Hace un par de semanas, a raíz de quitar el chupete a nuestro hijo, escribía un post sobre nuestras experiencias y recuerdos de este objeto que ha sido claro protagonista de una etapa de nuestras vidas. El último apartado era sobre quitar el chupete, pero no profundicé en el tema ya que todavía padecíamos las consecuencias de que los Reyes Magos se lo hubieran llevado.

Quitar el chupete a los dos años

Como conté en el post anterior, en la revisión de los 15 meses la psicóloga nos recomendó irle quitando el chupete porque dificultaba el habla. Fue entonces cuando empezamos a usarlo solo para dormir. Seguramente porque tocaba pero, desde entonces, el peque habla mucho más y se le entiende muy bien.

Poco después fuimos al dentista y nos dijo que antes de los dos años nos despidiéramos definitivamente del chupete. Como nuestro hijo cumple los años en noviembre, decidimos empezar a mentalizarle a partir de ese día, con frases tipo “los niños de dos años ya no llevan chupete” o “ya eres mayor, ya no necesitas el chupete”. Sin embargo, la fecha elegida para el adiós definitivo al chupete fue la noche de Reyes. Días antes, una amiga que lleva a su hijo a la guardería nos dijo que Papá Noel se había llevado el de todos los niños de clase y que en dos días se habían olvidado su existencia: “Son dos días malos. Si lo llego a saber, se lo quito antes”. En nuestro caso fueron más de dos días muy malos y todavía sufrimos algunas consecuencias como que le cueste mucho dormirse y no quiera dormir la siesta, nuestro momento más productivo del día como padres emprendedores.

Creo que lo malo de quitar el chupete con dos años es que ya es demasiado mayor y lo pasa verdaderamente mal y lo bueno es que le puedes hacer partícipe en el proceso, hablar con él sobre cómo se siente y ayudarle a solucionarlo.

Los Reyes Magos se llevaron el chupete

Empezamos a mentalizarle mes y medio antes de que los Reyes Magos se llevarían el chupete a cambio de regalos. Esto tuvo dos consecuencias: que nuestro hijo se apegara mucho más al chupete y tuviéramos que volver a sacarlo de casa; y que no le hiciera mucha ilusión que viniera los Reyes.

La víspera, en la cabalgata, cuando le anunciamos que ya se acercaban los Reyes, dijo: “Abuelita, a casa”.

Cuando llegó la hora de irnos a dormir, pusimos un cartelito con cada uno de nuestros nombres al lado de nuestro zapato, un vaso de leche con un paquete de galletas y una cajita con el chupete. “Las galletas para mí”. Cuando estábamos a punto de salir del salón, volvía, super nervioso, dejaba las galletas y cogía el chupete: “Mamá, abrilo, el chupete no, el chupete para mí”. La operación se repitió infinitas veces hasta que Carlos le cogió en brazos y le dijo: “¿Qué es lo que más ilusión te hace del mundo, lo que te haría mucha ilusión que te dejaran los Reyes Magos, algo que mereciera renunciar al chupete…¿La casa de Mickey Mouse?”. Unax asiente sonriente. “Vale, pues entonces deja el chupete en esta caja mientras todos decimos bien alto: “Reyes Magos, traedme la casa de Mickey Mouse?”. Conseguimos que dejara el chupete en la caja, pero dos minutos después volvió a por él.

Finalmente nos fuimos a la cama con él pero cuando se durmió se lo quitamos, lo escondí, dejé la cajita del chupete abierta y escribí una carta firmada por los Reyes Magos que dejé al lado de la caja.

Por la noche se despertó varias veces pero, como consciente de lo que había pasado, susurraba “el tete, el tete” y se volvía a dormir.

A la mañana siguiente alucinó con que los Reyes le hubieran traído la casa de Mickey Mouse.

Primeras noches sin chupete

La primera noche sin chupete fue el día de Reyes. Se había levantado pronto, había dormido escasos 10 minutos de siesta en el coche mientras íbamos a casa de los abuelos y tenía que estar agotado. Cuando nos metimos en el coche de vuelta, sobre las 20:00, se durmió y pensábamos que habíamos triunfado: “ya no se despierta hasta mañana”. Sin embargo, al llegar a casa se despertó. Quería jugar con sus regalos (supongo que es normal el día de Reyes). Estuvimos un buen rato jugando y luego le propusimos ver los Minions, que le habían traído los Reyes. Pensamos que ver una peli le daría sueño. Seguramente no fue la mejor peli: aguantó hasta el final y nos acostamos super despiertos y a regañadientes sobre las 23:30. En la cama tuvo la mayor rabieta de su vida. Parecía que tenía el mono, reclamando el tete con ansiedad.

Al día siguiente no quiso dormir la siesta y por la noche se durmió tras un largo cuento de más de una hora que nos inventamos mientras se acurrucaba contra mí y agarraba mi mano.

La tercera noche incorporamos a nuestra rutina del sueño un dou dou de Mickey Mouse que nos regalaron cuando nació y nunca había usado.

Consecuencias de la desaparición del chupete

Para empezar, el número de siestas que ha dormido desde entonces, se puede contar con los dedos de una mano. Esto ha hecho que las tardes con él sean muy duras. Está mucho más irascible y salta cada dos por tres. Además tenemos que cenar mucho antes porque si no se queda dormido durante la cena.

En general, le cuesta mucho más dormirse por la noche y se despierta más veces. Muchas de ellas pide “tetita”.

Y tiene muchas más rabietas porque antes cuando empezaba con una le poníamos el chupete y le calmaba. Ahora es mucho más complicado pasar página.

Claves para quitar el chupete sin traumas

Está claro que no tenemos la receta del éxito pero después de haberlo pasado podemos citar algunas cosas que ayudan:

  • No quitarlo de golpe. Mentalizar al niño y asegurarnos de que lo ha entendido. Nosotros elegimos la historia de los Reyes Magos pero otras personas eligen a la Ardilla Pilla, el Ratoncito Pérez, el Hada de los Chupetes…
  • Darle algo a cambio que le haga mucha ilusión a lo que puedas recurrir cuando reclame su desaparecido chupete. En nuestro caso fue la casa de Mickey Mouse.
  • No hacerlo coincidir con otros cambios importantes como quitar el pañal, cambiarle de la cuna a la cama, cambiarle de habitación, el comienzo de la guarde o el cole, la llegada de un nuevo hermanito…
  • Asegurarnos de que contamos con tiempo y grandes dosis de cariño y paciencia porque los necesitaremos.
  • No ceder y volvérselo a dar, porque perderíamos toda la credibilidad y la segunda vez sería mucho más complicado.
  • Reforzar su autoestima: repetirle mil veces que ya no lo necesita, que ya es mayor, que lo está haciendo muy bien.
  • Buscar un sustituto que le dé seguridad, como un dou dou o un contarle un cuento.

Aún así, creo que en nuestro caso, le traumatizó un poco. Todavía hay días que coge un paño, se lo pone como capa y dice: “Soy un Rey Mago. Traigo regalos. El tete, no”, como diciendo: “Traigo regalos pero no me llevaré tu chupete a cambio”.

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