Los convenios tendrían que negociarlos las madres – Susana Márquez

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Especial Lactancia - Testimonio de Susana Marquez

Susana Márquez Ramos

Nacida en 1977

1 hijo (2014)

Periodista

7 meses (aún en activo)

Nunca tuve que plantearme dejar a mi hija con familiares, cuidadores o buscar guarderías. Tampoco hemos dejado la lactancia natural. Carmen acude conmigo al despacho desde el segundo día de mi incorporación, ese es mi “secreto” para trabajar y seguir dando el pecho. Y aquí seguimos juntas, al compás de un sinfín de expresiones como “es un lujo”, “vaya suerte”, “eso no se ve en ningún sitio”, “no conozco empresas que faciliten la conciliación de esa forma”, “es la primera vez que lo oigo”…aunque también es cierto que hemos tenido que oír algún comentario desafortunado que aquí vamos a pasar por alto.

Conciliar, amamantar y trabajar son tres conceptos que van de la mano para nosotras; fueron muy pocos los días que tardamos en acostumbrarnos a “esta cosa rara de estar juntas en el trabajo”. No hay que negar que es difícil y a la vez especial: es frecuente verme con una mano en el carrito y otra en el teléfono, con mi niña colgada en porteo ante la mirada atónita de algún cliente o socio, o enganchada a la teta justo cuando va a comenzar alguna reunión o viene algún directivo al despacho. No importa lo complicado que sea, mi hija y yo somos tremendamente felices. Ah, y sí, ¡Viva la conciliación! por dura que sea, que nos dure mucho.

Para dar una imagen de mi despacho al lector, mi trabajo como gerente en la Asociación de Comerciantes y Empresarios de Benalmádena abarca de lo más variado: desde el departamento de protocolo y comunicación (que como periodista es la tarea que desempeño con más alegría), hasta la contabilidad, pasando por la atención al asociado, diseño y ejecución de proyectos e iniciativas para el fomento del comercio local, facturación, envío y reclamación de recibos, decoradora, psicóloga y mujer orquesta… y ahora también mamá. Así que los enseres propios de dicha actividad también han pasado a formar parte del paisaje laboral, con lo que dentro de mi oficina ya hay sitio para una alfombra de juegos, carrito, hamaca, juguetes y peluches, pañales delicadamente perfumados, etc. etc…

Recuerdo que cuando comuniqué a mi jefe que estaba embarazada de pocas semanas (estas cosas siempre se hacen con cierto temor, ¡ay!), sus primeras palabras fueron exactamente estas: “tú lo que tienes que hacer es estar tranquilita, que el bebé se te agarre bien”. Aquello supuso un bálsamo, porque ya daba pistas de lo que iban a ser esos nueve meses en la oficina; de hecho, me mantuvieron la jornada intensiva de verano hasta el momento de mi baja dos semanas antes del parto y accedieron a mi petición de reducción de jornada para mi vuelta al trabajo.

Cuando faltaban pocos días para mi reincorporación, recibí la mejor de las noticias.

“Mi madre me crió en el supermercado donde trabajaba, y aquí me tienes, lo normal que soy”. Con esa premisa, mi jefe dispuso que Carmen estuviese conmigo y que si mi rendimiento se reducía a causa de ello, ya veríamos. Ya van tres meses y aquí el trabajo sale como antes.

Mi jefe sostiene que los convenios tendrían que negociarlos mujeres con niños que hayan tenido que trabajar y sepan de qué están hablando, mi jefe defiende que las mujeres tienen derecho a ser madres y trabajadoras, y que los niños tienen derecho a ser niños y estar con sus madres, y que ya que ellos no tienen voz para defender lo suyo, que peleemos los adultos por sus derechos.

Por cierto, mi jefe es jefa, es una mujer.

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2 COMENTARIOS

  1. Estoy maravillada con tu historia. Yo tengo un despacho de abogados con otra compañera y hemos sido mamás dos veces y casi a la vez (niños de 5 y 2 años) y por supuesto, sin derecho a baja maternal, sólo la uja a la otra para cubrirnos; y aunque lo hemos intentado de todas las maneras, no hemos conseguido lo que cuentas y que nos hubiera encantado… Pusimos un parque, microondas, juegos… Pero desesperadas acabábamos, siestas interrumpidas por llamadas, llantos incontrolados con clientes al teléfono, escritos de una hoja que tardas una mañana entera por interrumpir para cambio de pañal, vomitonas, o gases… Por no decir dándole el pecho y llama a la puerta el cartero con mil notificaciones. Triste resultado: niños a la guarde con 4meses dicho, eres

  2. Hola María. Desde luego, conciliar de esa forma no es nada fácil. Todas las situaciones que comentas por supuesto las hemos vivido en el despacho, incluso en ocasiones casi me supera el estrés de atender mi puesto de trabajo a la vez que a mi hija. Pero siempre saliendo adelante con todo: si hay caca o vómitos, pues a limpiar, rociar con perfumador la oficina y volver a lo que estaba; si hay hambre, teta al canto y con la otra mano a responder mails; si llora cuando estoy atendiendo al teléfono se lo explico con naturalidad a mi interlocutor y le devuelvo la llamada en unos minutos; que está dormida, pues el teléfono en modo silencio y a hablar casi en susurros, que hasta ahora ha sido algo fácil de entender cuando se lo explicas a quien está al otro lado del teléfono. Mi hija gateando y pasando la mopa por el despacho, atenta atodo el que entra y sale, jugando con mi calculadora o rompiendo papeles por doquier, qué te voy a contar que no sepas. Ahora tiene 12 meses y medio, camina y lo toca absolutamente todo, nunca está quieta. Por iniciativa propia he decidido no traerla al despacho porque ahora es casi imposible atender mi trabajo estando ella. Aún así, hay algunos días en los que viene conmigo y entonces esas jornadas son para reventar, pero al final de cada día pienso que lo más importante y lo que tiene más sentido es lo que hago por ella. Y me acuesto de otra forma. Agotada, sí, pero contenta.

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