Acelerada – Inma Solís Salamanca

Este testimonio fue escrito para la segunda edición de #mamiconcilia, publicado en mayo de 2015.

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Inma Solís 

Nacida en 1973

@Inma_Solis

3 hijos (2005, 2007 y 2013)

Directora de Marketing (licenciada en Ciencias de la Información y Derecho)

Acelerada

Cuando me quedé embarazada de mi primera hija estaba radiante y feliz. En seguida lo compartí con mi familia, amigos y, por supuesto, en el trabajo. Sin embargo, embarazada de 5 meses mi jefe me comunicó que iban a buscar a otra persona para que se encargara de mis funciones de cara a mi baja de maternidad. La realidad es que fue un puesto de nueva creación por encima. ¿Fue por el hecho de quedarme embarazada? Nunca me lo confirmaron.

A partir de su nacimiento, comenzaron los problemas de la conciliación y qué hacer con la niña después de la guardería, así que entre abuelos y cuidadora me organizaba la semana, pero siempre salía de la oficina corriendo para llegar a casa y poder disfrutar un rato con mi hija antes de que comenzara el momento del baño y cena.

Cuando vino la segunda, todo se complicó ¡claro!, pero más o menos lo tenía resuelto. Por las mañanas, me encargaba de dejarlas en la guardería y por las tardes procuraba estar en casa sobre las 19-19:30h.

Pasaron unos años más o menos tranquilos en cuanto a conciliación y cuando cambié de trabajo tuve la suerte de poder trabajar desde casa durante unos meses, lo cual me daba total libertad para recoger a mis hijas en el colegio y seguir trabajando una vez que estaban dormidas.

Sin embargo, llegó el tercero. Por aquel entonces  yo trabajaba como directora de marketing de una empresa de publicidad y había negociado poder salir dos tardes a la semana un poco antes para recoger a mis hijos en colegio y guardería respectivamente. La propuesta fue aceptada positivamente, sin embargo, yo me sentía rara cada vez que apagaba el ordenador y me iba de la oficina, aunque estuviese pendiente de leer los mails en el móvil y de seguir trabajando más tarde desde casa. Hay veces que es fundamental estar físicamente en la oficina para un tema puntual. Nadie me miraba mal pero no me sentía cómoda haciéndolo.

Cuando mi hijo pequeño cumplió 10 meses salí de esta empresa, ¿tuvo que ver el hecho de ser la única mamá de la oficina? ¿O fue por tener un horario un poco especial? No lo sé, quizá se juntaron varias cosas a la vez. Creo que todo está relacionado, todo suma, o mejor dicho, en este caso “resta”. Las empresas te quieren al 120%, que no tengas horarios de salida, que respondas a los mails al minuto de recibirlos y que siempre estés ahí, dispuesta. Si eres madre, todo esto se complica.

Yo creo que en España aún estamos lejos de la situación de otros países, como los nórdicos por ejemplo, que ya para empezar las madres tienen un año de baja de maternidad. Actualmente aquí se está estudiando la posibilidad de ampliar esta baja de 112 a 122 días, no es gran cosa, pero algo es algo.

Mi día a día lo podría resumir en una palabra “ACELERADA”, desde que me levanto por las mañana, a las 7, hasta que llego a la oficina, a las 9:30 (afortunadamente en mi actual trabajo puedo llevar a mis hijos al colegio), es un no parar: desayunos, uniformes, biberón, mochilas, coletas, etc… reconozco que a partir de las 9:30 me relajo, aunque sea físicamente. A partir de las 18:30-19h otra vez lo mismo: repasar deberes, estudiar para el examen del día siguiente, comprar algún material que se necesita para plástica y hasta hacer el libro viajero de la guardería o acordarme de llevar una botella de plástico vacía para hacer no se qué… después de todo esto comienzan baños, cenas y a partir de las 9:30 llega otra vez mi momento. 12 horas después. Tengo que confesar que algunos días a esas horas, voy al gimnasio, y aunque sé que es un poco tarde, y algunas personas me han dicho que qué valor tengo, reconozco que me sienta de maravilla.

Cuando suena el teléfono estando en la oficina, a veces me digo a mí misma “por favor, que no sea de la guardería ni del colegio”, me siento mala madre cuando pienso esto pero es la pura verdad, ya que si tienen fiebre o están malitos del estómago hay que ir a buscarles, ¿y qué hago con ellos? ¡Muchas veces no tengo con quién dejarles! Otras veces se levantan por la mañana con dolor de tripa y me dicen con cara de pena que se quieren quedar en casa, pero la mayoría de las veces terminan yendo al cole y en mí se queda ese sentimiento de culpabilidad de no poder quedarme con ellos por esa reunión importante que no puede esperar.

A veces mi padre me dice “es que no tienes un minuto para hablar conmigo”, pero es cierto, no lo tengo porque ese minuto que tengo libre quiero dedicarlo 100% a mis hijos. Me encantaría pasar más tiempo con ellos pero hoy en día no es fácil conciliar y tampoco está la situación como exigir.

En definitiva creo que no lo he tenido fácil, pero no me considero diferente al resto de mujeres que deciden ser madres a la vez que quieren progresar o al menos poder compaginar la maternidad con su carrera profesional. Desgraciadamente aún estamos lejos de que esta unión sea perfecta. Como dijo una conocida periodista hace ya tiempo no hay manera humana de que tener hijos no sea un contratiempo para nuestras carreras profesionales y para nuestras bellezas”.

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