Ahora no hagáis ruidito que voy a grabar – Mamen Delgado

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Mamen Delgado

Mamen Delgado

Locutora de Publicidad, autónomo

Nacida en 1968

2 hijas (2004 y 2010)

@Mamen_locutora

Yo nunca quise tener hijos. Es curioso recordar esto ahora, cuando tengo dos preciosas criaturas de 10 y 4 años y pienso que no es que sean lo mejor de mi vida, ¡¡son lo único realmente importante!!

He trabajado de auxiliar de vuelo durante 21 años, y hace año y medio me fui de la compañía para dedicarme personalmente a mi pasión, mi familia, y profesionalmente a mi pasión también, las locuciones y el doblaje.

Me perdí muchas funciones de Navidad, visitas al otorrino, primeros pasos de la mayor, noches de Reyes, cumpleaños, risas y lágrimas. Mi vida era un “armonioso caos”, como me gustaba llamarlo. Mucho caos y toda la armonía que era capaz de condimentar. Y con 45 años tuve la oportunidad de vivir otra vida dentro de esta, y en ello estoy.

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Ahora duermo en mi casa todos los días, estoy cerca de mis hijas todos los días y disfruto de las risas y las lágrimas con una consciencia extraordinaria. Me organizo mi agenda de trabajo en los estudios de grabación y tengo en casa el mío propio que me permite terminar de grabar una locución para un cliente de Canadá mientras la tortilla de patatas se cuaja en la cocina a fuego lento. Situación real vivida hace unos meses. Cuando mi hija pequeña juega a mamás y bebés con sus muñecos les suele decir: “Ahora no hagáis ruidito que voy a grabar…” y a mí me invade una ola de Amor con mayúsculas cuando la escucho, e incluso al recordarlo.

Con la mayor no fue así. Ahora tiene 10 años pero recuerdo perfectamente cuando tenía 6 y yo regresé de una línea de siete días en Montevideo. No me hablaba. No me miraba a los ojos. No quería abrazarme. Se había roto la magia. Siempre que me iba se rompía la magia y cuando regresaba tenía que recomponerla. No pasaba nada, era mi precio a pagar, pero era como un jarrón roto. Podrás recomponerlo y nadie notará las grietas, pero el jarrón está roto y tú lo sabes.

Y la conclusión para mí era clarísima: yo no le inspiraba confianza. Veía a mi hija como un animalito indefenso en busca de protección. Es cuestión de supervivencia, y ¿quién le garantizaba esa supervivencia? Javier. Por suerte para las tres tenemos un maravilloso pilar en el que apoyarnos, magnífico padre y delicioso compañero de vida. Siempre al quite. Yo por mi parte me consolaba pensando en la calidad del tiempo que les ofrecía cuando estaba en casa, con la maleta aparcada, tiempo exento de estrés o de trabajo por hacer. Pero ahora que ofrezco mucha cantidad siento una conexión con ellas y ellas conmigo que antes no teníamos. Yo soy otra mujer, otra madre, y ellas son otras hijas, y la energía en casa ha cambiado radicalmente. Y las conversaciones con mi hija mayor han mejorado también fruto de esa confianza que ahora le inspiro.

A día de hoy tanto Javier como yo trabajamos en casa muchos días y esto aporta mucha estabilidad a la familia. Las niñas solo piden que estemos cerca, no importa los planes, no necesitan grandes planes. Solo necesitan que esté cerca para sentirse protegidas. Como los animalitos…

Ahora saben con todo su ser que pueden contar conmigo.

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