Entonces…¿no te planteas volver a buscar trabajo…? – Ángeles Guisado

Angeles Guisado es abogada y colaboradora del movimiento #mamiconcilia. Este testimonio fue escrito en mayo de 2015 para incluirlo en la 2ª edición de #mamiconcilia.

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angeles-guisado-testimonial

Ángeles Guisado 

Nacida en 1982

@corita_agc

1 hijo (2014)

Abogada

Esto es lo que me preguntó mi mejor amiga un par de semanas después de contarle que iba a quedarme a cuidar a mi hijo y no me reincorporaría a mi trabajo al finalizar mi baja maternal. -“Sí, claro, cuando Nico cumpla el año, más o menos”.

– “Ah…vale, vale…”.

Reconozco que me molestó un poco su pregunta por lo que tenía de trasfondo. ¿Cómo podía pensar que no iba a volver a buscar trabajo nunca más si solo le había dicho que me iba a quedar unos meses con Nico? Pero para ser justos, seguramente esa es la reacción que yo hubiera tenido hace un año, porque lo cierto es que mis ideas sobre la maternidad y la conciliación de antes y después de ser madre se parecen bien poco.

Pues sí, mi marido y yo hemos decidido que me quedaré en casa a cuidar de Nico hasta que cumpla su primer añito. Lo decidimos cuando Nico cumplió el mes, de forma muy natural. Ya desde el embarazo habíamos pensado criar a nuestro hijo con lactancia materna exclusiva los primeros seis meses, lo que en el caso de Nico, que nació prematuro, se alarga algo más. Con esta intención, las dieciséis semanas de baja maternal se quedan ridículas y totalmente insuficientes.

Aún hoy es algo que no alcanzo a comprender. Cómo puede ser que la OMS recomiende la lactancia materna exclusiva durante seis meses y en España solamente tengamos 16 dieciséis semanas de baja (vamos, tres meses y medio). Y dos semanas para los padres, que también es bastante sangrante aunque ellos no amamanten. Reclamamos que los padres se impliquen en la crianza de los hijos a partes iguales con las madres pero después se impone esta realidad de las dos semanas que, como sabe cualquiera que haya tenido hijos, se esfuman entre el papeleo y preparar unos tuppers.

Volviendo a mi historia, no sé si influyó la reacción de mi amiga o sobró con los prejuicios que ya trae una puestos, pero lo cierto es que no me atreví a contarle a mi madre nuestra opción de crianza. Se lo dije a mi padre y a mi hermana y dejé que el tiempo hiciera el resto. Lo hice sin ser consciente de ello, la verdad. Y cuando caí en la cuenta entendí el por qué: me daba vergüenza contarle a mi madre, una mujer nacida en los años 50, que había desafiado al machismo de su época y a la idea de que el único sitio de la mujer estaba en casa con sus hijos, que yo iba a meterme allí voluntariamente después de todas las oportunidades que había tenido. Y es que pertenezco a la generación a la que nuestros padres nos dieron todas las herramientas que tenían a su disposición para que el mundo fuera nuestro. Yo me vine a Madrid a estudiar Derecho y Empresariales en una buena Universidad y después me preparé las oposiciones a Notaría durante unos años. Muchas oportunidades. No menos expectativas. Y con este panorama, a veces es difícil que tu entorno entienda que vas a aparcar tu carrera profesional.

Huelga decir que a mi madre le pareció fenomenal nuestra decisión -salvo alguna mención aislada a que tendré que volver a trabajar cuando el niño tenga un año, “por ti, hija, que al final todos los niños se han criado en las guarderías y estáis fenomenal”-. Pues lo dicho, que es una idea difícil de digerir al principio.

Así que yo no consigo quitarme de encima esa sensación de tener que justificar constantemente nuestra opción. De tener que justificarla yo, porque nadie le pregunta a mi marido por qué no se ha cogido una excedencia para cuidar a su hijo o por qué no se ha pedido una reducción de jornada. No obstante, mi opción es cuestionada –con mucha amabilidad y cariño- por casi todos. Una familiar, también madre y de mi edad, al comentarle la posibilidad de solicitar una reducción de jornada en mi trabajo, me soltó: “Yo que tú no lo haría. Algún día se irá de casa y ni te lo agradecerá”. Me quedé tan impactada que fui incapaz de contestarle.

Pero no hace falta ser familia, amigo íntimo o ni siquiera conocido para opinar sobre mi elección, no. Jamás había escuchado tantas opiniones de gente que no conozco sobre un tema tan personal. Hasta el camarero del bar que hay enfrente de mi casa tiene una opinión al respecto y, por supuesto, nos hizo partícipe de ella. Una tarde, cuando mi marido y yo salíamos de casa a pasear por El Retiro con Nico y nuestro perro, le espetó: “No seas muy duro con ella, hombre, que demasiado tiene con estar todo el día paseando”.

Toma ya.

Está claro que me resulta indiferente lo que piense ese camarero. Vamos, ese y cualquier otro, mis compañeras de la universidad, el pediatra de Nico o la vecina del 4º, pero es un ejemplo muy claro de lo que nos sorprende que una madre joven decida quedarse en casa a cuidar a su hijo.

Pero yo estoy encantada con esta situación. Claro que me molesta tener que elegir entre mi carrera profesional y mi hijo (me preocupa cómo se entenderá este agujero en el currículum…), pero mientras en este país no sea un valor tener hijos –esos que pagarán nuestras pensiones, sí-, mi familia tiene que elegir. Y no, no me aburro -como ya me ha preguntado alguna-, y sí, sigo leyendo diariamente las novedades legislativas y la jurisprudencia para mantenerme al día –no temáis por mí, no veo la telenovela- y no, no me siento menos útil que antes –mi utilidad no estriba únicamente en traer un sueldo a casa- y sí, me siento igual de realizada e igual de mujer que antes. 

Así que sí, nacida en los 80, licenciada, con carrera profesional, y decido quedarme en casa a cuidar de mi hijo. Y cómo lo estoy disfrutando.

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2 COMENTARIOS

  1. Impresionante… mientras leia el testimonio de angeles he sentido que me miraba al espejo. Estudie en icade, derecho y ade, cursos en el extranjero, oposociones a registros… y hoy estoy en casa, cn el niño en el pecho mientras escribo esto, descubriendo una nueva yo que no existia antes de ser madre. Me ha impactado sertirme tan identificada, comentarios de gente, de mi madre, de mi padre… de una generacion en q la leche de fórmula se puso de moda xa facilitar la vida a la mujer trabajadora. Mi madre autonoma de exito en aquella epoca no entiende que haga hoy lo q hago… es dificil nadar acontracorriente cuando “tienes el mundo a tus pies”…

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