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Cesar de la Hoz

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Soy psicopedagogo experto en resolución de conflictos, mediación familiar y psicoterapia. De mi experiencia profesional se desprende que la conciliación es un motor fundamental entre los intereses familiares y las necesidades vitales tanto de padres como de sus hijos. Es fundamental mostrar que la conciliación busca intereses mutuos entre la empresa y la familia como motores del cambio. El desarrollo de un menor y sus intereses y necesidades deben ponerse en valor para un desarrollo socio afectivo adecuado, donde los padres sean parte activa, no sólo como supervisores de tareas, o interlocutores con profesores o tutores, sino como protagonistas de la propia vida de su hijo.

Abogados de pleitos infantiles

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La última polémica viral ha sido el mensaje airado de una madre porque le quitan los juguetes a su hijo en el parque. Su decisión fue radical: a partir de ahora su hijo no va a compartir los juguetes. Más allá de lo correcto o no de la decisión, lo sorprendente es el eco que ha tenido con más de 200.000 me gustas y más de 220.000 compartidos.

¿Qué es lo que realmente gusta de esta decisión? ¿Rompe algún molde educativo? ¿Refleja un nuevo tipo de enseñanza? ¿O en realidad estamos obviando lo más importante?, que muchas veces la proyección de lo que nosotros pensamos o sentimos como adultos sobre un conflicto infantil pesa más que el conflicto en sí, lo que nos hace actuar inmediatamente como abogados de pleitos infantiles.

¿Quién sufre más y durante más tiempo cuando dos niños discuten en el parque, los padres o los propios niños? Sin duda, a un adulto le dura más un enfado.

Si hablamos un poco de cómo es un niño, generalmente hacia la edad de 5 o 6 años, coincidiendo con el paso a educación primaria, no sólo comienzan a socializarse y a tener en cuenta al otro, sino también a darse cuenta de que sus actos influyen y provocan reacciones en sí mismos y, por consiguiente, a sentirse avergonzados, enfadados, tristes o alegres por lo que hacen. Lo que supone que actúen avergonzados, enfadados, tristes o alegres, sin más. De ahí la necesidad de educarles en la gestión emocional y el desarrollo de estrategias de afrontamiento adecuadas y de habilidades sociales.

Así que, más allá de si es necesario enseñar a compartir o decir que no, como psicopedagogo y experto en inteligencia emocional, sólo cabe una respuesta: lo importante es cuándo y cómo hacerlo. Es fundamental diferenciar entre problema y proceso. Es decir, no es lo mismo intervenir en el momento del problema con una charla puntual y ya, habitualmente con exceso de emoción, que dedicar tiempo a enseñarle cómo afrontarlo. 

Es normal que un niño quiera compartir o no sus juguetes, no pasa nada. ¿Por qué tenemos que estar continuamente encima para que lo haga o no?  Insisto, muchas veces la proyección de lo que nosotros pensamos o sentimos como adultos sobre un conflicto infantil pesa más que el conflicto en sí, lo que nos hace actuar inmediatamente como abogados de pleitos infantiles.  Por eso…

¿Qué hay que hacer?

Practicar en casa: Enseñar a tu hijo qué significa compartir o no, no sólo decirle lo que tiene que hacer. Lo importante es enseñarle qué significa y no lo que supone. No se comparte para quedar bien, ni hay que enseñar a los niños que todo tiene un fin y unos objetivos; eso es para adultos. El fin no es compartir. Compartir o no compartir no es un finalidad, es una elección.

¿Cómo hacerlo?

Lo importante es normalizar la relaciones humanas y su afrontamiento y dotarlas de contenido en función de las necesidades de un niño y no de un adulto. Habla con tu hijo cuando se sienta confiado y tranquilo, y abierto a la escucha y no sólo intervengas cuando hay un problema. Esos momentos de PADRE te van a ayudar a desdramatizar la situación y son además los que van a ayudar a tu hijo a no necesitar un abogado en el parque o en el colegio.

Es fundamental, por tanto, que un niño se enfrente a una situación con coherencia: Que no viva la situación con tensión, con indefensión o como un conflicto de ganar/perder porque su padre/abogado le sobreprotege y no sabe qué hacer o por qué su padre/capitánbuenrollo le trata como si la vida fuera de color de rosa y no pasa nada y hay que sonreír. Al final, si un niño hace algo por agradar a sus padres, no se está comportando como lo que es, un niño.

Así que, interésate por él antes de decirle lo que tiene que hacer. Antes de actuar por él, pregúntale: ¿Qué necesitas? Y, cuando te responda: CREELÉ y ayúdale a expresarse, no interpretes como adulto en función de tus valores y creencias lo que te está intentado decir.

Por cierto, si no sabe qué responder cuando le preguntas “¿qué necesitas?”, es que se lo tienes que preguntar más.

El problema son los deberes, sí, pero no sólo

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huelga de deberes

Se ha criticado mucho que los padres hagan huelga de deberes, pero entiendo que, como todas las huelgas, tienen una base. Si como docentes, profesores, tutores, mediadores, jefes de estudio o directores nos hemos manifestado sin pausa tras la última reforma legislativa y su ley Wert, ¿por qué protestamos si ellos también se manifiestan? Una huelga de padres es sinónimo de implicación en la tarea educativa y preocupación por el bienestar y desarrollo educativo de sus hijos porque ven algo que no funciona y lo quieren cambiar. Todo el día protestando porque los padres no se implican y ahora que lo hacen… ¿Estamos en contra?

A lo mejor a los padres les pasa como a sus hijos: Que en el colegio no se les escucha con la atención que necesitan. Como mediador escolar no puedo entender que cuando un alumno te dice que no quiere sentirse obligado a hacer deberes, la respuesta sea una amenaza o un castigo. Las escuelas deben ser para niños y no para adultos. Mientras las escuelas sigan basándose en el interés de profesores, con el lema de “lo que ponga en el libro es lo que hago”, ¿cómo no va a ser normal que los padres hagan huelga? Casi me atrevería a decir que me parece obligatorio que la hagan.

Pero para no escribir una opinión a la ligera voy a contar mi experiencia personal.

Mi experiencia personal como mediador escolar

Soy mediador escolar y durante los últimos seis años he dado clase diariamente desde 1º de primaria hasta 6º y en la ESO y Bachillerato de forma más puntual. Mis clases son de habilidades sociales y aprender a relacionarse mejor, resolución de conflictos e inteligencia emocional. He formado y puesto en marcha un programa de mediación escolar con alumnos mediadores en la ESO para poder resolver conflictos de forma pacífica. Todo este trabajo gracias al apoyo de equipos de orientación, jefatura de estudios y dirección.

Trabajando hace un par de años en 6º de primaria, un alumno se acercó un día a mi mesa y me preguntó si podía hablar con su padre para convencerle de que el sábado se iba a casa de un compañero a estudiar y decirle que no le estaba engañando. Su padre no le creía. ¿Por qué? Fácil: porque hacer deberes es una obligación que tienes ganas de saltarte para ir a jugar al futbol.

¿Por qué un hijo motivado es algo raro cuando se trata de estudiar un sábado por la tarde?

Ese curso estábamos trabajando empresas creadas por los propios alumnos. Sólo había una norma en clase: No había jefes y todos los integrantes de la empresa eran iguales entre sí. En el aula se trabajaba al ritmo que los grupos necesitaban y se autogestionaban el tiempo y el trabajo. Lo que yo hacía era poner objetivos semanales de trabajo, supervisar o resolver dudas, no imponía un ritmo de trabajo ni decía lo que había que hacer. Podían trabajar en clase, en el patio o en su casa. Ellos mismos ponían sus horarios, pero tenían que cumplir el objetivo.

¿Qué sucedía en el aula? Se generaban redes de trabajo cooperativo de forma espontánea porque alumnos de una empresa se interesaban por otras. Había competencia sana porque los grupos querían estar al día y cumplir y no quedarse desfasados. Como profesor, mi trabajo era el de mantener un clima de trabajo adecuado. Los alumnos tenían libertad para bajar al patio a trabajar o irse a la biblioteca. Obviamente, como profesor tenía que estar encima, y había días buenos y días de mucho ruido como en cualquier grupo de trabajo.

Aprendí como profesor algo que llevo pensando años y que durante los últimos he podido constatar: Es la motivación y la emoción lo que facilita el aprendizaje en el aula. Los alumnos venían más motivados a clase, preguntaban si podíamos dedicar más horas a trabajar las empresas (yo sólo tenía una hora semanal con ellos). Y como no tenía más horas, los alumnos quedaban en recreos o fuera del colegio para seguir trabajando.

He puesto en marcha este proyecto en otras aulas de educación primaria. En unas ha funcionado y en otras no. ¿En cuales no ha funcionado? En las que el control del profesor sobre el proceso educativo era tan alto, que los alumnos no sabían trabajar con libertad. O les decías lo que tenían que hacer o se aburrían. Básicamente, estos alumnos necesitaban deberes, estaban acostumbrados a obedecer y eran muy poco creativos.

Voy a contar otra anécdota: Las empresas estaban organizadas por departamentos y tenía que haber dos departamentos fijos: Contabilidad (matemáticas) y Gestión de recursos (Conocimiento del medio). Los otros dos departamentos se los inventaban los propios alumnos en función de la empresa que habían creado. Había un periódico, una empresa de campos de fútbol de césped reciclado, una empresa de coches ecológicos, una peluquería…

Todos los días, los últimos 10 minutos de clase siempre se exponía el trabajo y se compartía por si a otros grupos les servía de algo y se debatía si había preguntas. Uno de los objetivos semanales a trabajar era cerrar bien la contabilidad. Un día, un alumno encargado del departamento de contabilidad de una de las empresas expuso su trabajo en clase. Había cuadrado en un Excel las cuentas de la empresa al céntimo. Cuando llegó el tutor para la siguiente clase, le dije que le enseñara el trabajo porque me había parecido buenísimo. Y, al verlo, el tutor me comentó sorprendido que ese alumno suspendía matemáticas… ¿Alguien me puede explicar cómo un alumno de sexto de primaria que suspende matemáticas, cuadra perfectamente una hoja de contabilidad? Sólo le dije una cosa: “Es imposible que con este trabajo le suspendas matemáticas”.

En conclusión

O empezamos a pensar seriamente que la motivación y la emoción son lo que generan las ganas de estudiar y de aprender, y que es básico para el desarrollo psicosocial de un alumno en la escuela actual, o seguiremos en el mismo camino: El camino de una escuela desfasada y obsoleta, pero sobre todo aburrida, en la que no se despierta el interés en menores de edad.

Tenemos que entender de una vez que:

  • Mandar deberes no va a hacer que un alumno sea más organizado. Aprender a gestionar el tiempo, sí.
  • Mandar deberes no va a afianzar aprendizajes. Desarrollar la motivación y la emoción por aprender, sí.
  • Mandar deberes no va a hacer que aprendas que tienes que hacer cosas que no te gustan. Enseñar la tolerancia a la frustración, sí.
  • Hacer ejercicios repetitivos y aburridos no va a potenciar habilidades. Trabajar la comunicación asertiva y buenas habilidades de comunicación, sí.
  • Estar delante de un cuaderno y un libro una hora por la tarde no va a mejorar tu atención. Realizar actividades creativas, sí.

Si hijos felices – familia feliz

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[quote_center]Si mamiconcilia, hijo feliz; y si también papiconcilia, hijo aún más feliz[/quote_center]

Muchas veces nos quedamos con la percepción del adulto a la hora de afrontar la vida laboral después de la paternidad, y a veces nos olvidamos de que el protagonista indirecto de este mare magnum paternolaboral es el propio hijo.

¿Alguna vez te has planteado qué ve tu hijo cuando estás a tope y no puedes más?

Probablemente vea tus ojeras y te escuche resoplando por la falta de tiempo, la necesidad de respirar y descansar un ratito, y aunque la felicidad de ser padre te dé más alas que un Red Bull para poder con todo… ¿Qué pasa cuando verdaderamente las necesidades de nuestro hijo no son cubiertas por falta de tiempo real?

Ahora que se ha puesto tan de moda en la paternidad el tiempo de CALIDAD, creo que debemos reflexionar. Y mi primera pregunta es: ¿De dónde sale la calidad si no tienes tiempo? ¿Haces primero meditación o yoga para relajarte y dedicar calidad a tu hijo? ¿Te lo llevas de paquete mientras terminas de hacer tus “tengo que…”? ¿Le regañas o le premias por whatsapp? Si es así, corres el peligro de convertirte en un amigo más de tu hijo. Pero no. No eres una madre o un padre 2.0. Vuestra PRESENCIA real, no virtual, REAL y cotidiana es fundamental para él y su desarrollo afectivo. No solo pasas con él tiempo de ocio, sino que le educas, le hablas con un sentido, le muestras un camino… Ten en cuenta que tu hijo también va haciendo su camino, es importante que no caigas en ello demasiado tarde. Porque no solo tenemos el hijo-amigo que nos coge el ipad sin permiso y hacemos la vista gorda, sino también el hijo-adulto. Y esto, ¿qué es? ¿Será un niño que fuma o se afeita? ¿Un niño que paga la cuenta después de jugar con el ipad en el restaurante?… Sencillamente, no.

[quote_box_left]Ten en cuenta que tu hijo también va haciendo su camino, es importante que no caigas en ello demasiado tarde.[/quote_box_left]

A lo mejor lo que pasa es que tenemos que darle la vuelta al movimiento de conciliación y que sean nuestros hijos los que tengan que conciliar con el fútbol-sala o las clases de inglés para atender a unos padres desbordados por el trabajo. ¿Deberíamos plantear un nuevo movimiento #niñoconcilia, donde sean los niños los que soliciten salir antes del cole para ir a ver a sus padres? Vaya usted a saber, pero si algo está claro es que la realidad es tozuda y, si no hay tiempo, no hay. Punto. Y como nos gusta que nuestros hijos no sean absentistas por necesidad y aprendan conocimiento del medio, hay que intentar que no sea el niño el que asuma un rol demasiado protagonista en casa o en tareas domésticas.

[quote_box_right]Hay que intentar que no sea el niño el que asuma un rol demasiado protagonista en casa o en tareas domésticas.[/quote_box_right]

Una cosa es implicarse y aprender a ser responsable, valores de ayuda y compromiso personal, y otra que tenga que hacer la cama, el desayuno, acompañar a su hermano al colegio, recogerlo después del comedor y llevarlo a casa de la abuela, hacer los deberes y no tener tiempo ni para jugar a la Play antes de caer rendido en la cama.

No os acabo de describir un caso de manual, sino una realidad que me encuentro en las aulas cada día. Parte de mi trabajo es detectarlo a tiempo para poder cambiarlo.

¿Crees que tu hijo es feliz?

Permíteme a raíz de esto, una pregunta: ¿Crees que tu hijo es feliz? Porque la felicidad no se compra por mucho que juegues a la primitiva. Cuando un niño no recibe el cariño y la atención que necesita puede padecer el síndrome de carencia afectiva.

A continuación, os señalaré algunos síntomas para detectar si tu hijo tiene problemas porque le falta cariño por parte de sus padres:

  • Está más agresivo en clase
  • Más protestón
  • Cambia de amigos o está más sólo
  • Multiplica las llamadas de atención
  • Muestra falta de control (hiperactividad)
  • Indiferencia
  • Falta de respuesta ante estímulos, tristeza, apatía…

¿Esto puede pasar por falta de afecto? Sí. Por supuesto, no necesariamente estos cambios deben de darse todos juntos, pero si detectáis alguno de estos síntomas o el tutor en clase os hace llegar que vuestro hijo no está igual, está más agitado, protesta más o por el contrario está más retraído, cansado o aburrido ya es un indicio de que algo no funciona. Y si a la vez resulta que por motivos laborales no podéis dedicarle el tiempo que os gustaría, se forma la tormenta perfecta.

Hacia la familia feliz

Si te encuentras en una situación como esta, hay algunas pautas que puedes seguir:

  • Es fundamental hablar con él y tranquilizarle, sin regañarle o responsabilizarle (evitar frases como “ya eres mayor” o “tú eres fuerte” y cosas así que los adultos tenemos la manía de decir y no sirven para mucho justo cuando un niño demanda lo contrario).
  • Hay que hacerle saber que no está sólo; pero demostrándolo, aquí no valen mentiras piadosas. Hay que mostrar interés por cómo se siente y lo que necesita. Y para eso debemos preguntarle, para que se exprese en primera persona y podamos comprenderle. A veces basta con un punto de partida, necesita que reconozcamos su experiencia interna. Es mejor preguntar “¿Cómo te sientes?”, que tratar de adivinarlo.

Pero… ¿y si no tengo tiempo?

Está claro que no podemos desdoblarnos. Hay épocas de mucho trabajo, o viajes, reuniones… pero si esto os sucede: sed CONSCIENTES. Cambiad vuestra COMUNICACIÓN con vuestro hijo, sed más cercanos, no tratéis sólo de entretenerle. Así que olvidaos del IPAD. En los momentos que compartáis juntos, NADA de ipad o móviles, nada de ordenador. En esos momentos su estímulo sois vosotros, no una pantalla. Solo vosotros.

Haced de ese tiempo vuestro tiempo, daos cuenta y haced un buen uso. Cambiad eso y, mientras tanto, sigamos luchando por una conciliación real en la que los padres que no solo compartan tiempo con sus hijos mirando el reloj, sino disfrutándolo. Esto sí será tiempo de calidad. Como dijo un señor hace mucho tiempo: [quote_center]Lo mejor que podemos hacer por otro no es solo compartir con él nuestras riquezas, sino mostrarle las suyas[/quote_center]