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Adriana Mourelos

Nacido en 1984

Periodista, productora y parte del equipo de Hablar por hablar desde 2007

1 hija (2012)

adrianamourelos.blogspot.com

@adrianamourelos

 

Insomniar

El sinónimo de conciliar sería insomniar, si se pudiese tomar como verbo. Yo insomnio, tú insomnias, él insomnia…Ella no duerme. Al menos, no las horas que se supone que son las debidas para no desarrollar algún tipo de enfermedad. De momento, lo que he notado en este tiempo de insomnio voluntario es que tengo alguna que otra ojera, necesito usar más colirio y la espalda grita cuatro días de cada cuatro.

Pero como complemento perfecto a este no dormir está el privilegio. Soy una privilegiada: doy el desayuno a mi hija, la voy a recoger al mediodía, la llevo a comer a casa conmigo, vuelvo a llevarla a lo que ella ha denominado con mucho sentido de la gramática “el poquito cole” y cuando (todavía) son las cuatro  de la tarde ya estoy merienda en mano en la puerta del colegio dispuesta a pasar una tarde de parque, recados, cafés, chocolates y lo que surja. Súmele usted a esto, amiga, baño, cena y demás complementos hogareños.

Llegan las nueve y llega #papiconcilia para los cuentos y la cama. Entonces #mamiconcilia, que podría perfectamente caer catatónica en el sofá (mueble de la casa del que huyo como si fuera una cama de faquir) se pone el abrigo o las sandalias, según corresponda y allá que subo Fuencarral, dando un paseo que me encanta camino de una madrugada más de radio.

Disfruto de cada segundo con mi hija con un miedo irracional y consentido de que ese momento no vuelva. Disfruto de ser una madre presente absoluta, de saber qué ha ocurrido durante todo el día porque estoy con ella y de poder ver su cara al salir del cole al ver de qué he hecho el bocata o al contarle que nos vamos a merendar con la abuela. Estoy segura de que muchos de mis vecinos de barrio piensan que no trabajo. Paso la vida en la calle, en las cafeterías, en el supermercado, en los parques y todo a unas horas en las que se supone que una madre trabajadora está trabajando. Disfruto de poder acudir a las reuniones, a las fiestas del colegio, a las tardes con amigas y a lo que venga, porque me da igual no dormir. Se ha convertido en algo secundario.

Mi abuela, mi madre y mi marido insisten en que debería dormir pero la reflexión es: si duermo entonces tengo que dejar a mi hija en manos de otra persona mientras yo estoy, pestaña cerrada, en mi casa, que también es la de mi hija, descansando. No puedo. Si tuviese que trabajar de día entonces no me quedaría otra opción, eso es conciliar: con quién la dejo, quién la lleva, cómo gestiono horarios…Yo no concilio: yo no duermo. Llego a casa sobre las cinco y media de la madrugada y duermo hasta las ocho, hora del desayuno. Afortunadamente, #papiconcilia lleva a la pequeña al colegio y eso sí, sigo en pijama. Me meto en la cama de nueve menos diez a once y algo. Y luego, la retahíla que he entonado. 

Supongo que en cierta medida, aprendí lo que es la conciliación cuando mi hija tenía dos años. Entonces, las mañanas de no dormir llenas de juegos y canciones y besos y abrazos y purés y sopas y guisos caseros habían podido conmigo: me dolía todo el cuerpo, me encontraba mal y estaba empezando a tener demasiadas ganas de llorar cada demasiado poco tiempo. Entonces, con toda la rabia y la frustración de hacer algo que no quería empecé a mirar guarderías…Me convencieron entre todos que unas horas de guarde por las mañanas no iban a afectar a la unión con mi primogénita. Me convencieron para hacerme ver que dormir más de tres horas seguidas iba a hacer que me relajase. Fue verdad, pero me costó tantas lágrimas que no creo que hubiera llorado más del estrés de la falta de sueño.

Convivo con las caras de sorpresa que pone cada nueva persona que me pregunta si trabajo al escuchar mi respuesta: sí, trabajo de noche y es el mejor horario para tener un hijo. Basta una simple reflexión: Jimena sabe que me voy a la radio porque me pareció bonito contárselo. Si no, para ella su mamá sería una persona que, mientras ella está despierta, está siempre a su lado. 

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