las otras familias

El viernes en la Feria del Libro nos cruzamos con dos chicas, muy abrazadas, en actitud clara de pareja; una de ellas en avanzado estado de gestación.

Me recordó cuando iba al parque con mi nieto y coincidíamos con un amiguito que algunos días estaba con sus dos mamás; el resto con una de las dos, no siempre la misma.

En la primera edición de #mamiconcilia hay varias madres que adoptaron a sus hijos cuando no tenían pareja.

En las sucesivas de #papiconcilia o de #miempresaconcilia tenemos ejemplos de padres solteros que adoptaron, o que utilizaron un vientre de alquiler; padres divorciados que añoran a sus hijos; o que han formado una nueva pareja y ahora los hijos de los matrimonios anteriores de los dos cónyuges conviven formando una familia numerosa y, seguramente, heterogénea.

Conocemos familias que han recurrido a la fecundación artificial ante la dificultad para tener hijos por la vía natural; familias en las que conviven hijos naturales y adoptados o parejas que deciden no tener hijos.

O parejas que conviven y tienen hijos y luego se casan…o no.

¿Quién nos iba a decir esto en nuestra ultracatólica España de hace cuarenta o cincuenta años, cuando cualquier cosa que se desviase de la familia, generalmente numerosa, tradicional era piedra de escándalo?

Ahora la familia ya no gira, o lo hace cada vez menos, en torno al matrimonio: según datos del INE el 43% de los hijos nacen fuera del matrimonio, cuatro puntos más que la media de la hasta hace poco mucho más liberal Europa.

Pasaron los tiempos en que un hijo nacido fuera del matrimonio era ilegítimo (o bastardo, o expósito, o cosas peores) y era despreciado o, mucho más grave, tenía menos derechos. Ahora legalmente no hay ninguna diferencia y, quiero pensar, socialmente tampoco.

La proporción de hijos nacidos fuera del matrimonio se ha disparado en España en los últimos años. Si en 1980 no llegaba al 4% y en 2000 se quedaban por debajo del 18%, en 2014 se situaron ya en el 42,7%.

La tasa de nupcialidad se desploma casi al mismo ritmo; desde el año 2000 ha caído casi un 40%. Por supuesto la caída es mucho más brusca si hablamos de matrimonios por la Iglesia. Desde la época del franquismo en la que podía decirse que casarse por la iglesia era casi obligatorio, llegamos a un momento en el que algo menos de un tercio de los matrimonios pasa por la vicaría.

Los matrimonios eran para toda la vida. Creo recordar que conocía a un chico cuyos padres estaban separados (por supuesto no divorciados, el divorcio no llega hasta la transición, con los últimos gobiernos de UCD). Sólo los muy ricos podían permitirse un largo proceso de anulación del matrimonio ante el Tribunal de La Rota.

La secularización de la sociedad ha avanzado muy deprisa en estos años. Esto ha llevado también a un aumento de las parejas de hecho que ya suponen cerca de un 15% de los hogares según un informe del Instituto de Política Familiar.

En paralelo crecen las familias monoparentales y disminuye el tamaño de la familia media.

Cuando yo era pequeño se alcanzaba la categoría de familia numerosa cuando se tenían cuatro hijos; luego estaban las familias numerosas de primera categoría, que tenían ocho o más…y mucho más allá las que ganaban los premios nacionales de natalidad. Mi amiga Marina Fragoso es la 17ª de una familia de 19 hermanos.

Ahora una familia con tres hijos no sólo es numerosa, también es bastante insólita.

Cuando a mediados de los ochenta se empezaron a instalar audímetros en los hogares españoles para medir la audiencia de televisión, el tamaño medio del hogar estaba próximo a las cuatro personas; ahora está muy cerca de dos y el número de hogares unipersonales es ya mayoritario en el panel. Eso hace más complicada la instalación del panel aunque quizá evita confusiones en la atribución de la audiencia.

Claro que lo importante no es si los padres son un hombre y una mujer o no, o si están casados o no. Lo importante, creo, es que la relación entre los padres y los hijos sea buena, que haya amor entre ellos.

Y seguramente habrá más amor, o al menos tanto, de unos padres que han vivido un largo proceso de adopción o que han experimentado varios procesos de fecundación e implantación de óvulos para conseguir su bebé que cuando se trata de un niño no deseado, nacido en un matrimonio tradicional.

La sociedad evoluciona muy rápido. Los tipos de familia también. Lo importante es que en esas familias fluya el amor.


Imagen: pixabay.com

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