Macarrones de frankfurt, y tantos momentos – Carlos Escudero

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carlos escudero

Carlos Escudero

Nacido en 1977

Guionista, blogger, actualmente en paro.

2 hijos (2010 y 2013)

@comovader

Hace 5 años trabajaba de auxiliar de administrativo en el Registro Mercantil de Barcelona introduciendo datos (suena apasionante, ¿verdad?), cuando nació mi hijo Martí. Mi mujer por entonces estaba de baja maternal y empalmó con el paro hasta casi los 2 años, por lo tanto, mientras yo hacía el horario de oficina y llegaba a casa sobre las 18.00, poco rato tenía para disfrutar con el pequeño Martí. El tiempo justo para jugar con él, cambiar pañales, bañera, cena y a dormir. El fin de semana era realmente cuando disfrutábamos los 3 juntos, cuando realmente podía ejercer de padre como Dios manda, como padre de verdad, como PADRE en mayúsculas. Sin embargo, si bien es cierto que  era consciente de la cantidad de cosas que me perdía cada día con mi hijo al yo irme a  trabajar…en el fondo, pues no lo era 100 por 100 del todo. Fue con el tiempo, cuando me di cuenta de que no “solo” me perdía “momentos”, “palabras”, “anécdotas graciosas”, “risas”…me estaba perdiendo ver a mi hijo crecer.

Pasaron los meses, y cuanto más tiempo pasaba mi hijo Martí con mamá a solas (o sea casi siempre), más fuerte era el vínculo: Para dormirlo, para jugar con él, para darle de comer…para todo. Si ya de por si mamá es MAMÁ, y además te lleva 9 meses de ventaja, pues imaginaos con un padre trabajando todo el día. Eso por un lado por supuesto que era maravilloso, pero por el otro, me hacía sentir a veces como un papá extraño y confundido ante los ojos de su hijo…Y entonces, cuando me quedaba solo con Martí, el dormirlo o el darle de comer,  se convertían en una odisea casi imposible, y con muchos números de no llegar a buen puerto…

De repente un día la tortilla (de patatas y cebolla, claro) se giró, y nos encontramos en que mamá trabajaba ¿y papá? Pues se había quedado en el paro, y  precisamente unos meses antes de que naciera nuestro segundo hijo Mario. Sin embargo, esa noticia que en el momento fue dura, triste y desalentadora, con el tiempo fue una puerta a la esperanza, a la alegría, a la felicidad, y a  saber realmente que era esto de ser padre. Así que pasé de tener 15 miserables días de permiso para gozar del nacimiento de Martí, a tener todo el tiempo del mundo para mi hijo Mario hasta día de hoy. Y como esto de tener dos hijos no era moco de pavo, y la consulta del psicólogo es bastante cara…decidí escribir un blog donde poder explicarlo absolutamente todo. Y de repente, nacieron proyectos, ilusiones, vivencias, experiencias, y tiempo, mucho tiempo para mis hijos, para mí…

Jamás un despido me aportó tanto  personalmente como profesionalmente… la verdad.

Entonces pasaron los meses y, cuando mi mujer después de la baja maternal volvió a trabajar y estuve día tras día con el pequeño Mario, me di cuenta de tres cosas: De lo afortunado que era, de la cantidad de cosas que me había perdido con mi hijo Martí y de la cantidad de cosas que se estaba perdiendo mamá del pequeño Mario. Por un lado era afortunado porque, claro, estaba día tras día con Mario, sin guarderías ni adaptaciones, paseando, jugando y con un vínculo muy fuerte. Pero también estaba  triste por cómo está montado todo, por el poco tiempo que estuve con mi hijo Martí en su día a día, por el poco tiempo que estaba mamá con Mario.

Mi mujer y yo somos conscientes de que nuestros dos hijos han tenido la suerte, el privilegio, el milagro, de vivir  sus primeros años de vida, su día a día, con su madre o con su padre. Con uno de los dos siempre, sin separarse, para luego añadirse papá o mamá por la tarde…

Conciliar hoy en día es algo complejo, delicado, casi imposible para muchos, y no, no debería ser así. Los niños nos necesitan…necesitan de sus padres, de sus madres, y de estar con ellos el máximo tiempo posible…pero el mundo hace millones de años que está muy mal montado, todo y eso, mientras haya padres comprometidos con sus hijos, con una crianza respetuosa, responsable y con ganas de estar con ellos y vivirlos intensamente, el mundo estará menos mal montado, el mundo será mucho mejor. Y quién sabe, a lo mejor pronto llegará un mundo más conciliador…con sus niños, que no nos engañemos, son el presente, y sobre todo el futuro.

Comer cereales, ver el “Doraemon”, escondernos en la tienda de circo que nos trajeron los Reyes Magos de Oriente, hacer un “tang”, comer un Donut, bajar con el patinete y la moto pequeña, hacer sombras en la noche, ver el “Mic”, montar puzles, hacer pócimas en la bañera con los jabones, jugar a que Martí es Spiderman y papá el lagarto “malo”, escuchar “The Pinker Tones”, hacerle cosquillas a Mario cantándole la canción de Winnie the Pooh, comer macarrones de Frankfurt cocinados por papá (por cierto, el plato preferido de los pequeños), y tantos y tantos momentos que nos quedan por vivir juntos…


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