Para poner fin a esta situación Luz Rello y su equipo de investigadores en Pittsburgh han elaborado  un estudio con 10.000 niños de 81 colegios de diferentes países del mundo. Fruto de esta investigación, nacen dos aplicaciones de juegos informáticos: “Dytective”, que permite una detección temprana de la dislexia, y “Dynosaur” ejercicios de apoyo para su tratamiento.

Es la primera vez que utilizan juegos informáticos – lingüísticos con inteligencia artificial para detectar y apoyar la dislexia. Pero no sabemos si estas aplicaciones llegarán a ver la luz ya que precisan de una inversión de 20.000 € que esperan recaudar en una campaña de crowfounding que termina el próximo día 25 de abril.

Se calcula que entre el 10 y el 15% de la población mundial es disléxica. La mayoría no podrá desarrollar su verdadero potencial, a menos que consigamos poner al alcance de todos herramientas tan sencillas como ésta.

Patrocinar el proyecto Change Dislexia

Dislexia: ¿Trastorno del aprendizaje o trastorno por el aprendizaje?

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Dislexia, niña frente a los deberes con miedo a enfrentarse a ellos

Os voy a contar una historia, que no es un cuento sino una verdad verdadera. Ocurrió hace ya algunos años que una niña pequeña iba al cole. Dicen que los niños van al cole para aprender, pero esta niña no sabía si aprendía o no, para ella era todo un lío. Muchas veces no entendía lo que las maestras decían y notaban como éstas se exasperaban con ella, así que dejó de preguntar. Otras veces, no entendía los juegos de los otros niños, así que dejó de jugar.

Poco a poco se fue encerrando en su burbuja donde inventaba miles de historias y aventuras. Ella y sus amigos imaginarios eran los únicos protagonistas, todos se querían mucho y nunca había ningún malo.
A los ocho años tuvo una nueva maestra, era una mujer mayor que andaba cojeando con una muleta, les enseñó a rezar el “Padrenuestro” nada más empezar las clases y a levantarse de la silla a modo de señal de respeto, si venía a hacerles una visita el director del colegio. Esta maestra tenía un nombre muy difícil: Asunción. La señorita Asunción resultó ser muy buena y cariñosa, explicaba las cosas de manera sencilla y a la niña de nuestra historia empezó a desliársele el lío.
Un día la señorita Asunción llamó a la niña para que se acercara a su mesa y le dijo unas palabras mágicas, sí, sí, unas palabras mágicas y poderosas que ella nunca olvidó:
– Tú no eres tonta
¡Guau! ¿Cómo sabía la señorita Asunción lo que la niña sentía? Además si la señorita Asunción era tan buena, tan simpática y tan lista que todo lo sabía, tenía que tener razón en esto también.

Dislexia

La señorita Asunción le dijo a la niña de nuestra historia una palabra aún más difícil que su nombre: Dislexia.
– Tú tienes dislexia, eso es que confundes algunas letras y su sonido. Por ejemplo: escribe “programa”
Pero la niña escribió “porgrama”. La señorita Asunción lo escribió al lado correctamente y le explicó: – ¿Ves? Pero no importa, eso no es ser más listo ni más tonto. Simplemente es ser de una manera o de otra, como el que es rubio o moreno o tiene la nariz grande o pequeña. Sólo tienes que tener un truco para no equivocarte. Mira prrrrrro ¿qué va antes la erre o la o?
– la erre – dijo la niña
– Muy bien, pues la próxima vez que tengas que escribir algo párate un momento y piensa ¿qué va antes? Tú tienes todo el tiempo del mundo para hacer los deberes. Aunque yo diga a la clase que deben terminar, tú tranquila, prefiero que lo hagas a tu ritmo y pensándolo bien.

Después de esta conversación de menos de cinco minutos ¿sabéis lo que pasó? Que la niña siguió confundiendo alguna letras, sí, pero cada vez menos gracias al truco de su señorita; pero eso no es lo más sorprendente. Lo más sorprendente es que ¡tenía razón! No era tonta, al contrario, a partir de ese día empezó a aprender rápido, a entenderlo todo, y a sacar buenas notas durante todos los cursos del colegio, del instituto y de la Universidad. Aún hoy tiene que parase unas décimas de segundo a pensar ¿Qué va antes? O ¿hacia qué lado va la de? ¿y la be? Pero es una ávida lectora, no comete faltas de ortografía y le encanta escribir, tanto que lo ha convertido en su medio de vida. De hecho, ahora mismo está escribiendo estas líneas.

Pero aquí no acaba esta historia con final feliz, no. Porque pasados unos años más esa niña se convirtió en una mujer y tuvo un hijo que, como todos los niños pequeños, iba al cole para aprender. Pero él no se hacía ningún lío, nada en absoluto. Tenía muchos amigos y jugaba con ellos a miles de historias y aventuras. Las maestras estaban encantadas con él, a su madre siempre le decían que era un niño obediente, muy maduro, con mucha memoria y un vocabulario muy extenso para su edad. Hasta que con seis años tuvo una nueva maestra, era joven y guapa, pero no sonreía, tampoco daba abrazos ni besos, no se reía, ni permitía que los niños se rieran en clase. A los que no les daba tiempo a hacer las fichas en clase los dejaba durante el recreo terminándolas.
La niña de nuestra historia que ya era una mamá grande vio como su hijo empezaba a tener pesadillas y a hablar negativamente sobre sí mismo “Soy tonto”, “No me entero de nada”, “No puedo ir más rápido porque soy torpe”… Así que decidió ir a preguntar a la nueva señorita qué pasaba. La cual se lo resumió en una sola frase:
– Su hijo tiene un problema de vagueza.

La mamá sabía que vagueza es una palabra que no existe y supuso que la señorita se refería a “vaguedad”. Pero ¿cómo? Si en los tres años de infantil ninguna profesora le había dicho nada sobre eso. ¿Se había vuelto vago de repente?

– Es que primaria no es lo mismo que infantil, aquí empezamos a exigir y él escribe extremadamente lento, con muy mala caligrafía, confundiendo los fonemas e invirtiendo las grafías. – ¿No será que es disléxico? Como yo. He leído que tiene un componente génetico, o sea, que se puede heredar.
– Ah, pues sí, puede ser. Voy a ponerlo en conocimiento del equipo de orientación educativa y que vengan a estudiarlo.

Pero ese equipo nunca fue y el niño cada vez estaba más aterrado por ir al cole. Así que la mamá lo llevó a una psicopedagoga privada para que le hiciera un informe y esto fue lo que escribió “presenta signos de una posible dislexia que puede estar afectando a su rendimiento académico, recomiendo que trabaje sin límite de tiempo y evitando las comparaciones con compañeros”.

La mamá llevó el informe a la maestra, esperando así darle la solución a tan tensa situación, pero no. Todo fue a peor.
La señorita explicó a toda la clase que lo iba a cambiar de sitio porque era disléxico, a partir de ese momento se iba a sentar junto a ella y junto a la “niña de educación especial”… textualmente.

La madre habló en multitud de ocasiones con ella, le pidió que no le pusiera un tiempo para terminar la tarea, que no lo castigara sin salir al recreo o sin ir a la clase de educación física, pero todo fue inútil. El problema no terminó hasta que no le cambiaron de maestra.

Entre una historia y otra hay un lapsus de treinta años ¿Era mejor la educación de antes que la de ahora? ¿Se trata de un problema de conocimientos? ¿O de valores y vocación? Es difícil de saber, lo único que está claro es que las palabras son un arma poderosa y que todo el que no sea responsable de ese poder, no debería poder ejercerlo. Al menos, en un aula.