Mi hijo está cerca de los 2 años. Siempre ha tenido carácter y no voy a negar que me gusta que lo tenga. Ahora mismo quiere hacer todo solo y cuando no le dejas o cuando no le sale como él espera se enfada.

También hay muchas cosas “divertidas” que quiere hacer y a veces hace, a las que tengo que decirle que no y eso también desemboca en diversas rabietas.

Las temidas rabietas… aquellas en la que en el curso de preparación al parto el matrón que impartía las clases nos dijo:

[pull_quote_center]Lo mejor que podéis hacer es no hacer caso, seguís andando, como si nada… Habrá muchas personas que os miren y los padres sabrán que estáis afrontando una de esas rabietas… ¡No cedáis![/pull_quote_center]

Bueno, en el momento de la rabieta pasas angustia, pero a la salida de clase se te olvida como buen prepadre primerizo. Aún así, desde aquel día, cada vez que oigo un grito o lloro de un niño, observo y tomo nota de cómo se desenvuelve el padre o madre en cuestión.

Con todas estas preocupaciones y sin encontrar un patrón fijo ni nada que me convenciese completamente cayó en mis manos “Disciplina sin lágrimas” de Daniel J. Siegel, al que se le conoce también por el libro “El cerebro del niño” y podéis encontrarlo en el siguiente enlace

En Disciplina sin lágrimas, Daniel Siegel pretende definir realmente lo que es la disciplina para que no sea nada arbitrario, orientar las medidas disciplinarias fijando conductas constructivas y coherentes, y sobre todo a conectar con el niño en el momento de la rabieta para que tanto los padres como los hijos saquen experiencias positivas de la situación. Si se puede también, salir sin lágrimas de la rabieta.

Según los autores, en esta guía encontrarás:

  • Estrategias para ayudar a los padres a identificar su propia filosofía disciplinaria y dominar los mejores métodos para transmitir las lecciones de conducta que intentan impartir
  • Aspectos del desarrollo del cerebro del niño y análisis de las medidas disciplinarias de conducta más adecuadas y constructivas para todas las edades y etapas
  • La manera de conectar con un niño con tranquilidad y afectuosidad –por extrema que sea su conducta–, fijando a la vez límites de conducta claros y coherentes.
  • Consejos para orientar al niño en su conducta a lo largo de las pataletas a fin de lograr percepción, empatía y reparación.
  • Veinte errores en relación con la disciplina que hasta los mejores padres cometen y cómo permanecer centrados en los principios de las técnicas disciplinarias y el estilo parental de «cerebro pleno».

Ahora os traduzco un poco estos puntos según lo que he entendido:

¿Qué es la disciplina?

Lo primero que nos dice el libro es que debemos saber es qué es la disciplina, es decir, no podemos hacer que nuestro hijo se comporte bien si no tenemos una definición o idea consistente sobre qué es la disciplina o el buen comportamiento (que queremos inculcarle).

La disciplina ha de ser proactiva, no reactiva. Con esto quiero decir, no debemos esperar a reaccionar cuando se produce un mal comportamiento, de modo que tampoco nos podemos quedar sólo en una reacción (en este caso castigo).

Debemos seguir “un plan” y saber cómo queremos reaccionar al mal comportamiento antes de que suceda para que sea una oportunidad de crecimiento para ambos.

Para que esto suceda y el peque lo vea de este modo, no tenemos que reaccionar de mala manera, si no que tenemos que ser capaces de pensar en qué es lo que necesitamos, qué vamos a decirle y hacia dónde queremos ir por mucho que nos cueste aplicar la acción disciplinaria y queramos castigar al niño directamente.

Cómo prevenir las lágrimas

Uno de los acrónimos que utiliza el libro es H.A.L.T. (dar el alto traducido). Por sus siglas en inglés, el significado es hambre, enfado, soledad y cansancio, que son al final las emociones principales que conducen a la pataleta cuando el niño explota.

[bctt tweet=”Hambre, enfado, soledad o cansancio son las causas principales de una pataleta”]

Lo que debemos hacer siempre que podamos es identificar cualquiera de estos cuatro jinetes del Apocalipsis antes de que el Apocalipsis suceda, de modo que podamos atajar el problema antes de herir sentimientos, sensibilidades y juguetes.

Si ya estás en el momento de la pataleta…

En el momento de la pataleta haz que se sienta cómodo, para de hablar tú y escúchale a él.

No minimices las causas del enfado y verbaliza lo que haces y sabes que le está sentando mal -“sé que estás enfadado porque te he quitado el bolígrafo con el que estabas pintando en la pared”- Ten en cuenta que él tiene problemas acordes a su edad, al igual que nosotros tenemos problemas acordes a la nuestra.

Cuando reaccionamos ante una pataleta de nuestro hijo o hija mediante causa-efecto o mejor dicho cabreo-castigo simplificamos las causas y hacemos que nuestro hijo no piense, mientras que si se racionaliza, se habla, se construye, empezaremos a hacer que él entienda y se responsabilice de lo que ha hecho.

La clave está en empezar un diálogo como por ejemplo “Dime qué es lo que ha pasado, ¿qué supones que va a pasar ahora?”

Ya sabemos qué es disciplina… Ahora aplícala

Una vez sabemos o tenemos en mente la definición consistente de disciplina, la aplicación debe ser consistente también.

Esta parte sí que la he leído en otros libros, no sólo en Disciplina sin lágrimas. Tener claro el por qué, qué y cómo, es decir, no aplicar castigos o premios arbitrarios, al contrario, aprovechar la oportunidad y utilizar la situación para congeniar preguntándole.

De este modo sus golpes o tirones del pantalón mientras tienes una llamada importante y el consiguiente grito o castigo, no sirva para preguntarnos: ¿Por qué me golpea? Para llamar mi atención. ¿Qué quiero enseñarle? A que pregunte, no golpee y a que tenga paciencia, ya que una vez cuelgue voy a atenderle. Y… ¿Cómo le enseño que se puede hacer de otro modo en vez de con golpes? Diciendo “por favor, papá”.

Antes de castigar, conecta.

En el momento en el que el peque se ha comportado mal, él ha estado en una situación emocional de vulnerabilidad o estado emocional que puede contener pánico, inseguridad, rabia o vergüenza. Es clave en este momento ponerse en su piel cambiando así de reactivo a receptivo.

[bctt tweet=”Es clave ponerse en la piel del niño cambiando así de reactivo a receptivo”]

Algo que puede ayudar aquí es el contacto físico nada más se produzca la trastada: ponernos a su altura y acariciar su espalda. No se aprende nada bajo el miedo.

[bctt tweet=”Los niños no aprenden nada bajo el miedo”]

Todo esto da pie a poder tener más conversaciones con ellos ya que posiblemente en algún momento o bien se nos escape algún signo de hambre, enfado, cansancio o soledad, o bien haya señales mucho más subjetivas y por lo tanto difíciles de captar.

Resumiendo…

Por último, el autor en Disciplina sin lágrimas nos muestra 8 conceptos simples dentro de otro acrónimo R.E.D.I.R.E.C.T. que responde a:

  • Reducir palabras
  • Aferrarse a emociones
  • Describir, no predicar
  • Involucra a tu hijo en la disciplina
  • Replantear un “no” en un “si” condicional
  • Reforzar lo positivo
  • Abordar la situación de forma creativa
  • Ayudar a entender a los niños que no son víctimas de fuerzas externas, es decir, son parte activa de sus vidas y sus propias situaciones.

Con esto último me quedo también para los adultos y es que muchas veces nadie conspira contra nosotros, sino que somos nosotros los que deberíamos tomar parte activa en nuestras vidas y tomar decisiones para acabar con esas rabietas.

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