Conciliar me costó mi categoría profesional

Inma De la Concepción Vidal

Inma De la Concepción Vidal.

1 hija (2000)

Periodista-redactora (1988-2012)

Licenciada en Psicología

Desde 2012, CEO de Con hijas y a lo loco 

@conhijasaloloco

Conciliar me costó rebajar mi categoría profesional

Turnos de trabajo inhumanos: de madrugada, de fin de semana, interminables jornadas partidas y escaso compromiso por parte de mis jefes. Ha sido mi recorrido personal para conciliar. Me resultó dificilísimo, después de una maternidad largamente esperada y muy deseada. Asistir a los momentos cruciales del crecimiento de mi hija ha sido mi principal objetivo. Acompañarla en su descubrimiento de la vida me continúa produciendo una alegría que no tiene precio.

Pero ha sido un mar de sinsabores en mi puesto de trabajo, hasta que la niña cumplió 11 años. Porque soy periodista y se empeñan en hacernos creer que es una profesión que no tiene horario. Si hay que echarle horas, pues ahí estamos los vocacionales plumillas para decir “¡paren las máquinas, última hora!”.

Cuando nació mi hija estaba en turno de fin de semana. Significaba que trabajaba desde la tarde del Viernes hasta la noche del Domingo. Cuando la veía ella ya estaba dormida, pero me compensaba pasar con ella de Lunes a Viernes. Las presuntas bondades de este turno se acabaron cuando crecía y me perdía los principales acontecimientos de los fines de semana. No podía compartir el ocio con familia y amigos: reuniones, cumpleaños, excursiones…etc.

Pedí cambio, y lo tuve. Me ofrecieron trabajar de lunes a viernes, de 10 a 7 de la tarde. Una jornada partida que raramente finalizaba a esa hora. Además, el pacto con mi jefe había incluido librar el día de Reyes, pero llegó el 6 de Enero y no cumplió lo prometido. (Los informativos se emiten incluso los festivos). “El que tiene hijos se tiene que aguantar”, dijo mi editor. Después pasé al primer informativo matinal. Me levantaba a las 3 de la madrugada ya que entraba al trabajo a las 4. Podía recogerla del cole y me sentía una “madre normal” los fines de semana. A cambio, me acostaba a las 8 de la tarde, y en España es prácticamente imposible dormir a esa hora, y menos obligar a que se lo haga el resto de la familia.

Por fin llegó el ansiado turno de mañanas de jornada continua. Todo encajaba. Hasta que a la vuelta de una baja por enfermedad decidieron que tenía que reincorporarme al turno de madrugada. Imposible acompañar a mi hija en sus tareas escolares, puesto que por las tardes me caía de sueño. Y decidí que por ahí ya no pasaba. Pese a que mi jefe era una mujer y madre, no aceptó mi petición de un horario compatible con mi familia. Sólo cedió cuando se lo pedí por registro de entrada, para que quedara constancia. Me hizo firmar el horario de mañanas, en jornada continua. En seguida descubrí el precio que tuve que pagar: me asignaron un trabajo inferior a mi categoría profesional. Lejos de considerarlo una humillación –que lo era-, aproveché para relajarme y disfrutar de mi familia. Supongo que a otras compañeras les fue mejor: en muchos casos la conciliación depende de tu inmediato superior. De esto han pasado ya 7 años y han cerrado el medio en el que trabajé. Con esta distancia veo cuánto cuesta en algunas profesiones la conciliación y lo mucho que  queda por hacer para garantizar un derecho a la crianza digno y humano.

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