Cambia tus cenas por comidas… ¡y vive!

Si en tu grupo de amigos tienes todavía a algunos que no son padres y tratan de que quedes con ellos a cenar, seguramente te hayas encontrado con alguna cara que mezcla los pensamientos ‘ya te borras otra vez’ con ‘pobrecito que ya no puede salir’. Muchas veces, cuando somos solteros no podemos comprender determinadas actitudes, por la sencilla razón de que no las hemos vivido. Porque la cosa cambia cuando son ellos los que tienen niños…

Y sin embargo, cuando tú tratas de decirles que te gustaría comer con ellos la mayoría de veces parece que les haya secuestrado la agenda el Ministro del Interior, cuando no te vienen con la cantinela de que ‘es que los niños nos molestarán y no podremos hablar’.

Yo he salido mucho. He cenado mucho. Y lo recuerdo como una de las mejores épocas de mi vida. Pero cuando quise ser padre (y por suerte, lo conseguí) tuve claras dos cosas: que en absoluto quería renunciar a seguir descubriendo restaurantes interesantes y que lo haría con mis hijas (casi siempre; también tenemos tiempo de pareja) . Muchos recuerdos de mi infancia se asocian a comidas y lugares especiales en ellas. Y quiero que ellas vivan lo mismo.

Por ello hice un trueque sencillo, que además me suponía un ahorro monetario considerable: no quedar por la noche sino al mediodía. La primera ventaja que encontré es que a esas horas, incluso en fin de semana, los precios son mejores porque hay menús entre 10 y 20 euros espectaculares. La segunda, que podía alargar la sobremesa sin tener que irme a una discoteca. Y la tercera, que para mí es igualmente importante, que no rompía el ritmo vital de mis niñas.

Ocurrió además en un momento muy duro de la crisis económica, que a mí también me tocó. Pero me servía (y a mi mujer también) para desconectar. Para darnos una alegría. Para socializar. Y para darnos cuenta que una simple comida fuera de casa en compañía es capaz de recargarte de energía para seguir luchando para una semana entera.

Al final, con 50 euros al mes puedes hacer esto. Y, si tus amigos quieren, puedes seguir quedando con ellos. Incluso acabando por tomar una cerveza a las siete de la tarde, antes de subir a la sesión de baños y cenas. Pero, a veces, quien no está en tu situación te mira sin entenderte. Y cuando le pasa a él en el futuro, se deshace en disculpas para que no sigas su actitud y acabes dejándole sin estos momentos.  

Un día decidí que no quería tener horarios ni soportar jefes bipolares... y así sigo hasta hoy. Desde hace más de 15 años asesoro a deportistas y empresas sobre cómo presentarse a los medios de manera noticiable. Narro eventos deportivos en Radio Marca. Y soy autor del libro 'Por qué no nos dejan trabajar desde casa?'. He visto crecer a mi hija de tres años. Y aun así me pagan y sobrevivo

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