Oficina móvil – Patricia Torres

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Oficina Móvil testimonio de conciliación en mamiconcilia

Patricia Torres

Nacida en 1978

Ingeniera Eléctrica

1 hijo (2014)

@cripatia

Mi historia de conciliación es en cierto modo sencilla: Mami trabaja en una compañía multinacional, Papi ha dejado el trabajo para emprender con mejores horarios y la abuela está a dos paradas de bus. Suena fácil pero lo que hemos recorrido hasta aquí para lograrlo no lo ha sido tanto.

Mi empresa me paga por resultados, con unos objetivos que no pasan por calentar una silla el mayor tiempo posible en una oficina. La mayoría de cosas que hago las puedo hacer desde cualquier lugar con conexión a internet. En caso de que no haya una oficina cerca, la empresa nos provee de un móvil y un ordenador portátil con acceso a la red interna de la empresa a través de una conexión segura. Incluso tenemos un software que nos permite tener en el ordenador nuestro teléfono fijo de la oficina. El móvil y el ordenador son nuestra oficina en aeropuertos, estaciones de tren y por supuesto en casa. De hecho estas líneas las escribo en un banco de la estación del AVE mientras espero el tren de vuelta.

En la filial de España tenemos horario flexible: Lunes a Jueves de 8:00 a 17:30 con una pausa de una hora para comer y los Viernes de 8:00 a 15:00 sin pausa. El horario intensivo de 8:00 a 15:00 se extiende a toda la semana entre Junio y Septiembre. Tenemos retribución flexible que incluye ticket guardería con la consecuente deducción de impuestos. Puedo trabajar desde casa cuando sea necesario ya sea porque hay cita con el pediatra, hay fiebre (mía o del niño), no hay abuela/papá/guardería disponible o simplemente porque hay un viaje a mitad del día que hace poco práctico ir a la oficina. Mi jefe vive en Inglaterra, a tres horas de coche de la oficina central de nuestra unidad y destina algunos días específicos para ir a hacer todo lo que necesite allí. El resto del tiempo está en casa o en un avión/tren/coche. Como yo. Como muchos de mis compañeros. Hemos tenido reuniones con el sonido de mi hijo y de su gato de fondo, o con el cartero tocando a la puerta.

Cuando apliqué a este cargo, llevábamos dos años expatriados por la empresa y estaba buscando una oportunidad para volver a España. En su momento, la expatriación nos pareció una oportunidad inmejorable en plena crisis, pero sabíamos que la condición de 100% movilidad que nos exigía la empresa, implicaría que mi esposo tendría que dejar su trabajo y tendríamos que aparcar nuestro proyecto de ser padres por lo menos durante ese tiempo. Luego ya veríamos como evolucionaba el tema y si había posibilidades de acceder a una posición en un sitio donde pudiéramos retomar nuestro proyecto de familia.

Así pues, al final del segundo año comencé a buscar posiciones que nos permitieran regresar. En la empresa hay cargos que no exigen una locación determinada y así se especifica en el anuncio de la vacante. Suena fantástico pero todo tiene un precio y es la disponibilidad para viajar. En ese entonces, todavía no había nacido mi hijo pero sabía que pronto vendría y precisamente por esta disponibilidad que seguramente me exigirían, tenía claro que debía solicitar tener mi base en la ciudad natal de mi marido para poder tener a su familia cerca ya que la mía está a 10 horas de avión.

Tuve suerte y salió una vacante con el único requisito de vivir cerca de un aeropuerto internacional de algún país del sur de Europa. En la entrevista, el que iba a ser mi jefe me preguntó si tenía algún problema en trabajar desde casa (como lo hacía él y muchos otros compañeros que no tienen una oficina cerca). “Comorr?” preguntarían muchos. A mí la pregunta no me pareció nada extraña porque es una situación que he visto muchas veces. Yo contesté que no, pero que prefería tener un sitio en la oficina más cercana, ya que necesitaba, por lo menos al principio, mucho contacto con el equipo basado allí por cualquier duda que me surgiera. Ahora somos cuatro “Europeos” basados en la misma oficina con razones similares para estar allí: tener a la familia cerca.

Hasta ese momento la palabra conciliación todavía no aparecía en mi vocabulario. Solo hasta que nació mi hijo, esta palabra tomó una relevancia insospechada. Explícale tú a un bebé lactante de casi 5 meses que te tienes que ir (tú y SU teta) 4 días a Alemania porque la baja de 16 semanas + vacaciones + horas de lactancia acumuladas no alcanzan para llegar a los 6 meses mínimos que exige la UE y recomienda la OMS de Lactancia Materna Exclusiva. Explícale tú que a su papi le han hecho la vida imposible desde que pidió sus dos semanas de baja de paternidad justo cuando lo acababan de ascender. Explícale tú que la economía familiar no da para cogerse una excedencia no pagada y la reducción de jornada no es una opción por el tipo de cargo que tiene mami.

Así pues, sacaleches en mano y el corazón en la mano, regresé a trabajar mientras la abuela lo cuidaba, especialmente los días/noches que tenía que viajar. Ahora tomaba el primer vuelo y trataba de regresar el mismo día en el último con tal de no pasar una noche separada de mi bebé. A veces era (y es) imposible pero es lo que hay. La situación en la empresa de mi marido se hizo insostenible hasta que tuvo que irse para montar su propio negocio y ser dueño de su propio tiempo. A medida que mi hijo crece, nos damos cuenta que hubiera sido casi imposible tenerlo con la familia lejos, pero claro, según qué países, antes del año ni siquiera te planteas regresar a trabajar.

Conocer historias de otras madres, ver los horarios absurdos y en general ver la cultura laboral en España (por llamarlo de alguna forma) me hizo darme cuenta que soy muy afortunada por tener estas ventajas. La empresa nos lo pone más fácil que a muchas otras familias pero es triste que sea la excepción y no la regla. A veces siento que además de la legislación lo que falla aquí es la mentalidad del empresario e incluso de los mismos trabajadores, tus propios compañeros y  jefes. Como si tener un hijo te pusiera un cartel en la frente que dijera “limitado/a”. Como si fuera pecado el hecho de que tus hijos enferman. Como si tuvieras que renunciar a ver crecer a tu hijo. Como si la consigna fuera tener hijos para que los críen otros.

En fin, que por todo esto soy de las que se une y apoya toda campaña en pro de la Conciliación. Por todos aquellos que no pueden acceder mínimamente a esta esquiva palabra. Si con mi historia aporto un granito de arena para que esto cambie, pues que así sea. Gracias a #Mamiconcilia por invitarme a contarla.

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