Este testimonio forma parte del proyecto #políticoconcilia. Isabel María González, Responsable de Atención al Afiliado y Simpatizante en el Consejo de Dirección de UPyD, nos cuenta lo difícil que es conciliar la vida laboral, con la política. Y mucho más cuando eres madre. Su hija se convirtió en su apéndice. Hacerse autónoma le facilitó las cosas porque le permitía organizarse sus ritmos, aunque disminuyó notablemente su nivel de ingresos.

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Isabel María González Blanquero

Nacida en 1978

Responsable de Atención al Afiliado y Simpatizante en el Consejo de Dirección de UPyD

1 hija (2013)

@isaupdutrera

Me llamo Isabel María González Blanquero, nací en Sevilla y tengo 37 años. Empecé en política hace 8 años, cuando me afilié a Unión Progreso y Democracia; anteriormente jamás había militado en ningún partido.

Participar en  política activamente y trabajar para una empresa privada ya era algo complicado teniendo en cuenta que, por entonces, ocupaba un puesto de responsabilidad como Directora Financiera. No obstante, supe organizarme, no sin renunciar a muchas cosas y en 2011 decidí dar un paso más adelante en política: me presenté como candidata a la Alcaldía del municipio Sevillano de Utrera y, con el respaldo de un gran equipo humano, conseguimos representación institucional y me convertí en concejal del ayuntamiento.

Utrera es un municipio con unos 52.000 habitantes, tres pedanías y una E.L.A. (entidad local autónoma) por lo que su actividad municipal es muy intensa: comisiones, junta de portavoces, plenos, etc. FUE EL PRIMER HACHAZO A LA CONCILIACIÓN. La vida laboral en el sector privado y el desarrollo del trabajo institucional difícilmente se hacen compatibles, a pesar de que el Estatuto de los Trabajadores contempla los permisos para estas cuestiones (esa es la teoría, pero la práctica es otra), la empresa no entendía de permisos, ni retrasos, por lo que me vi en la necesidad de negociar con ellos la renuncia de la mitad de mi sueldo, por supuesto manteniendo el mismo nivel de responsabilidad y carga de trabajo y sin contar con ninguna liberación por parte del Ayuntamiento donde solo cobraba las asistencias a plenos y comisiones, lo que no suplía en absoluto la cantidad que había dejado de percibir de mi sueldo.

Llega el 29 de septiembre de 2013, la fecha que me cambió la vida para siempre, la fecha en la que nace mi niña, (la parte del embarazo voy a saltármela, porque verdaderamente no sé ni cómo pude con tanto. Sí, decir que estuve trabajando hasta el último mes de embarazo, que coincidió con otra campaña electoral y que, al ser cargo público y de un partido con pocos medios, no tenia por menos que apoyar a mis compañeros y participar en ella activamente. Se me ve en actos y en vídeos por Granada y otros lugares con una panza de casi 7 meses…). Sin duda, mereció la pena.

Pues llega Isabel a mi vida. Imaginad: ahora la conciliación no es sólo POLITICA/TRABAJO; ahora soy mamá, primero que nada mamá. ¿Cuáles fueron las primeras consecuencias?

Pues, y aunque lo cuente como una anécdota lo pasé muy mal, sufrí mucho estrés. Con tan sólo dos semanas de vida (Isabel que por entonces como cualquier bebé estaba en su período de lactancia) van y me convocan un pleno muy importante, un pleno al que si yo faltaba dejaba sin voz a los ciudadanos que habían confiado en mí para que les representara, ya que, al ser concejal única de mi Grupo Municipal, no tenía forma de ser sustituida, así que asistí, pero no fui sola, me vi con mi hija (y mi hermana, que se quedó con ella) allí en el pleno. Desde ese momento Isabel se convirtió en mi apéndice: me acompañaba a casi todos los sitios.

Recuerdo otra: “Nos convocaron a una junta de Portavoces a las 14:00 y a esa hora no podía dejarla con nadie así que me vi en la necesidad de  llevármela y de entrar con ella. Isabel ya empezaba a hablar, y el Alcalde que estaba bastante exaltado con un tema despertó su interés. De repente Isabel gritó y lo señaló con el dedo: tuvimos que reír…

Mi vida se complicó muchísimo. Apenas dormía por la noche y descansaba mal. Tenía que trabajar en la empresa y además preparar toda la actividad institucional municipal. Trabajaba las 24 horas del día, en cualquier sitio de casa; comía con papeles, cenaba con papeles y dormía con papeles. Pero no me importaba el esfuerzo: no quería renunciar ni a criar a mi hija ni tampoco a defender a mis vecinos e ideales, y al trabajo es que irremediablemente y simplemente no podía renunciar. Pero estaba claro que esta forma de vida no podía conducirme a nada bueno: mi salud se mermaba y eso no me lo podía permitir; tenía que estar al 100% por mi hija, por Isabel. Así que, después de meditarlo mucho, tomé una importante decisión: hacerme autónoma y llevar mi trabajo desde casa. Los ritmos los ponía yo y, aunque el menoscabo a mi economía era un hecho, me permitía continuar representando a los ciudadanos que habían depositado su confianza en UPyD, trabajar y, lo más importante, estar con mi hija.

Esta es la etapa  en la que no había un pleno en el que algún papel de los que sacaba no llevase una mancha… reuniones con mis clientes, con mi carro al lado o comisiones con bibes encima de la mesa; así fue pasando el tiempo.

He pasado por muchas situaciones desagradables, miradas muy feas, hasta comentarios de mal gusto como “dónde irá la loca esa con la niña”, pero lo he dicho bien, “HE PASADO” y he seguido para delante.

Llegó 2015, año con un comienzo durísimo: dos convocatorias de elecciones, con previsiones no muy buenas, por lo que  el esfuerzo debía ser aún mayor. Lo di todo, lo dimos todo, pero no conseguimos cambiar las cosas y dichas previsiones se impusieron. Un duro golpe en mi partido y en mi persona. ¡Con las elecciones municipales sufrí un desgaste tremendo! Sin presupuesto, sin perspectivas, todos  nuestros recursos estaban en el esfuerzo humano. Perdí cinco kilos, pero mi vida seguía: trabajo, casa, familia, te esperan. Ya sin ser concejal recuperé un poco de mi tiempo, pero no renuncié a seguir con mi activismo político. A pesar de aquello, y cómo pienso que las personas que pertenecemos a este gran proyecto político estamos hechos de una madera especial, continué en primera línea, asumí nuevos retos y responsabilidades, acompañando en las listas a las elecciones al Consejo de Dirección a Andrés Herzog en el Congreso Extraordinario que celebramos en julio, en el que salimos elegidos y donde soy responsable del Área de atención al Afiliado y Simpatizante a nivel nacional y, al mismo tiempo, casa, familia, trabajo…

Julio 2015: nuevamente una fecha importante en los cambios de mi vida. Después de tantos recortes sufridos en mi sueldo, tuve que pensar en qué hacer para buscar la realización de una actividad que me permitiese recuperar mi economía y poder compatibilizarla con mi reciente cargo en UPyD  y, lo más importante, que me permitiese ocuparme de mi niña, así que creé una empresa de construcción, concretamente de obra civil. La que va francamente bien, con una cartera de obras garantizada por dos años y una plantilla de entre 15-20 trabajadores de momento….

En la actualidad, y como soy mi propia “jefa”, me puedo permitir tener a mi hija conmigo, sin que nadie me pueda decir nada, atender las cosas urgentes del partido, y estar en activo laboralmente hablando. Tengo mucha responsabilidad, tengo mucho trabajo, más inseguridad, pero he ganado en libertad y en COMPATIBILIDAD.

En mi opinión, y para ir concluyendo, la conciliación difícilmente se puede lograr, a día de hoy, si no tienes un buen respaldo familiar y afortunadamente yo cuento con él.

Este es mi relato. Espero y deseo que os sirva, que ayude para concienciar de la importancia de la CONCILIACIÓN en una mujer que trabaje y ya ni digo que quiera participar en política porque se sienta firmemente comprometida en mejorar la sociedad.


Este testimonio es parte del proyecto #políticoconcilia. Si eres político o conoces a alguien que lo sea y quiera participar, invítale a hacerlo.

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1 COMENTARIO

  1. Me ha encantado tu historia, que conocía sólo un poquito. Ojalá hubiésemos más mujeres con la fortaleza y decisión tuya. Te deseo lo mejor, lo mereces.

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