Enseñar a aprender es un reto para nuestros hijos y para nosotros

Aprendemos mejor cuando nuestros procesos cognitívos en el aprendizaje se emparejan con objetos físicos y movimientos o gestos.

Mi hijo, a poco de cumplir dos años, cada vez que le preguntas si sabe contar, repite del 1 al 12 los números casi sin pensar. La mayoría de las veces en orden; otras, los números saltan de un lado a otro comenzando por el 5 y terminando por el 9.

Cuando le preguntas por las letras es diferente, las canciones que tienen casi todos los juguetes “educativos” hacen que repita una y otra vez el abecedario perfectamente con la misma cadencia y entonación que la canción (lo que resulta muy divertido al llegar a la v y w).

Cuando vi que podía “recitar” de memoria los números del 1 al 10, empecé a dibujar palitos que se equiparasen a las unidades que representa cada uno de los números, pero sin ningún éxito. Realmente él no sabe para qué sirve contar ni la relación entre el número y las cantidades que representa, con lo que cuando le dices que coja por ejemplo cuatro galletas, come todas las que le caben en la mano, es decir, más de una es un montón.

Realmente tenemos que “trabajar” jugando más con la relación entre números. Esto es importante ya que además de saber el por qué de las agrupaciones para contar en los libros de texto de nuestros hijos que nos encontraremos más adelante, si las agrupaciones son familiares para nuestro hijo, conoce la relación entre los números y sabe cuál viene después de cada uno, esto le servirá para aprender a sumar y sumar de forma efectiva.

Aprender términos abstractos es… raro

Con el lenguaje pasa lo mismo, por ejemplo con el tiempo. Para un adulto, la comprensión del tiempo es algo natural ya que corremos contra el reloj desde el momento que nos levantamos de la cama. Para nuestros hijos pequeños, no, y de hecho cinco minutos más pueden significar 10 minutos, 20 minutos, dos minutos… En este ejemplo, para que comprendan ese significado la manera más sencilla es enseñar con nuestras manos un periodo de tiempo de modo que cuando sea pequeño juntemos más las palmas y si es más grande las separemos.

Todo esto ayuda a nuestros hijos con su desarrollo y nosotros disfrutamos así de la manera en la que sus cerebros se desarrollan.


Foto: https://www.flickr.com/photos/lupuca/8720602322 con filtro sustitución de color aplicado.

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