Cambiemos el chip – Marcos Pérez

Este testimonio forma parte de la 3ª edición de papiconcilia. Puedes descargarlo visitando la entrada sobre el lanzamiento de la 3ª edición

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Marcos Pérez

Nacido en 1982

2 hijos (2015)

Gestor informático

@padreenstereo

Cambiemos el chip

Me he pasado media vida conciliando, bueno, intentándolo, porque al final no concilias ni el sueño.

Nunca he sabido estarme quieto y, para colmo, suelo transformar mis aficiones en responsabilidades. El reflejo más fiel de eso ha sido la música. Bien sea trabajando (muchas veces voluntariamente, sin cobrar vaya) como dj o bien sea formando grupos de música en los que, por supuesto, me gustaba estar a la cabeza organizando ensayos, salas de conciertos, imagen, difusión y promoción web y el hobby acaba siendo un lastre.

Además de eso a los 16 decidí empezar a trabajar mientras estudiaba, que es al fin y al cabo otra conciliación diaria. Ha habido años que me he juntado estudios, trabajo, novia, grupo de música y trabajo de dj. No me extraña que haya acabado tan tarado.

Y si, gran parte de la culpa de haber acabado agobiado ha sido mía, suele ser nuestra. Nos auto exigimos. Pero además cometemos uno de los primeros grandes errores: pensar que el trabajo es lo primero.

Podemos recurrir a los argumentos de hipoteca, comida, gastos en general para indicar que el trabajo debe ser lo primero. Pero ha sido esa mentalidad dócil la que ha hecho que sea más fácil atarnos. Y no seré yo quien invite a la revolución desde aquí. No estoy para liderazgos ahora mismo pero sí que invito a que al menos cambiemos el chip.

Mi última y actual experiencia laboral comenzó por casualidad, no la estaba buscando. Me había conformado con un trabajo técnicamente menor al que puedo desempeñar sólo por comodidad geográfica y horaria de cara a nuestro proyecto más deseado: tener un hijo. Pero un día me mandaron un mail al que no hice mucho caso y una tarde de aburrimiento, días después, repase el mismo correo y era una oferta de trabajo directa que me molesté en contestar con una actitud de “por pedir, no pierdo nada.” Y cuál fue mi sorpresa cuando había una oferta seria tras ello.

Sin entrar en detalles de los procesos de selección y la magia de las contratas y subcontratas acabé en un buen puesto de trabajo, con un buen contrato y unas buenas condiciones. Era el momento perfecto porque al poco de entrar nos dieron el notición. Estáis embarazados. ¡BOOM! De mellizos. ¡BOOOOOOOM!

De cara al trabajo, mi reacción inmediata fue echarme a los hombros más responsabilidad. Como si sobreimplicarme fuese a garantizarme una estabilidad que ya tenía. Me hice con un Smartphone de doble SIM para poder tener mi numero personal y el del trabajo siempre disponibles y me instalé en el mismo los dos correos corporativos cuando en mi puesto de trabajo no es necesario estar disponible fuera de la oficina. Pero a su vez tenía una sensación de agobio con la cantidad de horas que me iba a absorber el trabajo y el trayecto. (1h10m de ida + 8h de jornada + 1h de comida + 1h30m de vuelta, que siempre la frecuencia de transporte es algo peor a la vuelta).

No sé cuál fue el proceso real de cambio de actitud, pero hubo un día que decidí quitarme los correos, total, no entraba nada fuera de hora. También quité la segunda SIM y la devolví al terminal de empresa, el cual se empezó a quedar a dormir en el cajón según salía del despacho.

Llegado a este punto, mi aportación no puede ser otra cosa que positiva. Es positiva porque, aunque aún queda mucho por recorrer, se empiezan a ver cambios y no solo en empresas pequeñas y nuevas, también en las grandes, como es mi caso.

Mis condiciones de conciliación no son las óptimas, desde luego. Ni trabajo desde casa ni he tenido la opción de pedir una reducción de jornada que me salga a cuenta a cambio de lo que dejas de cobrar, pero tengo un equipo humano, sobre todo por parte de mis superiores que COMPRENDEN. Y para mí esa es la base de todo.

Comprender a tu empleado, saber que tiene una vida más allá de las 8 o 9 horas que se pasa allí, unas dificultades, retos, responsabilidades, hace que os pongáis ambos las cosas más fáciles, que mejore la comunicación y la confianza y, por supuesto, la producción. Sin contar con que si algún día debe quedarse por necesidades del servicio, la actitud con la que se afronta es distinto.

En mi caso, como decía, tele-trabajar no puedo, pero sí de forma esporádica ya que motu propio mi jefe me ofreció los medios para conectarme en remoto por si algún día los mellizos estaban malos, habíamos pasado una mala noche o simplemente tuviese algún compromiso que me retuviese o dificultase el día. Esa misma actitud se muestra en una libertad de horario por la que si algún día, por las mismas razones, necesito entrar antes y salir antes o al revés, puedo hacerlo. Sin contar con ausentarme antes si es necesario y no está planeado.

Son pequeños detalles, unos primeros pasos, pero creo que son los que más cuesta dar y por fin está sucediendo. Espero que cada vez en más sitios.

A día de hoy sigo estando una cantidad de horas enormes fuera de casa por el trabajo, pero con la tranquilidad de que si lo necesito, mi trabajo me permite conciliar, aunque sea en momentos puntuales. Pero creo que estos privilegios (que deberían ser derechos, en eso estamos todos de acuerdo) no los hubiera disfrutado sin mi cambio de actitud inicial.

Al fin y al cabo, conciliar empieza por uno mismo.

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