16 semanas no son 6 meses – Victoria Quesada

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Victoria Quesada Sacristán

Nacida en 1982

1 hijo (2014)

Responsable de investigación y audiencias de televisión

gafapapas.wordpress.com

@gafapapas

8 meses de lactancia materna

Ni mucho menos, 2 años. Bien es cierto que cuando una se queda embarazada empieza la locura de hablar en semanas en lugar de meses y es fácil que cueste la traducción. Veamos: 1 mes tiene 4 semanas. Por lo tanto, si 4 semanas equivalen a 1 mes, las 16 semanas de baja maternal corresponden a 4 meses. Ahora echemos un vistazo a las recomendaciones de la OMS en cuanto a la alimentación del lactante y del niño pequeño (http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs342/es/):

inicio inmediato de la lactancia materna en la primera hora de vida.

lactancia exclusivamente materna durante los primeros 6 meses de vida.

introducción de alimentos complementarios seguros y nutricionalmente adecuados a partir de los 6 meses, continuando la lactancia materna hasta los 2 años o más.

Pues ahí está: 6 meses, o sea, 24 semanas, de lactancia materna exclusiva. Claramente, hay un descuadre de 8 semanas en las que nos las tenemos que apañar –madre e hijo- como buenamente podamos para poder cumplir no solo con las recomendaciones de la OMS, sino con nuestro propio deseo de alimentar al niño con leche materna de forma exclusiva (y a ser posible, directa, sin biberones de por medio, claro).

Os reconozco que no me puse a echar estas cuentas antes del embarazo. Ni siquiera tenía claro que quería alimentar al niño solo con leche materna, porque no “me veía” dando el pecho en cualquier parte. No sabía si me iba a sentir cómoda ni si quería que esa fuese mi única opción. Pero, en cuanto te quedas embarazada, te gusta –mucho- leer sobre todo lo relacionado con la maternidad. Y a nada que leas un poco, enseguida encuentras una cantidad ingente de información, más o menos rigurosa, sobre la importancia de la lactancia materna. Y entonces me leí, como muchas habréis hecho, “Un regalo para toda la vida”, de Carlos González. Entonces decidí que lo iba a hacer. Lo iba a intentar y lo iba a conseguir. Me siento muy orgullosa de lo que logré: alimentar a mi hijo con mi leche durante 8 felices meses; un niño sano y rollizo gracias a mi leche; la satisfacción de haberme dejado llevar y haberme liberado de los prejuicios que tenía antes del embarazo.

Casi cumplo con las recomendaciones de la OMS. Durante 5 meses y medio pude alimentar a mi niño con lactancia materna de forma exclusiva. A las 16 semanas sumé mis días de vacaciones y los 15 días de lactancia. Pero por mucho que quisiera estirar el chicle, no había más. Tampoco me podía plantear coger una excedencia, así que contemplé las opciones que tendría para compaginar trabajo con leche materna. Leí mucho –como no- al respecto. Pero, no veía que pudiera encajar bien todas las opciones en mi situación. Mi empresa no tiene ninguna sala de lactancia, como seguro que no la tienen muchas. De ser así, sí me hubiera planteado continuar. Pero, no. No me veía sacándome la leche en el minúsculo baño de la oficina. No, no me veía sentada en el wáter, rodeada de cuatro paredes de PVC a través de las cuales se escucha absolutamente todo. No me veía dejando mi leche en una de las neveras de uso público. He de reconocer que la situación me estresaba solo de pensarlo. Y el estrés no es bueno para la leche. Imagino que sacaría más bien poco y seguramente con sabor a rayos.

Así que tuve que plantear la alimentación mixta: daría el pecho en el desayuno, al recogerle de la guarde a las 4 de la tarde y en la cena (y cuantas veces quisiera el angelito por las noches). Pero había un par de tomas que le tenía que quitar y en las que, a partir de entonces, empezaría a tomar biberón de leche de fórmula. Ensayé un par de semanas antes de incorporarme al trabajo, para que no fuera tan traumático –para ninguno de los dos- con la mala suerte de que el segundo o tercer biberón le dio alergia. Entonces me planteé sacarme leche en casa después de alguna de las tomas que le diera, congelarla y descongelar el día anterior para llevarla a la guardería. Sinceramente, tampoco me vi cómoda con este método. La pediatra del niño, una madre de 4 criaturas completamente a favor de la lactancia materna exclusiva, incluso me dijo que no me volviera loca. Que me sintiera orgullosa de lo que ya le había dado y que, como desgraciadamente las bajas en España son como son y no hay para más, no tiene sentido hacer malabares y llegar al final del día no solo con la lengua fuera, sino con la sensación de no haber disfrutado nada, de no ser feliz. Así que me quedé con este mensaje y con el apoyo de mi marido, con el que conté desde el minuto 1.

La alergia se resolvió con leche de fórmula hidrolizada (especial para niños con alergia a la proteína de leche de vaca y financiada por la Seguridad Social) y las tomas de pecho en casa se mantuvieron hasta los 8 meses, cuando el nene ya comía purés de fruta y verdura y empezaba a perder el interés por el pecho. Además, ¡me hizo mi primera y única grieta! Digamos que fue un destete voluntario y necesario.

Hago balance de lo sucedido y sí, me siento orgullosa. Claro que me hubiera gustado darle más tiempo el pecho. Me hubiera encantado, pero no pudo ser. Hubiera podido forzar la situación. Podría haberme aguantado sacándome la leche en el trabajo a pesar de darme mucha vergüenza y de ser logísticamente complicado. Podría haberme sacado leche en casa, a pesar de sobreproducir, de tener que estar pendiente de congelados, de descongelados, de medidas, etc. Pero todo eso iba muy en contra de mi pensamiento zen, el que tanto reforcé durante mi embarazo. Para mí, la lactancia materna fue algo tan natural y maravilloso, que todo este montaje destruía por completo la magia que compartíamos él y yo.

Que no nos engañen: Un mal enganche, grietas, mastitis u otras dolencias, que no coja peso o que tenga frenillo… Todas estas pueden ser algunas de las causas que pongan en peligro la Lactancia Materna Exclusiva con éxito. Pero son circunstancias que, de alguna u otra manera, tienen solución. La verdadera piedra en el camino hacia el éxito de la lactancia materna es la duración de la baja por maternidad.

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