A pesar de que solemos centrarnos en los conflictos y riesgos que suponen los cambios en los modelos familiares y de paternidades, hay que reconocer también que están llenos de oportunidades para mejorar la calidad y la profundidad de los vínculos personales con los menores y las relaciones de género entre hombres y mujeres.

En el caso de las familias reconstituidas se ofrecen las mejores condiciones para negociar y cambiar los roles hacia modelos más igualitarios. No solo son familias donde el lastre del romanticismo es menor desde el inicio, sino que favorecen el que hombres y mujeres tengan que asumir las funciones paternas y maternas con sus respectivos hijas e hijos. Algo que contribuye a diluir los estereotipos de género

Este modelo de familia reconstituida también supone cambios fundamentales para los hombres respecto al ejercicio de la paternidades al menos en dos sentidos. Por una parte, plantea el reto de asumir la crianza sin la autoridad patriarcal del modelo tradicional como en los casos de los muchos hombres que convivimos y cuidamos a los menores no comunes de nuestras parejas. No hay denominación social para nombrar a estos hombres. La gran mayoría evitamos recurrir al tradicional “Padrastro” por inexacto, estigmatizante y conflictivo con el padre biológico. En Muchos casos en los que la convivencia es temprana, pueden ser considerados simplemente “padre” o el “otro” padre. Es el caso de la hija de mi amigo Antonio con el que vive desde que era bebé, que se desesperaba cuando en el colegio le pedían poner nombre de “el” padre y preguntaba cuál de los padres tenía que poner.

Personalmente prefiero el tradicional término de “Padrino” que en su versión laica y popular es una forma de ser padre “amable”: alguien que no te dice lo que tienes que hacer sino lo bien que lo has hecho. En mi experiencia con mis dos hijas únicas como “padre no cohabitante” y como “padrino” tengo que reconocer que me siento más competente en la segunda forma de paternidad y que muchas veces el papel de padre tradicional me ha venido y me sigue viniendo grande. De hecho, junto a la celebración del día del Padre igualitario que hacemos el 19 de Marzo, yo propondría la de día del Padrino igualitario que se podría hacer el domingo de monas siguiendo la tradición más mediterránea y Cristiano Ortodoxa de celebrar más la Resurrección que el Calvario.

El otro cambio fundamental que estos nuevos modelos suponen para la forma en que ejercemos las paternidades tiene que ver con la relaciones entre hombres y la relación familiar que de hecho implica a los hombres en el cuidado de los hijos “comunes”. Al normalizar esta relación tradicionalmente conflictiva y generalizarse la experiencia de padres no cohabitantes y “padrinos” hasta el punto de que no son tanto personas sino momentos diferentes en la vida de muchos hombres, se genera un lazo de colaboración y empatía que tiene un potencial de transformación enorme.

Se trata de recuperar y resignificar la antigua relación de “compadres”. Este nuevo tipo de compadreo entre hombres permite generar nuevos lazos familiares entre hombres para compartir una responsabilidad de la crianza y los cuidados que ya no se puede delegar enteramente en las mujeres y para el que no basta las viejas formas de autoridad patriarcales.

Hilario Sáez Méndez.

Sociólogo.

Miembro del Foro y la Red de hombres por la Igualdad.

Presidente de la Fundación Iniciativa Social.

Vive en pareja y tiene dos hijas únicas.

@hilariosaez

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