Cada vez que voy al parque con mi hijo me encuentro con la misma situación: – “Pablo déjale al nene el coche y así jugáis juntos” – a lo que Pablo en este caso mira como diciendo “¿Qué?” con cara de ponerse a la defensiva.

Compartir en este caso se convierte más en un castigo que en otra cosa cuando además el pobre Pablo estaba jugando tranquilamente y no es el culpable de que nosotros dos hayamos llegado al parque.

A las negativas de Pablo, su cuidador o cuidadora alega “tiene que aprender a compartir”…

Pero ¿realmente tiene que aprender a compartir? ¿o quizá es mejor que aprenda a tomar turnos? Lo que sí hago es aprovechar y mostrarle a mi hijo que debe respetar la propiedad del resto de personas, en este caso el coche del pobre Pablo y con esto nos solemos ir a buscar un palo, taco de madera o lo que pillemos para simular que es un coche, un avión, un helicóptero, un trozo de tarta, un destornillador… las oportunidades son infinitas después de leer Educar en el asombro.

No digo con esto que enseñar a compartir no sea importante, que lo es. Es una cualidad, pero debe salir de ellos y entre medias aprovecho para enseñarle otras cosas también útiles.

Tomar turnos se vuelve muy importante para formar parte de juegos colaborativos: cuando sólo hay un coche, como en el ejemplo de Pablo, no se puede jugar a la vez con el mismo coche y sin embargo mientras uno hace la carretera, el otro juega con el coche y después se intercambian los papeles.

Por otro lado, si en casa le enseñamos que ciertos objetos son suyos y llega al parque y le decimos que tiene que compartirlos… ¿no les estaremos haciendo un lío?

Quiero que mi hijo aprenda a compartir, pero también a cooperar y respetar turnos sabiendo ser paciente, que reconozca lo que es de su propiedad y propiedad del resto de personas y también a que encuentre vías de redirigir su atención hacia algo nuevo cuando las cosas se “complican” y Pablo ejerce su derecho a seguir jugando con su coche.

Mi hijo en alguna ocasión no ha querido dejar algún juguete con el que estaba jugando, según el día y el momento, y hay que respetarle. Pero normalmente sí que lo ha hecho, viendo cómo el juguete volvía al rato y con la ventaja de hacer más amigos y probando nuevos juguetes.

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