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Cómo educamos

Llevamos ya unos días con la oficina a pie de playa y haciendo amiguitos. Es tiempo de playa o piscina, parques y familias reunidas.

Este tiempo o bien nos puede sacar de quicio o bien podemos aprovecharlo para reafirmarnos como padres y reforzar la relación con nuestros hijos, es decir, para reafirmarnos en cómo educamos.

Pero… ¿cómo educamos sin pantallas?

Gracias a las tablets, teléfonos móviles y demás dispositivos electrónicos nuestros hijos no están todo el tiempo delante de la tele, pero sí de una pantalla. En las horas de mucho calor no vamos a forzar la situación y salir a la calle con las olas de calor que hemos tenido. Pero, aprovechando que nuestros hijos no nos dejan dormir hasta tarde, o que somos proactivos y nos levantamos temprano para que nos cunda mas el día, aprovechemos para hacer cosas juntos sin pantallas de por medio.

Podemos hacer cosas en familia casi a cualquier hora del día, empezando por comer juntos hasta jugar a juegos de mesa, cantar… todo ello con sus ventajas más que inconvenientes, ya que podemos empezar a influir musicalmente en ellos para no estar obligados a poner continuamente los cantajuegos o las canciones de princesas. Si sois más de juegos de mesa, podéis empezar a jugar a ellos adaptándolos un poco para que no se frustren al intentar jugar.

Con estos momentos en familia, además de crear momentos especiales para ellos abrimos vías de comunicación. Más adelante, y cuando esos puentes de comunicación estén abiertos y sean de dos vías, la comunicación vendrá acompañada del respeto.

La comunicación y el respeto son las herramientas necesarias para poder dejar de lado los ultimátums y el estilo autoritario de paternidad y así ser conscientes de cómo los educamos y cómo resolvemos problemas y pataletas con ellos.

Nuestros hijos, da igual la edad que tengan, van a estar continuamente probándonos y viendo dónde están los límites. Forma parte de su crecimiento como personas. Debemos utilizar la trastada o enfado cuando educamos de modo que podamos enseñarles algo, recalcar algún comportamiento y guiarlos en vez de castigarlos.

Por ejemplo, podemos repetir lo que han dicho para mostrarles que les hemos escuchado y de esta manera influir para que empiecen a hacer lo mismo.

La empatía

La empatía en estos casos es muy importante, es una habilidad que necesitamos adquirir y que nos va a servir en muchas ocasiones. Además es bueno para que nuestros hijos puedan hablar de emociones sin juicios de valor y que comprendan las acciones de los demás sin juzgarles.

Estos juicios, que normalmente nos atraparon cuando éramos pequeños en la opinión de nuestros padres, dejarán de existir y nuestros hijos no perderán tanto tiempo en torturarse internamente para hacer las cosas mejor, si no que avanzarán, darán el paso y se convertirán en adultos más seguros de sí mismos.

Podemos empezar ayudándoles a cambiar el punto de vista de las cosas negativas aferrándonos a algún aspecto positivo que podamos encontrar. Así nos separaremos del sumidero de energía y nos convertiremos en unos “realistas optimistas” dándole la vuelta o por lo menos obteniendo algún aprendizaje como se suele decir siempre pero pocas veces se hace.

No regales los oídos de tu hijo

Para no enfrentarnos a más pataletas de las debidas, algo que se debe empezar a hacer desde el primer momento es dejar de regalar los oídos de nuestros hijos con cumplidos que realmente ni vienen ni van. Por ejemplo, decir cada dos por tres “qué listo eres” puede hacer que nuestro hijo, al enfrentarse a una tarea más “dura” o difícil de lo habitual, la deje ya que si es tan listo no se le debería resistir…

La explicación a este comportamiento es que el hecho de que no pueda completar la tarea le hace verse tonto y, como no quiere verse así, la deja de hacer. Esto es lo que no queremos que pase. Lo que sabemos que funciona es el esfuerzo y queremos que se esfuercen. El camino ideal para abordar esto es no premiar la habilidad innata, si no el camino y el esfuerzo hecho — “Has estudiado mucho y has hecho un examen muy bueno” — en lugar de —“¡Qué bueno eres en mates!”—.

Sé honesto con él o ella

La verdad es que educar es difícil. Solemos tener a los hijos entre algodones esperando que en otro momento o cuando sean adultos afronten las partes duras de esta vida, es decir, protegiéndolos de todo lo que los pueda hacer sentir mal y disney-ficando la vida. Esto traspasa las barreras de la niñez como por ejemplo las películas americanas en las que siempre, siempre, siempre, triunfan los buenos… Creo que los que educamos con los pies en la tierra debemos ser honestos y empezar a tratar a nuestros hijos como personas, dándole la importancia que tienen a sus problemas de la edad en la que estén y no evadir preguntas sobre temas difíciles.

Aún recuerdo unas vacaciones con mis padres en las que coincidimos con unos amigos suyos. Mis padres ya me habían explicado el significado de la frase —“hay ropa tendida” (expresión que se usaba para explicar que no se podía hablar de un tema porque hay niños delante)— y no pude más que echarme a reír cuando uno de ellos, que estaba hablando de algún otro amigo antes de continuar poniendo al día a mis padres, soltó un —“pero ahora no que hay ropa tendida”—.

Cada día que pasa nuestros hijos tienen acceso a mucha más información de la que hemos tenido nosotros nunca; por otro lado los telediarios y la televisión en general no para de escupirnos a la cara crueldades, injusticias y otras miserias. Hablas con sinceridad no significa hablar con otro adulto, debemos hablarles como niños o adolescentes que son, pero honestamente ya que con ello desarrollarán empatía, aprecio y aprenderán a manejar sus sentimientos.

Juguemos con ellos

Me gustaría terminar con uno de los momentos que más podemos disfrutar con ellos, saber cómo los educamos y conocerlos más: los momentos de juego, dejando de lado las pantallas, animándolos a que experimenten, enseñándoles, sacándoles de su rutina de juegos en la Play, el móvil, la tablet, etc.

Veraneamos en un playa de piedras en la que no se pueden hacer castillos. Vimos a un grupo de padres sacar pinturas para pintar piedras. Fue un momento especial para todos los niños que por allí rondaban, ese y los siguientes veranos. 

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Imagenes: Pixabay

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