Malvivir económicamente – @papatrospido

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@PAPATROSPIDO

Nacido en 1983
Contable y administrador de fincas
1 hija (2013)
@papatrospido

Hace un año y  diez meses, comencé a trabajar en una empresa. A los 3 días, nos enteramos de que estábamos embarazados. Nada podía ir mejor, tal y como estaba el país, conseguir ambas cosas.

Pero pronto se empezaron a torcer las cosas. Mi jefe es un ser machista, propio de otras épocas (unos dos siglos atrás). Cuando le comenté que mi mujer estaba embarazada, no puso buena cara. Pero al no ser mujer, tampoco era tan malo. Cuando se acercaba la fecha hablé con él, para ver cómo enfocar el trabajo y no dejar nada urgente empantanado. Su respuesta fue que eso de la baja de paternidad no me lo “recomendaba”. Iba a tener mucho que pagar, y “no me venía bien” pedirme esos días. Además, para tener que aguantar a mi mujer, mi suegra, mi madre y un dichoso bebé llorando todo el día, mejor estaba trabajando.

Mi chica venía con prisa y se adelantó un mes, y nos tocó estar hospitalizados una semana. Semana que disfruté de ella, con mis días de vacaciones. Nos dieron el alta el sábado, el domingo tuvimos que volver al hospital y el lunes volví al trabajo.

Tras comentar varios compañeros la idea de ajustar el horario a una jornada intensiva para poder disfrutar de los hijos, los que los tenemos, o de sus vidas los que no, la respuesta de mi jefe fue que no, que esto es lo que había y sino había 50 en la puerta esperando para coger nuestros puestos.

En otro orden de cosas, mi jefe me ofreció un ascenso, que decliné varias veces. Era un ascenso que implicaba trabajar aún más horas, en peor horario. Y le dije que no, que en mi vida había una prioridad y no era llegar a las mil a casa todos los días. Hubo un momento en que el ofrecimiento se convirtió en una amenaza: “o lo coges o serás un paria, y parias tengo muchos en la puerta”. Lo hablé en casa, y con una niña de unos meses y mi mujer en paro decidí aceptar. Y es lo peor que pude haber hecho.

Por un lado, cuando alguien es un mafioso, lo es para todo. E intenta engañar a propios y extraños. Y siempre necesita alguien que le firme un papel o ponga su nombre ante ciertas gestiones. A los dos meses había visto tanto engaño, que dije en casa que no podía más. Prefería quedarme en casa, a sacrificar mi vida y no disfrutar ni un instante de mi hija, que seguir así. (Que además no me supuso un incremento de sueldo, ya que él acordó de forma unilateral, que primero cogía las responsabilidades y después de 6 meses demostrando mi valía, ya veríamos a dónde me lo subía). Por lo que no tenía nada, sólo un empeoramiento de mi calidad de vida.

Hablé con mi jefe y le dije que no quería continuar en ese puesto y prefería volver a mi estatus anterior. Aceptó a regañadientes avisándome que para mi puesto tenía mil. Directamente no, pero una de las pocas compañeras de las que me fío me comentó que iba diciendo algo así como: “Este chico es tonto, prefiere vivir peor por ver a su hija que ganar pasta y ser algo en esta vida”. No sé si es cierto o no, pero conociéndole me lo creo. Y no sólo eso, sino que además es cierto. Soy tonto, pero no voy a renunciar a mi vida familiar, no ver crecer a mi hija, por ganar 100 euros más al mes lavando y asumiendo “ilegalidades” de mi jefe.

Tras este descenso, decidió sacarme de su vista. Le molestó mucho que no asumiese su “regalo”. Y me mandó a otra de las oficinas que tenía, una que me pillaba muy lejos de casa, fuera de la ciudad y donde hacían otras tareas para las que no me habían contratado y que yo además no sabía hacer. Todo esto, se lo comuniqué. Pero no era negociable. O me iba ahí o me iba con una mano delante y otra detrás. Y aquí fue donde abrieron la lata de los palos. Desprecios, vacío laboral, críticas a las personas con ciertos aspectos físicos como el mío, comentarios sobre mi capacidad de trabajo, etc. Cosas como: No puedes llevar a tu hija al médico, para eso está tu mujer. Los hijos son un estorbo. O más profesionalmente: no tiene ni puta idea, es muy torpe, no se entera de nada, etc. O incluso físicas: los gordos dan asco, o los que tienen barbas son unos piojosos.

Y con este panorama, en navidades creé una web a partir de la cual montar mi propio negocio en un futuro cercano. El día 6 de enero me la regalé a mí mismo. Porque mis días allí estaban contados. O me echaban o en cuanto la web apareciese en Google, cosa que aún no hace, me iba a marchar. Era una situación insoportable.

Tres días antes del acontecimiento final, hablé con mi jefe y le pregunté que cuál era el problema que tenían conmigo. Por qué había pasado de ser su mejor trabajador que pasé de un contrato en prácticas, a uno indefinido y a ofrecerme un ascenso en 6 meses, a ser despreciado, criticado o insultado de forma constante. Su respuesta fue que estaban contentísimos conmigo, que no sabía de donde sacaba eso. Vamos, que era su Punching ball.

Con todo esto, ellos que se dedican a investigar la red hasta la saciedad buscando cosas que utilizar en contra de sus empleados, encontraron esa web. Y me despidieron de manera fulminante. Despido disciplinario por competencia desleal, poca ética laboral y por un bajo rendimiento provocado que ahora entienden por qué.

En fin. Sólo saco cosas buenas. Por un lado, malamente, pero todos los días he podido ver a mi hija y darla un beso antes de dormirse. Por otro, cuando he contado esto a padres blogueros, no solo me han mostrado su apoyo emocional a través de las redes sociales, sino que también tácito. Estos padres geniales, me han puesto en contacto con un abogado para que me asesore de forma gratuita. Me han llamado para hablar conmigo y permitirme desahogarme. Me han tranquilizado, apoyado y comprendido.

El trabajo era una basura que no me permitía vivir, y ahora tengo una nueva oportunidad de hacerlo. Y mientras encuentro otra cosa, mejor o peor, sé que tengo unas semanas de dedicar 24 horas a mi hija. Y no soy un buen padre, no he tenido tiempo para dedicarla. Pero creo que puedo aprender. Y comenzar a bañarla, a jugar con ella y sobre todo ¡¡a comérmela a besos!!

Y como una conclusión, sólo comentar que el miedo a mí me ha impedido actuar antes. El miedo a no encontrar otro empleo, o a que mi hija sufra debido a que yo no he sabido “aguantar”. Pero cada minuto que pasa, y llevo sólo 3 días sin empleo, me arrepiento más y más de no haberlo hecho yo antes. No he visto a mi hija, para malvivir económicamente. Y en cuanto he dicho que mi hija estaba por encima de mi empleo, han decidido hacerme la vida imposible. Para, como colofón, despedirme por enterarse que buscaba algo mejor.

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2 COMENTARIOS

  1. Durante los trabajadores que querían triunfar han antepuesto su trabajo al resto. Para ellos el trabajo es su vida, por encima de amigos, familia, hijos, nietos. De hecho, no tienen amigos verdaderos, llaman amigos a clientes, directivos, etc, pero es solo una relación de intereses y sin ese trabajo no son nada.
    Por eso no conciben que haya gente que quiera
    tener vida fuera, y, es más, saben que ellos no han estado a la altura como padres/madres, por eso, no pueden reconocer que un niño necesite a sus padres, porque supone un tirtazo en su propia cara.
    Qué nosotros disfrutemos de nuestros hijos les recuerda que sus hijos los necesitaron, los llamaron, y ellos nob acudieron, y eso marca y deja secuelas, y no están dispuestos a reconocer que ellos han sido en parte (o en todo) culpables de los problemas aue puedan tener sus hijos, porque antepusieron su trabajo a ellos.
    Y piensan que trabajan parasa ar adelante a sus hijos, pero no lo hicieron por sus hijos, si no por ellos y su ego.

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