No me gusta llegar tarde, ni tampoco mucho antes de la hora prevista. Como dice mi madre, “el que espera, desespera”. Suelo mirar en Google Maps cuánto tardo en llegar a un sitio y normalmente lo clavo. Tengo paso Google (tirando a rapidillo).

La puntualidad es una virtud, pero sobre todo la impuntualidad es un gran defecto y una falta de respecto hacia el tiempo de los demás, que dificulta la conciliación. Como sabéis, no nos gusta echar valores fuera e insistimos en la responsabilidad social individual que tenemos cada uno de nosotros para mejorar la conciliación. Podemos empezar por ser puntuales.

Esta semana he tenido una reunión con un futuro colaborador. El tiempo estimado según Google para llegar a la cita eran 30 minutos. No sé si por ir cargada con el paraguas o por ser gran parte de la ruta cuesta arriba, llegué 10 minutos tarde. Al abrirme la puerta, me excusé avergonzada. Su respuesta fue: “No te preocupes, estamos atendiendo a otra persona. Tardaremos otros 10 minutos más. Si quieres, vete a dar una vuelta”.

Siempre he sido muy celosa de mi tiempo, pero ahora mucho más. Intento no poner más de una salida al día para no estar mucho rato sin el peque, pero justo este día la agenda se me había complicado y tenía esta reunión a las 12:00 (que finalmente empezó a las 12:35), fisio a las 15:30 (en medio tenía que comer) y una entrevista a las 18:30. El retraso en el comienzo de la reunión hizo que tuviera que comer en menos de media hora y que el tiempo reservado a mi familia alrededor de la mesa me pareciera un espejismo.

Hay culturas que respetan más el tiempo de los demás y otras, como la española (especialmente en Madrid por la fácil excusa de los atascos), que incluso consideran elegante llegar 10 minutos tarde (en el sector publicitario se estila mucho la falta de puntualidad). Esto tiene un riesgo: que las dos partes lo sepan y que a la impuntualidad habitual de los 10 minutos se sumen algunos minutos más, acumulando retrasos que nos pasarán factura a todos.

¿Cómo corregir la falta de puntualidad?

La puntualidad significa cortesía, educación, respeto y en consecuencia confianza y eficacia. Por el contrario, la falta de puntualidad denota desorden, mala gestión del tiempo y desorganización.

Entre los motivos de nuestra impuntualidad pueden estar el interés por lo que tengo que hacer, la falta de organización y priorización y cierto egoísmo, valorando más el tiempo propio que el de los demás. Una vez conozcamos la causa de nuestra impuntualidad, podremos mejorar o acabar con nuestro problema. 

Para corregir el error se necesitan voluntad, disciplina, determinación, compromiso y responsabilidad. Adelantar el reloj solo es un autoengaño que demuestra que la percepción del tiempo es subjetiva. Lo adelantas, pero si no cambias el hábito, seguirás llegando tarde pues ya sabes que cuentas con ese tiempo de colchón que has adelantado el reloj.

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