Astronauta en misión espacial, la agencia espacial cuida de sus emociones

Nuestra hija nació el 15 de febrero. Aunque no fuera ese día, seguiría siendo la niña bonita.

Se abre una nueva etapa en nuestras vidas. Ya tenemos la parejita y todo parece indicar, que si alguien va a ir al hospital en un futuro por temas reproductivos… seré yo. Aquí termina nuestra contribución a la superpoblación del planeta.

En esta nueva etapa recuerdo mi primer post en mamiconcilia. En mi ficha personal figuraba como padre de 2 hijos… una de ellas pendiente de nacer cuatro meses después. Con el gafe que da eso para algunos.

Cuando tienes un hijo, también es un cambio en relación a la empresa en la que trabajas. En mi caso, las dos veces, he añadido 15 días de mis vacaciones a continuación de mi permiso de paternidad. No me han puesto ningún problema en la empresa, pero algo me dice que es poco habitual para ellos.

La llegada de un nuevo hijo puede hacer pensar a tu jefe que, gracias a esa circunstancia, te tiene más atado a la empresa porque tienes más cargas familiares. La visión moderna del mismo acontecimiento es aquella que ve tu paternidad como una oportunidad de enriquecimiento personal, que puede ser aprovechado por la empresa. Sobre todo si lo que hace falta es ilusión. Ese combustible vivo cuyos yacimientos son desconocidos.

Si existieran coches que funcionaran con ilusión, yo podría cargar una docena en diez minutos. Me siento feliz por tener una hija y ese estado de ánimo se expande a mi alrededor, incluyendo la redacción de este post.

A estas alturas del mismo he querido dibujar dos visiones empresariales diferentes: la obsoleta y la evidente. Esta segunda no he querido llamarla “nueva” aunque lo es en nuestro país.

Aprovechar, cuidar y alentar las fortalezas emocionales de un trabajador parece una estrategia válida para que dé lo mejor de sí mismo. Dar no es lo mismo que sacar. Otro matiz.

Y para terminar, una reflexión: el hecho de escribir en este blog, en este foro, está poniendo mi nombre al lado de gente tan “temeraria” como David Blay que dice que se puede hacer el trabajo en dos horas y media si dejamos de administrar biodramina a las perdices. También junto a Carlos, que pone el dedo en mi llaga al hablar de ser padre y directivo. Por no hablar de Usúe Madinaveitia, de la que puedo decir que es un ejemplo de sencillez a excepción de su apellido.

Cómo decía, qué futuro laboral me espera en un mañana en el que tenga que buscarme la vida lejos de mi puesto actual. Sin duda, lo primero que hará el responsable de recursos humanos interesado en mi Linkedin o CV será teclear mi nombre en Google. Y le saldrán palabras como estas. Sabrá de antemano que mi desgaste de silla está por debajo de la media de la península ibérica.

Es entonces cuando pienso en un punto de no retorno. En el que quiero alejarme para siempre de la forma de gestión empresarial obsoleta, para poner rumbo definitivo a la evidente.

Se llama Alma.

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Comenzó su vida laboral a los 17 años y su primer gran proyecto fue fundar una empresa que dirigió con gran éxito durante dos décadas. A partir de 2014 y tras el nacimiento de sus dos hijos, a los que considera lo más creativo que ha hecho nunca, se produce un despegue a nivel profesional y personal que le llevará a dar un giro de 180 grados a su vida. Hoy en día es un profesional de la escritura y de la oratoria con amplia experiencia en el mundo de la comedia y las charlas de motivación. Su penúltimo proyecto es volcar toda su experiencia como Coach Personal y Profesional, especializado en mejorar la comunicación de sus clientes con su entorno, comenzando por la que tienen con ellos mismos.

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