Como comenta en su último libro la psicóloga clínica Sherry Turkle, las tecnologías que tanto nos entretienen y sirven muchas veces para mantenernos en contacto sin interacción humana (como por ejemplo las páginas de Facebook, las conversaciones por WhatsApp o Telegram y demás apps o programas de mensajería instantánea y redes sociales) han diminuido nuestra capacidad de empatía y de auto-reflexión.

La disminución de la capacidad de empatía y la falta de interacción con otros seres humanos reales además nos están haciendo menos felices sin incluir que el tiempo en el que estamos mirando la pantalla de nuestro móvil (o smartphone) alrededor de otros seres queridos, amigos o familiares nos hace a veces parecer unos completos estúpidos.

En su libro “Reclaiming Conversation: The power of talk in a digital age”, la autora analiza cómo ha afectado la conexión continua a la que estamos sometidos a la relación con nuestros compañeros de trabajo, relaciones en la escuela e interacción en las comunidades a las que pertenecemos.

La vida familiar, la más afectada

Del análisis que hace, la vida familiar es la más perjudicada por la falta de conversación dentro de las propias familias, lo que impacta de forma directa y negativa en ellas. Y la culpa de esta falta de conversación, dice en el análisis, viene de los propios padres.

Las relaciones simuladas no pueden reemplazar las relaciones reales. Los niños no pueden aprender la complejidad de los sentimientos y emociones humanos de relaciones virtuales, ni siquiera de las películas como inside-out aunque reflejen muy bien las emociones primarias.  Necesitan a otras personas que respondan a su propia expresión de esos sentimientos y emociones mientras crecen. Esto es una de las cosas más valiosas que la gente le da a los niños mientras crecen, dice la autora.

Mediante las conversaciones, les enseñamos qué es y qué no es importante, desde un problema a una catástrofe, pero la falta de conversación hace que todo parezca urgente, con lo que al final, les transmitimos ese estrés que todos queremos quitarnos de encima.

Por otro lado, la tranquilidad, el tiempo a solas y el estar con uno mismo nos beneficia. Nuestra capacidad de concentración y el desarrollo de pensamientos más profundos es muy importante en nuestro desarrollo, y eso lo conseguimos con esa tranquilidad.

Menos conversaciones por WhatsApp y más tiempo de reflexión

La tecnología en general hace de objeto brillante que distrae a niños y mayores, que nunca tienen un tiempo muerto para reflexiones más allá de qué voy a preparar de comer para mañana. Esto a los niños les afecta de forma que no desarrollan su imaginación y les restamos tiempo en el desarrollo de sí mismo, de sus propios pensamientos y en definitiva de su persona.

Según el estudio, los niños que sí tienen tiempo para “aburrirse” y descubrirse se sienten más seguros y con un cierto “suelo” bajo ellos ya que dentro de ellos encuentran algo, se sienten valiosos. Los niños que siempre tienen algo externo para responder a estas preguntas o carencias suelen acumular ansiedad.

Papá, deja el móvil y hazme caso

Muchas veces estamos con nuestros hijos de una mano y colgados del móvil en la otra, es decir, estamos presentes pero no les estamos haciendo caso. Con esto les estamos dando a entender que son menos importantes que el móvil, dañando su autoestima, les estamos haciendo menos empáticos y con menor capacidad de crear y mantener relaciones. Es hora de relacionarnos menos mediante pantallas y volver a mirarnos a la cara mientras hablamos.


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Foto: wikipedia

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