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¿Qué pueden aprender los adultos de los niños?

La charla comienza con Adora Svitak cuando tenía 12 años preguntando a los espectadores en la sala (todos adultos) «¿Cuando fue la última vez que os dijeron que algo que hacéis es “infantil”?».

Realmente los adultos “discriminamos” las acciones o ideas de los niños por su edad, por prejuicios como la falta de conocimiento del mundo, o directamente, porque no son adultos.

Con este comportamiento nosotros (los adultos) hemos “conseguido” cosas como el imperialismo y la colonización y las guerras mundiales… Además, los rasgos a los que hace referencia la palabra “infantil” se dan frecuentemente en adultos, por lo que esta palabra no debería ser nunca asociada a la irresponsabilidad e irracionalidad argumenta Adora.

En los tiempos que corren quizá este tipo de pensamiento irracional sea el necesario: A lo largo de nuestras vidas vamos dejando de lado nuestros sueños y llega un momento en el que tenemos tantos prejuicios contra nosotros mismos y contra nuestros propios sueños que nos quedamos detrás de los “esto es imposible”, “esto va a costar mucho” o “ahora no es el momento” dejando marchitar esos sueños por nuestras propias limitaciones.

Los niños no tienen esas limitaciones. Ellos están llenos de sueños inspiradores y pensamientos esperanzadores aunque sean utópicos. Como dice Adora “para poder hacer algo realidad, primero debemos soñarlo”.

Imponer límites

Los niños pueden hacer que no existan limites y por lo tanto obligarnos a ingeniárnoslas para que esos limites no existan. Podemos extraer muchas ideas de lo que ellos aportan.

Sólo cuando uno no confía en alguien es cuando le pone limites, es decir, todas las prohibiciones existentes nacen de querer tener todo “bajo control”. En los casos más extremos, los regímenes se vuelven opresivos cuando se ponen paranoicos por tener todo bajo control.

La actitud hacia los niños es habitualmente la de poner limites: “No hagas esto”, “Cuidado con esto otro”, “no juegues con esto”… aunque en casa sea menor represivo, es normalmente el adulto quien pone limites a los niños. Pero ¿y si los escuchásemos a ellos?

Ellos nos prohibirían está enganchados al whatsapp o al teléfono móvil, pasar tantas horas en el trabajo, nos pondrían tareas obligatorias como por ejemplo jugar con ellos, contarles cuentos,… Nos obligarían a pasar más tiempo con ellos.

Lo peor de estas restricciones viene de subestimar las capacidades del niño. Adora, cuenta aquí cómo su madre le dio a los 6 años un portátil con un procesador de textos integrado. Escribió más de 300 cuentos e intentó publicarlos.

Sus padres, en vez de echarse atrás la apoyaron en todo el proceso encontrándose con casos irónicos como por ejemplo una editorial para niños que directamente le dijo que no trabajaba con niños.

Los niños de hoy serán los adultos de mañana

Adora termina la charla diciendo que debemos aspirar a que los niños de hoy sean no sólo los adultos del mañana, sino mejores adultos de lo que ahora somos. El mundo progresa porque nos volvemos mejores, las generaciones que vienen serán mejores que las actuales y esto hace que la sociedad avance.


Foto Pixabay.com

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