Yo concilio, ¿tu concilias? – José Escribano

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José Escribano 

Comercial

1 hijo (2016)

@FamilyTrooper

stormtroopersfamily.wordpress.com

Yo concilio, ¿tú concilias?

Hace unos días conseguimos una meta muy importante para nuestra familia, conciliar la vida laboral con el trabajo mediante la reducción de jornada. Os cuento cómo pasó todo.

Cuando supimos que nuestro pequeño estaba de camino nos surgieron muchas preguntas, ¿cómo será? ¿Tendrá sus ojos o los míos? Y lo que más nos preocupaba: ¿cómo haremos en el trabajo? Mami es autónoma y papi asalariado, por lo que teníamos muchas variables y futuras decisiones que tomar.

Con los meses y muchas charlas, lo íbamos viendo claro, todo apuntaba a que sería yo quien reduciría su jornada laboral. A bebecito aún le quedaban unos meses para estar en nuestros brazos, así que disponíamos de tiempo por si nos asaltaba alguna duda más, aunque parecía firme y más que seguro. Aita (papá en euskara) se encargaría del peque por las tardes una vez que amatxo (mami en euskara) acabara la baja de maternidad.

Una vez tomada la decisión, venía la ardua tarea de informarnos sobre cómo lo debíamos hacer y a quién debíamos acudir. Eran las cuestiones que más nos rondaban por la cabeza. Sabíamos que no sería nada fácil. Para las empresas estas cuestiones no suelen ser de su agrado por muy legales que sean y por muchos derechos que tengas.

Buscando información, dimos con un bufete de abogados dedicado a llevar este tipo casos. Nos pusimos en contacto y organizamos una cita para que nos explicaran los pasos que debíamos seguir. Como ya sabíamos, nos comentaron que debíamos esperar a que acabara el permiso de maternidad para que yo pudiera comenzar con la jornada reducida. Pero antes de nada, habría que redactar una carta con la jornada que iba a realizar para notificárselo a la empresa, una vez concluida la baja de amatxo.

Y, sin apenas darnos cuenta, llegó el día de hacer entrega de la notificación. Imprimí dos copias, me dirigí al despacho de mi jefe y le comenté nuestras intenciones. Lo que sucedió durante la charla fue inimaginable, jamás hubiera pensado que cuidar de mi hijo, para una empresa, fuera una anomalía. Salí del despacho con cara de poker, no creía lo que acababa de pasar, la conversación había tomado unos tintes que no pudimos imaginar cuando hablábamos de las posibilidades que podrían ocurrir. Aún con el susto en el cuerpo, llamé a mi pareja y se lo conté, alucinó tanto como yo. Sin embargo, no fue en esa conversación cuando obtendría la respuesta por parte de la empresa.

Entonces, ¿ahora qué?

Teníamos que esperar la respuesta pero no llegaba. Pasábamos los días haciendo nuestras cábalas, veíamos que la respuesta era muy fácil. Es un derecho de todo trabajador. Durante las siguientes semanas vi que habían hecho algunos cambios en mis tareas diarias, ¿quizá con intención de asustarme o de intentar que me echara atrás? No cambié mi decisión, lo teníamos muy claro y llegó el día de irme de vacaciones, las habíamos cerrado mucho antes de que todo esto ocurriera.

Intenté desconectar del todo, no acordarme de que aún no me habían respondido, a pesar de que pasaron varias semanas desde que presenté la carta. Cuando volví no pasó nada, no hubo llamadas al despacho, silencio absoluto. Empezaba mi conciliación familiar y había que acostumbrarse a las nuevas rutinas. Pero, sobre todo, a disfrutar de mi pequeño y de nuestro merecido tiempo juntos.

Conciliar no es fácil, pero si entre todos sumamos, conseguiremos que sea lo normal. Y tú, ¿has conseguido conciliar?

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