Elegir. No renunciar – Susana Ibáñez

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Elegir No Renunciar

Susana Ibáñez Dionisio

Nacida en 1967

Directora Marketing Publicitario Condé Nast España

2 hijos

Elegir. No renunciar

La verdad es que yo llevo “conciliando” desde bien pequeña… No es algo que haya probado o aprendido al combinar trabajo con maternidad, sino algo que practico habitualmente y que, modestia aparte, ¡creo que hago bastante bien!  Y es que yo creo que las personas somos una suma de roles y es imposible sumar todos ellos y salir airoso si no es conciliando, ya sea trabajo con maternidad, con familia, con amigos, con pareja, con hobbies, con tiempo para uno mismo…

Creo que una vida feliz es cuestión de equilibrio, de encontrar esa fórmula que quizá solo te funciona a ti, pero en la que todas las variables importantes están representadas y con la ponderación adecuada. Soy una persona muy trabajadora, pero nunca he perdido de vista que mi vida necesita nutrirse de mis amigos, de mi familia, de encontrar esos pequeños momentos para mí que aún hoy, madre soltera de dos niños indios, de 11 y 8 años, sigo conservando como un preciado tesoro, aunque sea a costa de dormir menos horas o de priorizar sobre tareas menos importantes. Una mujer que siente que hace “renuncias”, en lugar de “elecciones”, no puede transmitir alegría ni aprovechar aquello que la vida le regala en cada momento.

Quizá es porque tuve la suerte de vivir momentos profesionales muy interesantes y enriquecedores antes de los 30 y de ser mamá y tengo esa parte muy satisfecha o quizá es porque no soy demasiado ambiciosa y a mis 46 años he entendido cual es mi fórmula secreta. Cuando era más jovencita y trabajaba en publicidad, a pesar de que muchos de mis compañeros se quedaban horas y horas para que nuestros jefes les viesen, yo siempre tuve claro que me apetecía conciliar mi trabajo con mis clases de danza o de fotografía y una vez terminada mi tarea, me marchaba bajo la mirada inquisitiva de varios de ellos que internamente estoy segura de hubieran hecho lo mismo. Supongo que va en mi ADN, pero tengo la suficiente seguridad para afrontar esas decisiones con total convicción, nunca hubo nadie que pudiera echarme en cara que por salir a una hora decente, mi trabajo no estuviese correcto en tiempo y forma. Quizá ese es uno de los secretos para venir a trabajar contenta cada día…

Y hoy por hoy, incluso trabajando en un departamento de marketing, es algo que sigo practicando y que potencio en mi equipo. Es cierto que no todo el mérito es mío, tengo la fortuna de trabajar en una empresa con un 90% de mujeres y con una Dirección que entiende la flexibilidad, que mide por resultados y no por horas, tenemos un horario envidiable y unas condiciones que han permitido que pueda disfrutar de la maternidad al 100% y no perder el tren de mi carrera. Tengo un puesto de directiva de un área que me permite organizar muy bien mi trabajo, un equipo fantástico de mujeres a las que entiendo de maravilla y por eso juntas hacemos que esto funcione. Y probablemente si quisiera llegar más lejos podría intentarlo pero ahí es cuando me planteo si el cambio de equilibrio valdría la pena, no solo para los que me rodean, sino para mí.

Si por formar parte de proyectos más importante, por viajar más o ganar más, mis hijos y yo seríamos más felices… Por supuesto es algo que uno se cuestiona en algún momento, si seguirás haciendo lo mismo con 50 o con 60 años… si quizá no debería dar un paso más y “asegurarme” un puesto clave antes de que las nuevas generaciones te quiten de en medio… Y entonces pienso que todo esto que hago ahora o que pudiera hacer pasará a la historia rápidamente, sin embargo la huella que deje en mis seres queridos será más perdurable y es entonces cuando decido conscientemente que mi mejor trabajo tiene lugar cuando llego a casa a partir de las 19h.

Ahí es cuando paso de mis tacones y mi bolso chulo a ponerme la pinza en la cabeza, a comerme un buen trozo de chocolate con mis hijos para coger energía y a ser mamá. Entonces es cuando empieza la supervisión de los deberes junto con mi querida amiga María que me ayuda a recoger a mis hijos cada día en el cole. Después, ya solos los 3, empieza el baño, hacemos la cena, y mientras mis peques desconectan con sus juegos es cuando yo hago la compra por internet, cuando coso un rato, consulto mi Facebook, recojo la casa y cuando veo algún capítulo de mi serie o programa favorito (mejor si podemos verlo juntos aunque eso suponga que todos durmamos menos ¡¡porque tenemos mucho tiempo que recuperar!!). Mis tardes/noches tienen más horas de lo normal, me acuesto agotada, pero duermo como un ángel, satisfecha de saber que me entregué a tope, en el trabajo cuando era el momento y a mi familia cuando tocaba.

Y cada mañana me levanto feliz de saber que llega otro día intenso, elegido, no perdono el arreglarme, el maquillarme, el desayunar bien, el venir al trabajo con mis mejores ropas, no me permito verme mal porque yo soy consciente de lo que he elegido y para mí es un honor tener un trabajo así y ser madre de mis hijos.

Me paso el día haciendo listas en las que disfruto tachando todo aquello que remato o añadiendo nuevas tareas, hago mil cosas a lo largo del día , y me esfuerzo por concentrarme en aquello en lo que estoy y no perder el tiempo en cosas sin importancia. Debo agradecer también a mi familia el apoyo que me prestan, tanto a nivel moral como cada vez que les necesito para asistir a algún evento o alguna cita médica a que yo no puedo ir ¡y por supuesto,  en esas largas vacaciones escolares!

Con los años he aprendido que necesito ayuda, que a veces uno solo no puede con todo, aunque sea para desahogarse, para compartir opiniones o para que te echen una mano y yo la acepto encantada.

He aprendido que esto no va sólo de contentar a los demás, de que tengan una determinada imagen de ti, de que te crean capaz. Lo que hago lo hago por mí misma, puedo trabajar como la mejor, ser madre, ser pareja, ser amiga, ser hija, hermana, ser yo misma y conseguir todo lo que me proponga. Yo no quiero ser ni soy una “supermujer”, quiero ser una mujer “súper”.

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