y si tu mejor trabajador viviera en arkansas, seguro no controlarías tanto su presencia como su productividad
No hay mejor sitio que esta web para evidenciar que, aun llenándose la boca de muchas personas de la necesidad de conciliación, cuando ésta se presenta realmente todo son problemas: que si los niños no nos dejan trabajar, que si nadie entiende en casa que cuando estoy delante del ordenador no puedo bajar a hacer la compra, que si acabo trabajando más horas que antes…
Todos estos mitos sobre el teletrabajo, uno a uno, los iremos tumbando en este blog una vez al mes. Porque, para entender la conciliación, sólo nos falta una cosa: educación. En ningún colegio, instituto, universidad o escuela de negocios se imparte nada parecido a la realidad laboral en la que vivimos. Una vez más, nuestras necesidades van muy por delante de la formación. Y, como esto difícilmente cambiará a corto plazo, lo mejor es ir ‘ingiriendo’ píldoras de conocimiento por parte de aquellos que llevamos algunos años practicando el ensayo-error. En la vida real. No en conferencias de jefes que dicen una cosa y de puertas para adentro hacen otra completamente distinta.
Para empezar, y esto es lo más complicado, quien debe entender dónde estamos y cómo hacernos mejorar es el directivo. Éste puede decir que cree en los horarios flexibles o incluso en el teletrabajo, pero si nos manda a casa sin habernos enseñado a desenvolvernos en él fracasaremos. Y él (o ella. A veces son más implacables las mujeres, cuando curiosamente son las que luego más claman públicamente por este hecho) dirá que lo ha intentado pero que no funciona. Y vuelta a la oficina y a las ocho horas. Como si un niño fuera a marcar un gol por la escuadra cuando todavía nadie le ha enseñado a andar.

Primer mito: El control sobre los trabajadores

El gran problema reside en la necesidad, al menos en España, de tener ‘controlados’ a los trabajadores como si fueran súbditos. En el estigma de que ‘si no te veo es que no estás currando bien’. Al que, por cierto, han contribuido también los muchos ‘escaqueadores’ que hasta ahora se refugiaban en grandes empresas mientras otros acababan cargando con la mayoría de las tareas. Como esos compañeros de Universidad a los que nunca querías en tu grupo para presentar una ponencia porque sabías que acabarían no aportando nada más que excusas.
Y, sin embargo, casi todo lo hacemos hoy por ordenador. Un contable, un funcionario que no se encuentra cara al público, un periodista, un publicista, un diseñador, un escritor, un directivo de una multinacional, un profesor de enseñanza a distancia, un inversor, un psicólogo… Todos pueden (y muchos lo hacen) realizar su trabajo a distancia. Pero la mayoría, por esa falta de educación que citábamos, acaba pasando más horas que antes delante del ordenador por la culpabilidad del ‘que no digan que no estoy trabajando’.
Por eso concluimos este primer post con una pregunta: ¿qué harías si tu mejor trabajador viviera en Arkansas? Con total seguridad, ni controlarías sus horarios (con el cambio sería más difícil) ni te importaría cuándo lleva a sus hijos al colegio ni si sale a correr por la mañana o por la tarde. Le pedirías resultados y, si te los da, incluso presumirías de ellos.
Entonces: ¿por qué no dejas conciliar a la gente de tu alrededor?
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Un día decidí que no quería tener horarios ni soportar jefes bipolares... y así sigo hasta hoy. Desde hace más de 15 años asesoro a deportistas y empresas sobre cómo presentarse a los medios de manera noticiable. Narro eventos deportivos en Radio Marca. Y soy autor del libro 'Por qué no nos dejan trabajar desde casa?'. He visto crecer a mi hija de tres años. Y aun así me pagan y sobrevivo

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