La cuadratura del círculo – Jorge Romero

Este testimonio fue escrito para la primera edición de #papiconcilia en Agosto de 2014.

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JORGE ROMERO

Nacido en 1973

Matrona en Hospital Universitario Valme.

Profesor asociado clínico en el Centro Universitario de San Juan de Dios adscrito a la Universidad de Sevilla.

3 hijos (2003, 2005 y 2013)

@jorge88b

La cuadratura del círculo

Soy padre separado de 3 hijos (tienen 11, 8 y un año y medio), dos de ellos de mi primera pareja y la tercera con mi mujer actual.

Como padre me gusta pasar tiempo con mis hijos: estoy convencido que la educación y tus valores se consiguen a base de horas de convivencia. Defiendo la crianza natural, respetada, desde el nacimiento, el parto respetado, la lactancia materna, el baby lead weaning, la alimentación saludable, etc.

Soy Matrona, Profesor Universitario a tiempo parcial y disfruto del deporte, me gusta correr y soy miembro de un equipo de triatlón amateur. Disfruto con mis profesiones y mis aficiones. Soy un afortunado, un privilegiado: comparto con las madres y sus parejas uno de los momentos mas importantes de su vida, como es el nacimiento de un hijo, y además puedo colaborar para ayudarles en este momento.

No creo que ningún trabajo ofrezca más, no todo es bonito aunque lo triste afortunadamente es la excepción. Es una profesión que crea adicción, y además me da una excelente jornada laboral para no perderme mucho de lo que ocurre en casa, la familia, que es tu principal fuente de satisfacciones y preocupaciones también.

Trabajo en jornadas de 12 horas, dos seguidas, la primera diurna y la segunda nocturna y cuatro días de descanso y una gran facilidad para cambiar turnos, esto me permite no perderme los primeros días de colegio, actuaciones en fiestas del colegio, cumpleaños, días especiales, etc. y es el otro gran acierto de mi profesión, a la misma altura que la primera. Por todo ello mi fortuna es por partida doble: trabajo que me apasiona sin renunciar a mi familia.

Mi historia de conciliación es la historia del encaje de un puzzle, de la cuadratura del círculo, de dormir menos horas que los demás… No puedo vivir sin mi agenda del teléfono móvil y en ella varias cruces marcadas en rojo en las que no acepto ningún trabajo, encargo, ni momentos de ocio, salvo en  muy contadas ocasiones.

Mi agenda está ocupada las tardes de martes y jueves en las que disfruto, peleo, estudio, conduzco, etc. con mis hijos mayores, como refiero en mi cuenta de Twitter, “enamorado y a veces hastiado de mis hijos”.

Otra muesca en rojo es la hora del almuerzo, mi especial convenio regulador del divorcio, a pesar de no tener custodia compartida, pues mi ex-mujer no lo contemplaba y en nuestro acuerdo amistoso nunca íbamos a llegar a pelear por ella, porque en esas disputas los que pierden son siempre los mismos, siendo además los que menos culpa tienen. No pelearía siempre que yo me garantizara tiempo con mis hijos.

Esta relación cordial me hizo conseguir que mis hijos, ya que su madre no puede por su trabajo recogerlos del colegio, fueran recogidos por mí y almorzaran conmigo en vez de quedarse en el comedor escolar.

En este punto la incomprensión y las excusas llegaron por parte de nuestro abogado que me indicaba que iba a firmar una pensión e hipoteca de por vida en ese punto del convenio.

En mi mente el que no entendía nada era yo, ¿iba a perder a mis hijos y quería que renunciara a poder cocinar y comer con ellos a diario? Un profesional que aparte de esto era padre y no  entendía mi lucha por no perderme nada de la infancia o por perderme algo menos…definitivamente no estábamos en la misma onda en cuanto nuestro concepto de crianza.

Al final, y tras su insistencia, incluimos una cláusula en el convenio en la que si yo quería, bien por motivos profesionales o personales, podría en cualquier momento renunciar a este punto del acuerdo sin modificar el convenio.

He tenido oportunidades profesionales y personales para ello, ofertas de trabajo, un nuevo amor en mi vida… cinco años después aún no la he hecho efectiva, ni lo haré. He decidido renunciar a oportunidades profesionales que condicionaban un trabajo con una jornada laboral al uso, es decir, con turno de mañana, lo que me impediría el poder almorzar en familia. Los puestos a los que he renunciado, además de otras oportunidades que para mí fueron importantes, incluyen: cargos de profesor universitario a tiempo completo y cargos de gestión en el servicio donde desarrollo mi profesión como Matrona; el dinero nunca fue prioritario para mí, sí tiene mayor relevancia mi carrera profesional. A pesar de ello estas decisiones nunca me han supuesto ningún esfuerzo de tomar.

Siempre lo he tenido claro. Estas horas de almuerzo cada vez son menos frecuentes encontrarlas en las familias y en nuestro caso es un momento en que toda la familia compartimos mesa, sin móviles, sin televisión, momento de dar el parte diario, a veces hay risas, otras quejas, pero es nuestro momento; más importante aún es actualmente, cuando la pequeña se ha incorporado a nuestros almuerzos compartiendo mesa y comida con el resto de la familia.

Otras veces he renunciado a oportunidades que me brindó el destino por no dejar abandonada a la familia, decisiones difíciles de rechazar como una propuesta de una ONG para trabajar en Haití tras el terremoto o como la vez que renuncié al acto de entrega de un premio de investigación Nacional que me fue otorgado junto a un grupo de compañeros por un estudio sobre la Lactancia materna y el contacto piel a piel porque mi familia había caído enferma con una gastroenteritis los días previos al viaje, oportunidades que es muy difícil vuelvan a repetirse y de cuya decisión tomada en aquellos momentos no me he arrepentido.

En todo esto encuentro la comprensión de mi mujer María José. Matrona, como yo, piensa, vive  y concilia como yo, o más. Con nuestra hija, mi pequeña, no ha dudado en reducir su jornada laboral, renuncia a cursos, Master, actividades de ocio e intentamos no coincidir en algunas de las guardias que realizamos conjuntamente, para dejarla en muy pocas ocasiones (no suelen ser mas de 3 ó 4 veces al mes) con nuestros pilares de apoyo a la hora de conciliar, sus abuelos y su tía. ¿Cómo lo hacemos? Pues habitualmente nos ofrecemos a trabajar en jornada nocturna, cuando otros no quieren trabajar, dormimos menos horas porque trabajamos más en esa franja horaria y dormimos menos porque cuando uno llega de trabajar, el otro se va, dándonos el relevo de la niña en ocasiones en el recibidor de casa, en el coche, durante un minuto, un breve beso, un escueto parte de incidencias y adiós. Y cuando lo que te pide el cuerpo es dormir, Victoria se despierta, con ganas de explorar.

A pesar de ello hemos decidido que no irá a guardería, que disfrutaremos de ella estos primeros años, hasta la escolarización obligatoria. Aquí también encontramos a veces incomprensión, frases como “¿no va a guardería?”, “es bueno para su socialización”, éstas y otros gestos de extrañeza son habituales. Nuestra decisión es firme, como cuando decidió darle el pecho a pesar de las grietas, de las malas noches, de la madredependencia, de renunciar a ropa que no se puede abrir en la calle, a tomar una cerveza, a tantas cosas…

Esta es nuestra historia y hasta el momento nuestro círculo cuadra, nuestro puzzle encaja.


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1 COMENTARIO

  1. Jorge, me encanta tu historia, nosotros también somos profesores y vivimos felices este torbellino de cambios que nos trajo el tener dos hijas. Al principio con un terror espantoso, pero aprendiendo día a día; hay días mejores que otros ciertamente pero como dices es cosa de querer y dar valor a lo importante. No me extraña que pienses de esta manera tan clara, dada tu profesión, bien merecido tienes ser la persona que muchos nenes y nenas conocen en sus primeros momentos de vida. Enhorabuena, saludos!

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