Al cole sin cartera – Nacho Caballero

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Nacho Caballero Botica

Nacido en 1975

Director creativo en Monólogo Sapiens

2 hijos (el primero nacido en 2014; la segunda nacerá en febrero de 2016)

www.monologosapiens.com

@nachocaballero_

Al cole sin cartera

Cuando era pequeño tuve un profesor que me cambió la vida a los ocho años. Despertó mi creatividad literaria, fue mi profesor Keating “oh capitán, mi capitán”.

Manolo se llamaba y fue el primero que impregnó en mi mente un recuerdo sobre la conciliación. Jamás nos mandaba deberes para casa. De hecho, durante tercero y cuarto de EGB yo iba y venía al colegio sin la cartera. Ella dormía en mi silla del cole. Además de conciliar, mi espalda infantil estaba muy agradecida.

Hasta los nueve años lo único que hice en mi vida fue ir al colegio y jugar. Hasta que un día escuchando música con los cascos de mi padre, me los quité y le dije a mi madre que quería estudiar Piano. Tardé nueve años en encontrar lo que me gustaba. Qué distinto es esto ahora, que los padres apuntan a sus hijos a diferentes actividades extraescolares, para que encajen en su puzzle de la “no conciliación”.

Un poco más adelante, a los 21 años, lideré un proyecto empresarial en el que sigo inmerso 19 años después. Lo has pillado, ya tengo cuarenta. Desde el principio, en cada entrevista de trabajo que he realizado con becarios que han hecho prácticas con nosotros, siempre les he dicho que “no quiero héroes”, que cada uno tiene su horario y se cumple. Tras una leve sonrisa remato mi frase diciendo “en las horas que estés, trabajo no te va a faltar, porque lo tenemos muy organizado”. Creo que esa es una de las claves de la no conciliación, las fugas de tiempo que se dan porque los responsables de organizar y delegar el trabajo, no han hecho su trabajo adecuadamente.

Mi jornada laboral comienza a las seis de la mañana y termina a las dos de la tarde. Madrugón pero tarde libre. Esa circunstancia desde hace muchos años me ha permitido tener dos vidas. La laboral y la personal, en la que he desarrollado otras facetas que me hacen sentir realizado y feliz.

Con esta estructura vital, me convertí en padre a nivel oficial hace diecinueve meses (y quinientas noches sin dormir). Digo lo de “nivel oficial” porque un padre no lo es realmente el día que nace su hijo. Me convertí en padre cuando le di a mi hijo el bien más preciado que tengo y que no se puede ahorrar: mi tiempo.

Dar a mi hijo Óliver todas mis tardes desde que nació, le ha convertido en mi hijo y a mí en su padre. Las mañanas las ha pasado con su madre. En esta ecuación no aparece ningún abuelo ni abuela, porque soy de los que piensa que el día de mañana yo tampoco quiero ser el “padre de mis nietos”.

Nuestro hijo, para bien y para mal, se parece a nosotros y podemos decir sin rubor que duerme fenomenal y come de igual manera. Es simpático, alegre, sociable y como apuntó su profesora de guardería en un cuaderno cuando nos conoció, “es un niño feliz”.

Igual es por el tiempo que hemos decidido dedicarle. Porque es nuestro hijo. 

PD: el prime time comienza casi a las 23:00 menos cuando hay Champions que tiene horario europeo: 20:45. Con audiencias millonarias.

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